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Homero Carvalho Oliva*

El hermoso título de este artículo corresponde al libro del mismo nombre, escrito por el indígena cavineño Alfredo Tabo Amapo, que ha sido definido como “una autoetnografía y etnohistoria de la Amazonía boliviana”. Es un libro en el que, a manera de una autobiografía plural, Tabo nos cuenta la historia de su pueblo, una etnia a la que le quedan poco menos de 2.000 personas distribuidas en 33 comunidades, asentadas en los departamentos de Beni y Pando.
Alfredo Tabo nació en una comunidad a orillas del río Beni, de padre cavineño y madre tacana. Trabajó con los misioneros del Instituto Lingüístico de Verano en la elaboración del Diccionario Castellano-Cavineño y, luego, en la traducción de la Biblia al idioma de su pueblo. Durante muchos años recorrió a pie las muchas comunidades cavineñas, recogiendo invalorables testimonios de los ancianos sobre la cosmovisión, la mitología, las leyendas, la medicina tradicional y el lenguaje de los suyos. Este recorrido lo hizo primero por su cuenta, entre 1975 y 1985, y luego, en 1992, con el apoyo de la Misión Evangélica Suiza. En 1994 tuvo la suerte de contar con el apoyo del italiano Paolo Venecia, quien le ayudó a transcribir una parte de los textos. En 1996 recibió también el apoyo de Carmen López y Sergio Luna, de la entonces Subsecretaría de Asuntos Étnicos, así como de la antropóloga María Dolores Castro y de Germán Rivero.
La intención de Alfredo era dejar un testimonio para los jóvenes y las futuras generaciones cavineñas que están olvidando de dónde vienen, simplemente porque ya no prestan oídos a la literatura oral de sus abuelos. Según sus propias palabras: “Algunos jóvenes creen que todo lo que escuchan es mentira. Pero todo es cierto. No es mentira pues. Ahora, parece que se cree lo que solamente está escrito en un libro. Como La Biblia. Pura escritura nomás se cree. Eso no más. Por eso yo quería contar la historia de los cavineños en un libro”. La ha escrito contra lo oral, un dilema que en Bolivia todavía no hemos resuelto porque aún falta mucho por recoger de la tradición oral y son muy pocos los que se encargan de su recolección.
El libro de Alfredo estuvo a punto de ser quemado por su autor, decepcionado y desesperado porque no encontraba apoyo para su publicación; hasta que un día se hizo realidad gracias a la cooperación del Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (IWGIA), con el decidido respaldo de los antropólogos Mickael Brohan y Enrique Herrera, que hicieron las veces de editores del mismo, respetando el lenguaje y el discurso dialógico del autor. Mickael Brohan y Enrique Herrera señalan: “Contrariamente a los autores de autobiografías indígenas (…) Alfredo Tabo no deja entrever la imagen de su sociedad a través de la reconstrucción de su vida personal: de manera mucho menos egocéntrica, deja entrever lo que fue su vida personal a través de la reconstrucción del pasado colectivo y de la antigua vida social de su pueblo”. Es decir, Alfredo se cuenta sí mismo, a través de la vida y la historia de su pueblo, un verdadero logro.
Según la investigadora María C. Chavarría: “Tabo, de madre tacana y padre cavineño, es hablante de la lengua cavineña, y esta versión que nos ofrece ha sido traducida al castellano. Él es un escritor bilingüe —previamente fue traductor del Instituto Lingüístico de Verano de Bolivia—, hecho que ha marcado profundamente sus creencias religiosas dando lugar a un sincretismo que se pone en evidencia cuando habla de ‘La creación del mundo y de la humanidad’, en el inicio de la obra”.
El libro, que puede ser considerado como literatura indígena testimonial, cuenta, además, con fotografías y dibujos del propio Tabo, y está dividido en tres partes y diez capítulos, en los que nos narra desde la cosmovisión cavineña; la creación del mundo y de la humanidad; las sabias enseñanzas de los Educhis (que son los seres supremos de los cavineños); las inevitables guerras que sostuvieron con otros pueblos, como los Ese ejja; la sacrificada vida en el territorio que ocupan; la llegada de los frailes franciscanos; de los curas Maryknoll y de los misioneros evangelistas y concluye con la lucha por la tierra y el territorio que han tenido que sostener los indígenas de la amazonia boliviana para hacer reconocer y hacer respetar sus derechos sobre el suelo que habitan y habitaron sus antepasados, legado para su simiente. Tuve el honor de presentar esta obra hace un par de años y me sirvió como referencia bibliográfica, cuando recopilé material para mi libro Seres sobrenaturales y mágicos de Bolivia. Ésta y otras obras sobre las etnias del oriente boliviano deben ser tomadas en cuenta a la hora de hablar de educación intercultural, pues se convierten en valiosas herramientas básicas de conocimiento sobre los saberes ancestrales de nuestros pueblos. 

*Escritor y poeta

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