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Reynaldo J. González

Como corazón de América, Cochabamba irradia una riqueza cultural  de identidad propia que ha sabido ganarse importantes espacios a escala nacional.

En el campo de las letras, son dos los nombres fundacionales de la literatura cochabambina (y boliviana en general): Nataniel Aguirre y Adela Zamudio —en palabras de las estudiosas Blanca Wiethüchter y Alba María Paz Soldán—, por fundar imaginarios de las ciudades mestizas sobre los que se construyó la identidad mestiza de la nacionalidad boliviana. Otros clásicos cochabambinos serán Javier del Granado, Augusto Guzmán, Jesús Lara,  Marcelo Quiroga Santa Cruz, Roberto Echazú, Edmundo Camargo y Eduardo Mitre. En cuanto a producción contemporánea, del valle irradian las letras de escritores de incuestionable  importancia nacional, como Ramón Rocha Monroy, Edmundo Paz Soldán, Gonzalo Lema,  Rodrigo Hasbún,  Eduardo Scott Moreno y, en estudios literarios, Adolfo Cáceres Romero.

De importante producción escrita en los ámbitos reflexivos y de las humanidades son los cochabambinos Sergio Almaraz Paz, José Antonio Arze, Mariano Baptista Caserta, Augusto Guzmán, Carlos Montenegro, Silvia Rivera y Álvaro García Linera. 

En plástica, Cochabamba es la primera ciudad del país en cuanto a producción académica, especialmente en los campos del paisajismo, el bodegón y la pintura de género. A los grandes maestros iniciadores de una tradición depurada en pintura como Gildaro Anteza , Raúl G. Prada, José García Mesa, Emiliano Luján y Jorge de la Reza,  se suman desde hace varios años maestros como Fernando Rodríguez, Zenón Sansuste, Remy Daza, Fernando Montes Colque, Víctor Hugo Antezana, José Rodríguez  y  talentos nuevos como Samuel Mayta, Gabriela Pimentel, Karina Lara, Gimber Gutiérrez y, en escultura, los destacados hermanos Édgar y Juan García. Cabe señalar en esta materia que la ciudad valluna es sede del segundo certamen artístico de mayor trascendencia y tradición en el país: El Salón 14 de Septiembre. 

El cine es una de las manifestaciones privilegiadas de la ciudad de la Coronilla, a partir de la labor del joven realizador Martín Boulocq, en colaboración con el literato Rodrigo Hasbún, en tres películas clave de la cinematografía boliviana contemporánea: Lo más bonito de mis mejores años, Los viejos y Eugenia. En el campo de la crítica de cine, son notables los trabajos de Sergio de la Zerda, Andrés Laguna y Santiago Espinoza.

En cuanto a las manifestaciones musicales y folklóricas, los valles bolivianos son una de las principales regiones generadoras de artistas de trascendencia nacional e internacional. De Cochabamba es la cada vez más popular danza y ritmo del salay, la cueca cochabambina y el huayño. De esta región también provienen artistas emblemáticos del folklore contemporáneo, como Los Kjarkas, Proyección, Grupo Semilla, Tupay, Ch’ila Jatun y María Juana. Al respecto, Aiquile acoge cada año la Feria y Festival Internacional del Charango, que ya superó sus 34 versiones con los mejores músicos de todo el país.

En cuanto a música culta se refiere, la Llajta no se queda atrás, pues es sede del Instituto de Formación Integral Eduardo Laredo, que irradia músicos a toda Bolivia. Al respecto, no debe olvidarse tampoco que la población cochabambina de Totora alberga el Festival Nacional de Piano “Festipiano”,  que cada año reúne a cientos de intérpretes del instrumento melódico.

Cochabamba también es sede de la tercera fiesta religiosa-folklórica en importancia en el país: la Entrada en Urkupiña, que se desarrolla en la ciudad de Quillacollo y en la que participan más de 70 fraternidades provenientes de toda Bolivia, y una asistencia estimada entre el millón y millón y medio de espectadores. Los carnavales de la ciudad de Cochabamba también son una muestra del colorido de la región en la adopción plena de danzas populares, como el caporal, y la realización de fiestas muy propias como el Corso de Corsos, en el que miles de jóvenes muestran su creatividad.

En cuanto a turismo, la Llajta presenta una variada oferta gracias a su privilegiada ubicación geográfica, colindante tanto con las alturas andinas como con la Amazonia oriental. Los visitantes nacionales y extranjeros se maravillan con la belleza arquitectónica y paisajística de poblados como Tarata, Totora, Punata, Vacas y Arani, dueños de notables edificios de pintorescas fachadas coloniales y republicanas, y con la belleza y diversidad natural de regiones ricas en flora y fauna, como el Chapare, el Parque Tunari, el Parque Isiboro-Securé y el Parque Carrasco.

No obstante, un ámbito en el que Cochabamba no acepta competencia es en su riqueza gastronómica, representada por una amplia variedad de platos típicos de la región y otros adoptados como propios. El chicharrón, el pique macho, el silpancho y el trancapecho son platos considerados propios de la región, los que conviven con otras delicias posibles gracias a la variada producción agrícola de los valles. Este punto quedaría incompleto sin mencionar la chicha, bebida característica de la región.