Jorge Suarez

Homero Carvalho Oliva 
Escritor y poeta

Jorge Suárez era poeta, periodista y narrador. Escribió sonetos que suenan como sinfonías infinitas, poemas con ritmo de saya, de morenada, de taquirari, de huayños que se beben hasta nuestras sombras, de valses y de boleros, todos sus versos son musicales. 

Uno los lee en voz alta y dan ganas de ponerse a bailar ahí mismo, los sonidos se escapan de entre las hojas como impulsados por un viento interior. Jorge también escribió muchos cuentos asombrosos con rapsodias que cruzaban nuestro cuarto mundo, como si fueran almas en pena y enseñó a mucha gente cómo escribirlos. Era un maestro narrando historias tanto orales como escritas.

En Santa Cruz de la Sierra dirigió cerca de dos años El Taller del Cuento Nuevo y luego de una selección de cuentos realizada por él mismo publicó un libro con el mismo título. “Libro de voces múltiples que abrió nuevas perspectivas en la narrativa boliviana” lo definió Jorge en el prólogo a la primera edición. Sin duda alguna un libro que transformó el panorama literario nacional incluyendo textos de catorce narradores de Santa Cruz, el Beni y el chaco. Jorge me hizo el honor de abrir dicha obra con cinco cuentos; sin embargo yo no formé parte del taller mismo. Antes del taller, yo ya tenía publicado el libro de cuentos Biografía de un otoño, Jorge ya conocía mi obra, por eso algo de la obra de Jorge ya me fascinaba. En ese entonces era director de la Biblioteca del Honorable Congreso Nacional en la ciudad de La Paz y tenía que viajar a la capital cruceña.

En una conferencia brindada el 9 de julio de 1998, acerca de este taller, Jorge afirma: “Algunos miembros del taller, como por ejemplo Amilkar Jaldín, Beatriz Kuramoto, Germán Arauz, etc., eran miembros prácticamente totales y continuos del taller. Otros asistían eventualmente porque ya tenían una formación literaria mucho más lograda como el caso de Homero Carvalho, que participaba pero no era un asistente constante del taller, porque vivía en La Paz”. En los días que estuve en el taller conocí a los que integraron la muestra literaria y a otros que no tuvieron la suerte de ser incluidos es este “libro de voces múltiples” cuyos “cuentos abrían, en su conjunto, nuevos caminos en la narrativa oriental de Bolivia”. 

A partir de entonces nos hicimos buenos amigos con Jorge y con algunos del taller. De Jorge también aprendí la importancia de la literatura nacional: “Mientras un pueblo no genera la propia visión de sus hechos, mientras un pueblo no es capaz de verse en sus propios textos, en sus  propios relatos, en sus propios guiones, en sus propios parlamentos, ese pueblo jamás se desarrollará culturalmente hacia un estadio superior”.

Jorge era fanático del trabajo y de la perfección, todo lo que hacía tenía que estar bien hecho, era un gran lector y un mejor maestro que nos mostraba los errores hasta de manera cruel pero sincera, sugiriendo soluciones, buscando ampliar y consolidar la técnica de cada uno.

Recurría a comparaciones, inventaba otros finales, insistía en la reescritura, odiaba los lugares comunes y nos impulsaba a creer en nosotros mismos como creadores, como demiurgos. Todos los talleres literarios que luego se desarrollaron en Santa Cruz llevaron su sello y ninguno ha podido superarlo. Años después Jorge repitió la experiencia del taller en la ciudad de Sucre.

Jorge también escribió El otro gallo, uno de los cuentos mejor escritos de Bolivia, obra que está incluida en las Quince novelas fundamentales. De retorno en La Paz creó y dirigió un programa acerca de los orígenes, el desarrollo y las secuelas del  narcotráfico tanto en Bolivia como en el continente. Fue en esos años que tuvo la idea de una novela sobre el golpe militar protagonizado por Luis García Mesa y Luis Arce Gómez, que tituló Las realidades y los símbolos.

Él afirmaba que cuando coinciden la voz del autor con la del lector se produce el “milagro que hace que la literatura, rebasando los límites de la retórica formal, se convierta en vida”. Ahora su obra es nuestra vida. Jorge falleció en julio de 1998, al “pie de la letra”, dirigiendo el periódico Correo del Sur, en la ciudad de Sucre. Siempre que escribo algo intento estar a la altura de sus enseñanzas y de su amistad.