Williams Ramírez / Periódico Bolivia

Mirar películas bolivianas desde la comodidad de su hogar es posible gracias a la plataforma  https://www.boliviacine.com/, que es parecida al popular servicio de streaming Netflix, pero con producción nacional.

Las icónicas películas Mi Socio, Los Hermanos Cartagena y El Atraco, del director Paolo Agazzi; Jonás y la Ballena Rosada y American Visa, de Juan Carlos Valdivia; Quien mató a la llamita blanca, de Rodrigo Bellot, El Viejo Calavera (Dark Skull), de Kiro Russo o Las Malcogidas, de  Dennise Arancibia, son algunos de los títulos que se pueden encontrar en la página.

Cortometrajes como Birlochas, de Luis Borda, y Armas de Casa, de Zenobia Machicado, o largometrajes y documentales también están disponibles, además de una sección de cine latinoamericano.

Hace aproximadamente dos años, Ariel Soto y Álvaro Olmos, ambos cineastas, idearon crear una plataforma parecida a Netflix pero con un tinte boliviano.

“Otros países ya contaban con una plataforma con sus películas nacionales y películas latinoamericanas”, señala Soto.

Durante más de un año, el dúo de visionarios trabajó en la plataforma para crear la comunidad perfecta y que los directores de las películas puedan ceder sus derechos.

Las condiciones precarias del cine en la época de los 80.

El 21 de marzo, Día del Cine Boliviano, nació el servicio Bolivia Cine para mostrar al mundo la producción nacional en los formatos de ficción, documental y cortometraje que están disponibles para cualquier persona en el planeta.

Hoy son 80 largometrajes, entre documentales y ficción, y desde hace algunos meses alrededor de 12 películas latinoamericanas que seguirán creciendo en número, ya que se lograron alianzas estratégicas con distribuidoras de películas de países vecinos. Además la plataforma ofrece 20 cortometrajes.

El orgullo del cine nacional se muestra en Bolivia Cine, varias películas laureadas en festivales internacionales se pueden alquilar o comprar en la plataforma.

La hermenéutica es muy sencilla. Del variado catálogo de la página web, se escoge lo más representativo del cine nacional, una o más obras para alquilarlas o comprarlas. Para ingresar al sitio, el consumidor debe crear una contraseña y un usuario, a partir de eso todo es más sencillo.

El costo del alquiler varía entre 10 a 25 bolivianos y la compra desde los 20 hasta 40 bolivianos. Para cualquier opción se requiere una tarjeta de débito o crédito habilitada que facilita la compra en línea.

El alquiler tiene una validez de 48 horas, en las que el usuario puede ver la película en línea las veces que considere conveniente. Si el usuario desea comprar, el monto se incrementa hasta los 40 bolivianos y la película se puede ver en línea por tiempo indefinido a través del celular, computadora o tableta, mediante una conexión de internet. 

También existe una página en Facebook  con soporte técnico para hacer la compra y luego disfrutar de la película, documental o corto favorito en calidad HD o SD, dependiendo del año de la grabación de la película seleccionada.

“Somos la primera plataforma que tiene a las películas más representativas que obtuvieron galardones en sus estrenos y de alguna forma un intermediario para que los productores obtengan recursos (por el alquiler y compra) de las películas”, explicó Soto.

El concepto de streaming se refiere a cualquier contenido de medios, ya sea en vivo o grabado, que se puede disfrutar en computadoras y aparatos móviles a través de internet y en tiempo real. Los fondos que recauda Bolivia Cine son repartidos en un porcentaje a los directores nacionales que cedieron los derechos de reproducción.

El día del Cine Boliviano 

Hoy se conmemora el día del cine boliviano, todas las salas de cine y los medios televisivos deben emitir una película nacional dando curso al Decreto Supremo Nº 29067, promulgado en septiembre de 2007 por el presidente Evo Morales, que determina el Día del Cine Nacional como un justo reconocimiento al gran aporte que hizo el sacerdote jesuita Luis Espinal Camps, asesinado en esta fecha.

Según el director general ejecutivo de la Agencia del Desarrollo del Cine y Audiovisual Bolivianos (Adecine), Germán Monje, en necesario que el país tenga su propia producción. Ésta es una de las razones por las que  Bolivia Cine —un proyecto privado que fue impulsado con el Programa de Intervenciones Urbanas (PIU) en 2019— coadyuve a la exhibición de películas nacionales.

El 2020 fue un año negro para el cine boliviano por la pandemia y las malas decisiones de un gobierno de facto que terminó de sepultar el acervo cultural de este sector, ya que canceló el Fondo de Financiamiento de Fomento al Cine. La política no le hizo nada bien al sector, porque la convocatoria y un trabajo de años se paralizaron abruptamente.

Hoy el Adecine se reconstruye con esfuerzo y un presupuesto mermado, pero con ganas de ayudar al sector.

Los cineastas afectados por la pandemia estarán en tres conversatorios sobre Fondos Concursables y su impacto en la Industria, Cine Indígena en Latinoamérica y La Mujer en la industria Cinematográfica.

