Espejo

Luis Mérida Coímbra
Poeta y cineasta

En principio: la visión del espejo no es real, es solo conductor de lo real imaginado: transposición. Hace que lo maniqueo se confunda y se proyecte en llama poética del sentido: elevación, profundidad, caída. El espejo es alegoría, signo esencial, imagen resplandeciente, acción solícita, amplificador psíquico, “…los espejos son la verdad de los filósofos, no son la realidad demostrada, sino interpretada”.

La vida vivificante es un estado alterno a través del espejo; comprendemos que el sueño es realidad; demostrándonos que el amor produce imágenes y que la vida es un porvenir transfigurado en la refracción lumínica; una conciencia, un espacio infinito, una contemplación que rebasa lo real, un poema que traduce lo cruel y lo amoroso. A través del espejo, la belleza es inmóvil y muda; la claridad es niebla o parnaso de la lucidez. Con melancolía, la vida se ha convertido en testimonio del espejo para el trashumante o sedentario habitante, perpetúa el tiempo, el ser se observa en un cristal fiel a sí mismo, permitiendo encontrar el infinito de su imaginario. Un espejo que se contempla en otro espejo, encuentra el secreto prohibido, el instinto análogo, la equivalencia al horror, la voluntad de vivir y morir. La eternidad repetida en el infinito  inmortal.

Los espejos nos despiertan ideas dormidas, sentimientos olvidados, actos vividos en la otredad.  Los espejos alaban al silencio, hacen que el espacio nazca, que las sombras penen, que desaparezca el sollozo y estallé la risa o el llanto; en el espejo el ser se disipa y olvida su apariencia. Un espejo roto augura 7 años de mala suerte.

El espejo con seres concretos, pasionales, con antiguas ternuras, con elementales deseos, estados ambivalentes, sexualidad pérfida, esperanza dulce, aureolas lumínicas; en el espejo también vive y convive el vil metal, los miserables embaucadores, los cogoteros ambulantes, los enamorados despechados, las alegrías rotas, los sinsentidos, la soledad, la muerte, el alcoholismo, la vagancia, los callejeros de toda estirpe, y,  el espejo, nos presenta con  imaginación dinámica, nos destila ironía, nos da valor, a buenas cuentas sabiduría, maldad.

El cruel, horrendo y pérfido espejo sintetiza la luz; es la imagen que se hace metáfora verbal, viviente peregrina del ver, mirar, palpar, vivir. Espejito, espejito, ¿quién es la más bella?…

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