La tradición, innovación en la cultura y la fe puedan verse, escucharse, sostenerse e interpelar de forma estética al conjunto de espectadores.

Marcelo A. Maldonado Rocha /

Partiendo del análisis de ‘Los mundos del arte’ (Howard B.) me animo a desenredar las redes que acontecen en una exposición. Inicio desde la concepción de que el trabajo artístico es una actividad colectiva que ocurre a través de la cooperación, en la mayoría de los casos, siendo esta instancia la razón de ser que perdura en la exhibición, más allá de su temporalidad, así como creando patrones de actividad colectiva.

La presente aborda desde la sociología los mundos del arte y entiende que una obra y un conjunto de ellas que forman una muestra conectan actividades que van dando forma a una idea inicial que es motor de la exposición. Aunque, cabe recalcar, la idea inicial va transformándose.

En 2019, la Organización de la Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró a la fiesta en devoción al Señor Jesús del Gran Poder como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. El Covid-19 imposibilitó que se estrenara dicha declaración; por tanto, se determinó que reunir en un espacio las varias formas de expresión y de influencia de la devoción, además de ser una forma de coadyuvar a la salvaguarda de dicha declaración, permitiría que lenguajes, estéticas y actores puedan dialogar acerca de las fidelidades y significados.

Es decir, que la tradición, innovación en la cultura y la fe puedan verse, escucharse, sostenerse e interpelar de forma estética al conjunto de espectadores. Para ello se requería un conglomerado humano capacitado en la ejecución especializada, es decir, entrenado en diversas técnicas de pintura, escultura, bordado, vitrales, orfebrería, cerámica, muralismo, a la vez, productores de materiales e instrumentos musicales, diseñadores, costureros de telas, productores audiovisuales, además de curadores, mediadores, montajistas, investigadores, administrativas, técnicos, personal de limpieza y demás, que de manera conjunta realizan las actividades de apoyo y cuidado que permiten que la idea transfiguré en una exposición.

De los múltiples elementos en los mundos del arte

Cuando, de inicio, se tiene una idea principal que agrupa a un conjunto heterogéneo la interpretación de esa idea es la que permite su ejecución, algo parecido a lo que ocurre con un ensamble de jazz. Primer elemento, la festividad ejecuta ciertos estándares respecto a las fiestas.

El 2021 la muestra incitó al conglomerado de ideas que articulan investigación, curaduría y, sobre todo, creación artística desde diversas disciplinas siendo este el eje narrativo que permitió seleccionar cada uno de los objetos exhibidos en los ambientes del Centro de la Revolución Cultural (CRC). La fiesta permite reconocerse en un pasado, instalándose en un presente y generando espacios de apertura al futuro. Inició con la investigación expositiva que arrojó un entramado teórico-metodológico.

Un primer elemento a tener en cuenta es que el Gran Poder crea y expande modelos o patrones culturales, los cuales tienen varios componentes que pueden ser abordados desde las diferentes disciplinas, nos referimos a la arqueología, la etnografía, los estudios culturales y la historia del arte. Este conjunto de elementos, por sí solos, son incompletos; a la vez que, armados conjuntamente, no se enfocan específicamente en la mirada del erudito, sino en montar una exhibición para un universo heterogéneo (público), el cual por varias razones se aproxima a los ambientes del CRC para visitar la muestra.

En el rizoma del Gran Poder deben tomarse en cuenta: la ritualidad y la imagen sagrada, los paisajes, wakas, la música, la danza, las transformaciones en la sociedad, las estructuras de poder, las transformaciones y continuidades ocurridas a lo largo de su historia. Cada periodo sociohistórico que vivió nuestro país aportó elementos específicos a la fiesta, la ritualidad y el culto. Otro componente de importancia es el cuidado de las imágenes nos referimos a la captura de lugares, hechos y personajes que permiten narrar  un tema central de la historia de la ciudad a través de un lente fotográfico.

Artistas plásticos interpretaron las múltiples representaciones que se construyen en torno a la fiesta. Así por ejemplo, resalta la propuesta del intrépido y nobel pintor Cristian Layme quien a través de su obra, ‘Fiesta y Poder’, propone un espacio íntimo que es transversal a la devoción y que hace presencia en una infinidad de toldos y llantuchas, donde fraternos, y no fraternos, visitantes y extranjeros, toman las calles de la ciudad sentados sobre cajas de cerveza. De ahí que esa bebida se convierte en referente de la festividad.

La obra de Laime se enfoca en la representación de ese lugar y tiempo recurriendo a capturar a tres mujeres sentadas y con trajes de danzas icónicas de la festividad, ‘ch´allando’, y sobre todo en un ambiente de extendida complicidad. Sin lugar a dudas la razón de ser de la obra son las mujeres, por un lado, como agentes de la transformación económica y  cambios en la estructura de clase y, en consecuencia, creadoras de patrones culturales de consumo, y, por otro lado, la propia madre del artista, imagen recurrente en sus obras, como referencia a que en los mundos del arte la acción de cuidado, en este caso materno, son principales en las actividades en los mundos del arte.

El pasado 31 de julio, el CRC dependiente de la Fundación Cultual del Banco Central de Bolivia cumplió cuatro años de existencia. La institución es un laboratorio de investigación, formación y creación que fomenta la producción artística de manera individual y colectiva. Una forma lúdica de celebrar su temprana existencia es a través de un relato que posibilite habitar lo íntimo de una experiencia, desde los mundos de las artes, que tiene que ver con el proceso de creación, de ejecución y de montaje de una muestra que conjugó varios actores, lenguajes, estéticas y elementos. Me refiero a la exposición de Fiesta y Poder: tradición, cultura y fe, que fue inaugurada el año pasado, hace poco estuvo en Santa Cruz y ahora está en Cochabamba.