Los productores de coca de Yungas de La Paz han presentado una propuesta para que la venta del producto en el país sea hecha aplicando todas las seguridades de biodiversidad que corresponde en este momento.

Se trata de un comercio legal, de un producto totalmente legal, que se vende en todo el país e incluso e países vecinos.

La coca de Yungas es diferente al de la coca de Chapare debido a razones de comercialización. Ocurre que toda la coca de Yungas tiene como destino el hábito de los ciudadanos de consumirla con ritos propios, muy difundidos en el país.

Los productores de coca de Yungas han repetido que ellos pueden ofrecer toda la información necesaria sobre el comercio de la hoja. Y están tan seguros de ello que ahora proponen aplicar todas las seguridades de biodiversidad adoptadas para combatir al virus chino.

Con los cocaleros de Chapare no ocurre lo mismo, pues la coca que ellos producen tiene como destino, en 94%, los laboratorios donde se produce la droga. El porcentaje es mencionado por las propias Naciones Unidas.

Las seguridades de biodiversidad que sugieren los yungueños tienen que ver con la higiene que se debe respetar en el manejo de la hoja a fin de que no se convierta en un vehículo que lleve el virus chino por todo el territorio.

Quien recibe un poco de coca sabe que debe usarla para los diferentes ritos, pero cuando se trata de masticarla parece imperativo lavarla, porque ha estado yendo de mano en mano.

Las seguridades de biodiversidad deberán impedir que el virus viaje en las manos de los consumidores y de esa manera la pandemia se extienda, con su secuela de enfermedad y muerte.

El mercado de la hoja de Yungas es bien conocido en La Paz. Desde El Alto la hoja viaja a todo el país e incluso al exterior, pero los consumidores podrían requerir medidas de protección para evitar errores que terminen perjudicando a la gente.

Lo que está haciendo falta es que los cocaleros de Chapare hagan una demostración del destino que tiene su producto, una medida para la cual la ONU ha hecho conocer su predisposición a ayudar.

Quizá valga la pena ahora aprovechar esta circunstancia para elaborar un censo de los vendedores de hoja y luego establecer con criterio científico cuántas personas tienen el hábito de masticar coca.

Eso llevaría a determinar cuántas hectáreas de coca hacen falta para atender la demanda, que es lo que había sugerido la ONU al gobierno del cocalero pero no fue tomada en cuenta.

Esta podría ser la oportunidad para saber cuántos son los bolivianos que consumen hoja de coca, y de esa manera determinar cuánta extensión de terreno se debe dedicar a esta hoja que es la materia prima de la droga más difundida en el mundo.