Por: Mahmoud Elalwani /

El 24 de octubre de 1945 entró en vigor la Carta de las Naciones Unidas que dio lugar al nacimiento de la Organización de Naciones Unidas, cuyo principal objetivo es lograr la paz, la seguridad, la estabilidad y los derechos humanos en todas las partes del mundo, para que nunca más existieran guerras mundiales. A pesar de la participación de varios países del mundo en la obtención de la membresía en las Naciones Unidas, donde ser miembro se considera de gran importancia, hasta el momento no ha logrado imponerse de manera integral en la consecución de las metas deseadas por los pueblos que se encontraban bajo el dominio del colonialismo y la ocupación.

La causa palestina nació en la cuna de las Naciones Unidas, un 29 de noviembre de 1947 cuando se aprobó la resolución 181 que divide el territorio palestino en dos estados, otorgando el 54% del territorio para el nacimiento del Estado de Israel y el 44% del territorio para el Estado Palestino, siendo el 2% restante para el área de Jerusalén, cuidad abierta bajo el control de las Naciones Unidas.

La primera celebración del Día Mundial de las Naciones Unidas fue en 1948; el 15 de mayo de ese mismo año Israel ocupó el 78% del territorio palestino, masacrando a familias palestinas enteras y expulsando al exilio por la fuerza militar a la mitad del pueblo palestino. Desde entonces se considera esta fecha, el 15 de mayo, como la fecha de la catástrofe palestina: LA NAKBA.

Han pasado 76 años desde la fundación de las Naciones Unidas y hasta el momento no han podido implementar ninguna de sus resoluciones para poner fin al sufrimiento del pueblo palestino y para acabar con la ocupación militar racista del ejército israelí y de sus colonos, que practican guerras militares, asesinatos, masacres, arrestos, confiscación de tierras y voladura de viviendas. Más de 72 años de ocupación, injusticia y opresión sin imponer sanciones ni exigir la rendición de cuentas a “Israel”.

En la última reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas el extremista primer ministro israelí, Bennett, ignoró intencionadamente la causa palestina, no mencionó la Palestina ocupada, ni a su pueblo, ni sus justos y legítimos derechos nacionales, con la intención de eliminar de la agenda de las Naciones Unidas y de la Comunidad Internacional la causa palestina, la existencia del pueblo palestino y su tema central. Bennett ha declarado en más de una ocasión que “no existe ni habrá ningún proceso político con los palestinos” y aseguró que su Gobierno se opone firmemente al establecimiento de un estado palestino.

Estas declaraciones del colono Bennett son inaceptables y constituyen una flagrante violación de las leyes internacionales y de la legitimidad internacional.

Estas posiciones y comportamientos demuestran a la comunidad internacional una vez más la ausencia de un socio de paz israelí. Confirman que Israel es un estado de apartheid, fascista y racista que merece la imposición de sanciones internacionales.

Nuestra justa causa nacional atraviesa una etapa muy delicada, quizás la más difícil en nuestra historia de lucha. No es razonable ni aceptable que la ocupación permanezca sobre nuestro pueblo para siempre y no es razonable que nosotros mantengamos nuestro compromiso con los acuerdos y que Israel no los cumpla.

Las autoridades de ocupación israelíes persisten en su política colonial y racista, han lanzado una agresión sistemática para cambiar el estatus histórico de la ciudad de Jerusalén, nuestra capital eterna, para borrar su identidad. Esta brutal ocupación también continúa con sus políticas de asentamientos para ahogar las oportunidades restantes de encarnar la independencia de nuestro estado palestino, para perpetuar la política de apartheid y el injusto sitio a la Franja de Gaza en flagrante desafío a las resoluciones y leyes legales internacionales.

Hemos aceptado y estamos comprometidos a implementar peticiones de la Comunidad Internacional en el marco de la búsqueda de soluciones justas para lograr una paz justa y duradera y poner fin a la ocupación de la tierra del Estado de Palestina para que desaparece la violencia para siempre de la región.

Han pasado 73 años de la Nakba y 54 años de la agresión y ocupación de 1967. Después de la anexión, del racismo israelíes y del continuo socavamiento de la solución de dos Estados, ha llegado el momento de que la comunidad internacional cambie el camino, pasando de declaraciones de condena de las violaciones israelíes a medidas efectivas como la imposición de mecanismos de protección internacional a nuestro pueblo, la convocatoria de una conferencia internacional de paz bajo el patrocinio del Cuarteto Internacional (ONU, Unión Europea, EEUU y Rusia) con una agenda acotada en el tiempo, que no supere el año para poner fin a la ocupación, con el derecho del miembro pleno al Estado de Palestina en las NNUU y el bloqueo a la venta de armas a Israel que matan a niños e inocentes, así como con otras medidas prácticas.

Nuestro pueblo creyó y cree en una paz justa y duradera que garantice el establecimiento del Estado de Palestina, que proteja el derecho sagrado al retorno de nuestro pueblo de los campamentos de la diáspora y que ampare a aquellos que pagaron un alto precio debido a la ocupación. Seguiremos adhiriéndonos al derecho que permite a los refugiados recuperar sus bienes y compensar los daños sufridos durante todo este tiempo, de acuerdo con las resoluciones de legitimidad internacional, entre las que destaca la Resolución 194 de la Asamblea General de las NNUU.

El camino hacia la paz es claro, el reconocimiento de los derechos de nuestro pueblo palestino y el trabajo para lograr la estabilidad y la seguridad para todos los pueblos de la región mediante el logro de una paz justa y duradera basada en resoluciones de legitimidad internacional. La política de fuerza, arrogancia y acoso no logrará la estabilidad ni la seguridad para el gobierno ocupante de Israel. Debe ponerse fin a la tragedia del pueblo palestino, acabar con la persecución, la injusticia y la negación de los derechos nacionales, legítimos e internacionalmente reconocidos de nuestro pueblo: la autodeterminación y el establecimiento de su estado independiente soberano y viable en las fronteras del 4 de junio de 1967 con su capital Jerusalén Oriental, tal como dicta el Derecho Internacional y las Resoluciones del Consejo de Seguridad y los acuerdos firmados entre los dos partes, palestinos e israelíes. (Mahmoud Elalwani, Embajador del Estado de Palestina en Bolivia)

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