Cocaleros armados atacaron en mayo a una patrulla de Umopar en Chapare y esta semana grupos de motoqueros hicieron lo mismo en Yapacaní, mostrando que el narcotráfico ha decidido pasar a la guerra frontal contra el Estado boliviano.

Se trata de un verdadero ejército que opera en varios lugares del país pero especialmente en Chapare y las regiomes aledañas, como Yapacaní y los parques Amboró y Choré, donde los cocales se han extendido apoyados por la estrategia de las seis federaciones y su jefe, ahora prófugo.

Es la primera vez desde los hechos de principios de siglo que las fuerzas del narcotráfico muestran actitudes dirigidas al control armado de los territorios donde operan, lo que es un desafío para las instituciones armadas del país.

En otros países, como Colombia y Perú, además de México, los narcotraficantes están avanzados en el control de territorios, donde ejercen soberanía ajena a los Estados, pero en Bolivia no se había dado eso, hasta ahora.

Es probable que después de los hechos de Yapacaní, donde tanto fuerzas de la policía como del ejército fueron atacados por los grupos armados de la droga, el alto mando de las FFAA esté debatiendo acerca de lo que deberá hacer.

Los militares no pueden permitir que grupos armados pretendan controlar segmentos del territorio nacional. La misión primordial del ejército es defender la soberanía ante cualquier peligro extranjero.

Hasta ahora, desde que existe Bolivia, el territorio nacional ha sido amenazado por fuerzas extranjeras, por ejércitos de países vecinos, pero nunca la soberanía nacional había sido puesta en jaque por fuerzas económicas  internas.

Los territorios que los vecinos disputaron a Bolivia estaban en la periferia y esta es la única posibilidad en que se presenta une fuerza extranjera decidida a quedarse con una parte del etrritorio nacional, casualnente en el centro del país.

En 1967 una fuera armada irregular, llegada del extranjero, se propuso iniciar una guerrilla para que en Bolivia se diera el caso de “territorios liberados”, pero el ejército se ocupó de derrotar primero y luego expulsar del territorio nacional a quienes habían intentado quedarse con un pedazo de la soberanía de Bolivia.

Es probable que los miembros de estos grupos armados irregulares hubieran calculado dar este golpe cuando el país entero está enfrentado a una amenaza mayor.

Los invasores deberán saber muy bien que los bolivianos no están decididos a ceder parte del territorio. Y menos a una fuerza conformada por grupos irregulares de un ejército transnacional aliado de un partido boliviano.

Para los bolivianos, la soberanía está primero y eso lo tienen que saber los cocaleros, los narcotraficantes y los ejército de potencias extranjeras.