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Con lágrimas en los ojos e impotente por lo que ahora le toca vivir, Elisea López afirma que no descansará hasta encontrar justicia por la muerte de su esposo, Armando Carballo Escóbar, quien falleció con tres impactos de bala durante la marcha en la localidad de Huayllani en Sacaba, Cochabamba, el 15 de noviembre de 2019, cuando miles de personas manifestaban su rechazo a las palizas que las mujeres de pollera recibían en las calles de parte de los paramilitares.

“Yo quiero pedir justicia por el derecho a la vida que tenía mi esposo, quiero decirle a la señora Añez: ‘Tú diste la orden para que los policías y militares disparen’. Ahora me queda ser padre y madre para mis hijos, no tengo para que coman, estoy mendigando en las calles”, afirmó.

Le preguntó llorando a la expresidenta en idioma quechua: “¿Cuándo me devolverás la vida de mi esposo? Tú ordenaste que lo mataran. Ahora como si nada reclamas y dices que no es así, tu eres la responsable por cómo me encuentro sufriendo con mis hijos. Si mi esposo hubiera estado vivo, hubiese velado por mis hijos hasta que sean grandes”.

Armando era albañil de la zona del trópico cochabambino; el 15 de noviembre de 2019 en Huayllani intentaba ingresar junto con otras miles de personas a la zona central de Cochabamba, pero los militares y policías los abrumaron con cientos de gases lacrimógenos y con disparos.

La última comunicación que tuvo  Elisea con Armando fue en la noche, cuando su esposo le informó que él y sus compañeros estaban parados en Huayllani porque los policías y militares impedían su paso, y no sabía qué rato les dejarían pasar, pero cuando todo terminase retornaría a su casa.

Sin embargo nunca regresó. Ella recibió una llamada telefónica mediante la cual se enteró que su compañero falleció. Abatida por la noticia no sabía qué hacer, tomó la mano a sus hijos y salió de su domicilio rumbo a la plaza gritando y preguntándose qué sería de ella, quién velaría por ella y sus hijos, su compañero de vida ya no estaba, su vida se alteró en un instante.

Buscó un medio de transporte para dirigirse a Cochabamba y logró llegar hasta la localidad de Colomi, donde  uno de sus parientes le informa que el cuerpo de Armando Carballo estaba siendo trasladado hasta la zona del trópico cochabambino.

Elisea observa que en el hombro de varias personas llegaba el féretro de su esposo, cubierto con una wiphala, y en ese momento ve a su pareja sin vida.

Impotente, ahora lo único que pide es justicia y que la muerte de su esposo no quede impune, sino que los responsables vayan a parar a la cárcel.

Su esposa recuerda a Armando como un hombre muy cariñoso y entregado a su familia. Quería todo lo mejor para sus hijos, pero ahora ya no está para cumplir las metas que la familia estaba construyendo.

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