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Ganó el premio, en términos económicos, más importante del país y quizá de Latinoamérica. El martes presentó la obra ganadora en el Centro Cultural de España en La Paz. La siguiente entrevista, vía email, permitirá al lector conocer un poco más sobre el ganador de novela.

¿Quién es José Guerrero Vara?
Sé que no es más que una invitación a presentarme, pero de alguna forma parece aludir a alguna clase de cuestión filosófica o metafísica sobre la identidad. Es más fácil responder a esta pregunta en el otro lado del mundo: allí soy un profesor de Literatura de instituto, acá en cambio parece que soy un escritor, que firma algún que otro ejemplar de Los dos sombreros del gallego y que responde a las preguntas de entrevistas como ésta. ¿Es buen momento para decir que tengo 40 años? También me gustan las películas de ciencia ficción, incluso las malas. Y le echo dos sobres de azúcar al café.

¿Qué es entonces Los dos sombreros del gallego?
Una obra que pretende ser mutante y radioactiva en la mezcla de géneros, que se acerca a la historia de Bolivia desde el humor y la fantasía a través de las desventuras de un antihéroe torpe y desubicado con problemas gastrointestinales y nacionalidad española. El recurso al acceso al mundo mágico, como una Alicia que sigue al falso conejo blanco o como un Gulliver, naufragado en el país de la Alasita le llevará a encontrar su destino y, tal vez, sus dos sombreros.

¿Por qué Bolivia?
Podría decir que Bolivia viene a ser como una síntesis del Cosmos… Si no fuera porque podrían acusarme de plagio, puesto que la frase es del naturalista y explorador francés Alcide D’Orbigny. Pero sin duda hay algo especial en esta tierra de hibridación y mezcla, de fusión de elementos y vitalidad sincrética. Los muy diferentes mundos ya no son siquiera dos  (ya no tenemos solo dos sombreros), se siguen ampliando y se expanden en todas las direcciones. A lo originario y a lo colonial se van superponiendo mil elementos. La fuerza de Star Wars será tan real como el ajayu, pues toda esta mezcla hace que los antiguos mitos viajen en un autito del Dakar y sean bloqueados en medio del desierto.

¿Es realmente su primera novela? ¿Por qué se decidió a participar en el concurso de novela Kipus?
Con mi edad, evidentemente ya no puedo ser una “joven promesa” de la Literatura, pero sí es la primera novela publicada. Ni siquiera fue mía la idea de mandarla al Premio Internacional Kipus. Fue alguien que había reído en la lectura de la obra y pensaba que debía salir del cajón (que no era un cajón, sino, por supuesto, un fichero PDF). Esa persona confiaba más en lo que yo escribía y en mí, mucho más que yo mismo. No pude responder a su confianza en la vida, pero en la Literatura el premio Kipus demuestra que al menos en una cosa ella sí tenía razón.

¿Cuál es la relación que usted tiene con Bolivia? ¿Qué, quién o quiénes lo motivaron a escribir la obra? 
La relación de un hombre con un país puede llegar por muchas vías, la mía fue una chapaca maravillosa que me amó y compartió mi vida durante diez años. A través de sus ojos pude descubrir el amor y la ternura hacia su tierra, a través de los míos pude añadir una mirada alucinada y el sentido del humor subversivo. Algo que en el fondo impregna cada acto de mi vida, incluso los errores que voy cometiendo. Igual que nos reímos de nuestra propia historia personal creo que podemos buscar la risa también en la Historia con mayúsculas, la que afecta a todo un colectivo. Y así podría llegar a decir que el primer germen de la novela nació cuando mis amigos bolivianos se rieron de mí cuando dije que iba a “coger” un trufi, antes de saber que acá esa palabra tenía un significado bien diferente del de allá. O también cuando escuché por primera vez la frase entre heroica y chistosa, de Eduardo Avaroa, o cuando me manché la camisa con una salteña y pensé que tal vez debería mandar fusilarla, como hubiera hecho Melgarejo.

Cambios, proceso, político, palabras presentes en las referencias que me hicieron llegar tanto sobre usted como sobre su obra. ¿Cuánto tienen que ver los significados de esas palabras con su escritura, con la novela premiada en particular y con usted en singular?
El jurado quiso destacar… Espere que lo busco… “El tono farsesco del proceso político cultural boliviano contemporáneo”. Sin duda me halaga, pero no creo haber sido capaz de captar la enorme complejidad de lo que esas palabras representan. Todavía no consigo entender cómo del maní se puede hacer una sopa deliciosa, así que puede imaginar que el resto me queda grande. Pero sí es cierto que, a veces, la ficción y el chiste pueden funcionar como un espejo, pero no uno normal, sino uno de esos espejos cóncavos o convexos que deforman la imagen y la distorsionan (nos alargan, nos encogen…), convirtiéndonos en seres deformados que provocan una sana hilaridad contra nosotros mismos. ¿Y quién sabe? Tal vez, después de todo, la visión que nos ofrece la parodia esté más cerca de la verdad histórica que cualquier investigación.

¿Cree usted que su novela pueda tener éxito en España y en otros lugares del mundo? (Sí es sí por qué, si es no también)
¡No sé siquiera si puede tener éxito en Bolivia! El humor es siempre  arriesgado. Todo es demasiado serio a nuestro alrededor. Política, religión, matrimonio, hasta el fútbol con sus trascendentales victorias y derrotas. Y el humorista a veces se queda solo sobre el escenario esperando la carcajada que no llega, porque el chiste no tuvo gracia. O porque se quedó en medio del campo de batalla, y los ejércitos rivales corren a enfrentarse entre sí con la espada en alto. Este libro necesita lectores… y sobre todo cómplices. Si hay alguien preparado para reírse de sí mismo, sea boliviano, español o gringo, entonces Los dos sombreros del gallego puede llegarle. Y si conoce las referencias, todavía más.

¿Qué hará ahora? ¿Ya tiene proyectos?  ¿Retornará a ser maestro de Literatura?
Es lo que soy, profesor de Literatura. El 1 de septiembre comienzo allá mis clases y volveré a tomar la tiza y a hablar de ese antihéroe tan cómico y ridículo que resulta ser Don Quijote y que nos hace, al reírnos de su torpeza, plantearnos la necesidad que tiene la humanidad de sueños imposibles e irrisorios para seguir luchando por ellos. Quizá mi proyecto ridículo es seguir escribiendo. No puedo dejar de hacerlo. Tal vez termine una colección de relatos que lleva por título Falso Conejo, tal vez me dedique a la ciencia ficción. ¿Escritor? Soy profesor y escribo. Las dos cosas me apasionan.

¿Cómo considera que se debe incentivar la lectura en los chicos y chicas?
No hay recetas exactas. ¿Tal vez contratando a los bomberos quemalibros de Fahrenheit 451°? Hay quien dice que prohibir la lectura sería el mayor incentivo para invitar a un adolescente a leer. No lo creo. Las únicas cosas que se me ocurren son dos. La primera que no puede haber lectores si en el horizonte familiar no hay libros… Debe haber un detonante y no siempre es fácil descubrir cuál es, pero todo niño tiene imaginación y todo adolescente busca su lugar en el mundo. Quizá ahí estén las claves. La segunda vía que se puede explorar es hablar su propio idioma. Despojarse de la engolada corbata de la seriedad literaria y hacer soñar, hacer temblar, hacer amar. Juego de Tronos y Harry Potter han conseguido más lectores futuros que las obras más clásicas y canónicas. JRH