La ley 1134

El 20 de diciembre de 2018, en la gestión del presidente Evo Morales, se promulgó la Ley 1134 del Cine y Arte Audiovisual Bolivianos, que tiene el objetivo de establecer políticas, instrumentos y mecanismos de acción para contribuir a fomentar, desarrollar, proteger y promocionar la actividad cinematográfica y arte audiovisual bolivianos, en sus diversas formas de producción, distribución y consumo, contribuyendo a una cultura audiovisual soberana.

Durante casi un año la reglamentación cursó diversos filtros, pasó por el Ministerio de Economía, la Aduana e Impuestos Nacionales, que efectuaron algunas observaciones que fueron subsanadas, pero luego de la crisis política de noviembre de 2019 la nueva administración de gobierno cerró el Ministerio de Culturas y dejó en el limbo la reglamentación. En la actualidad está archivada en la Unidad de Análisis de Políticas Sociales y Económicas (Udape).

En la gestión del gobierno de Luis Arce se restituyó la cartera de Culturas y se retomó el trabajo de reglamentación. Según  Monje, se verificaron avances y está a un paso de socializarse con el sector cinematográfico y empresarial para llegar a un acuerdo. Se estima que en dos semanas el documento será enviado al Ministerio de Culturas para su revisión final y posterior emisión como  decreto.

Una vez se promulgue la norma, en aproximadamente dos meses, comenzará la implementación de la Ley del Cine en sus cuatro componentes principales: las licencias, el registro y las certificaciones; el fondo de fomento; la tasa de transferencia y la cuota de pantalla, esta última que debe ser consensuada entre la Cámara de Empresarios, los cineastas y el Adecine, ya que el reglamento establece un porcentaje por películas bolivianas que deben exhibirse en las salas de cine.

La tasa de transferencia es un incentivo que pagan el distribuidor y el exhibidor al Adecine por distribuir películas internacionales. Con este dinero se creará el Fondo para el Fomento del Cine Boliviano, como se lo hace en otros países, entre ellos Argentina, Chile y Colombia por citar algunos ejemplos.

Aunque aún no se cuenta con esos fondos, existen las intervenciones urbanas creadas con la Ley 1099, que tiene el objetivo de modificar y establecer las condiciones y destino de los recursos que recauda la Autoridad de Regulación y Fiscalización de Telecomunicaciones y Transportes (ATT) en el sector de telecomunicaciones.  Además usa recursos no ejecutados del Ministerio de Obras Públicas, que son transferidos al Programa de Intervenciones Urbanas (PIU) para crear programas socioculturales de apoyo social. Con ese dinero, el Adecine proyectó los fondos concursables bajo la normativa de la Ley 1099.

“Una vez que se desarrollan los conflictos sociales y el golpe de Estado, con el gobierno de transición se emite el Decreto Supremo 4118, que elimina el PIU y el convenio de financiamiento”, explicó Monje.

Se buscó respaldo en el Ministerio de Educación, pero las nuevas autoridades no sabían del proyecto. El 31 de diciembre de ese año, los recursos fueron revertidos al TGE, por lo tanto el Adecine no puede operar ni usar los recursos por falta de la normativa.

El cine boliviano de 1800 a 1907

En 1897, el Teatro Municipal de la ciudad de La Paz, que luego se convirtió en la principal sala de la etapa del cine mudo, proyectó su primera película. Existen relatos de la llegada a Bolivia de proyecciones en cinematógrafos traídos desde Chile y Perú, y de la visita de A. Jobler y Jorge de Nissolz, representantes de la Casa Lumière.

Las primeras filmaciones en Bolivia se realizaron a principios del siglo XX. La primera película boliviana conocida es Retrato de Personajes Históricos y de Actualidad y data de 1904, realizada por la compañía Marine & Monterrey y fue presentada el 15 de agosto de ese año. La cinta mostraba la trasmisión de mando del presidente saliente José Manuel Pando al presidente Ismael Montes, posesionado pocos días antes, el 6 de agosto de 1904. También podía verse a otras autoridades de gobierno y personalidades de la época.

De ese año data también la referencia más antigua en la prensa local dedicada al cine en Bolivia, el 20 de noviembre de 1904, El Comercio publica en la columna de sociales: Cinematógrafo D. Luis Palacios S. establecerá en breve una exposición de estas vistas. El aparato con que cuenta es modernísimo, de modo que será un espectáculo digno de verse. En 1905 llega a Bolivia el biografonota París del empresario Enrique Casajuana.

En junio de 1906 el biógrafo Iris recorría desde Antofagasta hasta La Paz, mostrando imágenes de la guerra ruso-japonesa, de Don Quijote de la Mancha, presidentes y otros personajes ilustres de Bolivia. Las primeras vistas cinematográficas se prestaron en el Teatro Municipal de la ciudad de La Paz. De ese año se conocen también otras vistas realizadas en Bolivia, como Paseo del Prado el día de Todos Santos del biógrafo Valenti.

En 1907, el biógrafo Olimpo filma y exhibe el documental La instalación del Congreso Nacional. 

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