Mariano Baptista

Homero Carvalho Oliva*

La pasada Feria Internacional del Libro de La Paz de este año le rindió a Mariano Baptista Gumucio, el ‘Mago’, un merecido homenaje por su extraordinaria labor de difusión de nuestra cultura. 
Hace décadas, Mariano se ocupa de darnos a conocer lo mejor del pensamiento de nuestros intelectuales y escritores, sus selecciones ya constituyen un canon de lo que debemos leer para conocer nuestro país, lo que lo ha convertido en el mayor antologador de Bolivia, con más de 70 obras publicadas; también dirige el programa de televisión ‘Identidad y magia de Bolivia’, que según él le ha dado la oportunidad de conocer todo el país y exaltar la labor de filántropos anónimos, escritores, historiadores, artistas plásticos y escultores, músicos, médicos, sacerdotes, artesanos y campesinos, hombres y mujeres, que aportan a Bolivia con su labor creadora.
Ahora quiero referirme a una de las múltiples facetas de nuestro amigo, la de recopilador de escritos acerca de las ciudades capitales de Bolivia. Sabemos que las ciudades, a imagen y semejanza de los seres humanos, encierran misterios, alegrías y naufragios. La crónica y la literatura se han ocupado de ellas desde las primeras letras impresas. 
En las ciudades invisibles, Ítalo Calvino imagina a Marco Polo contándole a Kublai Jan acerca de las fantásticas urbes que, supuestamente, visitó, y Alberto Manguel y Gianni Guadalupi recopilaron una increíble guía de lugares imaginarios, en la que detallan, en orden alfabético, las ciudades y lugares creados por la ficción, algunos más reales que los que existen.
Mariano Baptista Gumucio, ‘el Mago’, no necesitó de la ficción para guiarnos por las ciudades y las regiones de Bolivia, lo hizo recopilando lo que escribieron propios y extraños sobre ellas. 
No satisfecho con esta enorme tarea, emprendió la de hacernos conocer Bolivia a través de una colección que ha denominado Las ciudades vistas a través de viajeros y cronistas, siglos XVI al XXI. De esta colección ya circulan los libros sobre Potosí, Oruro, La Paz, Pando, Sucre, Cochabamba, Moxos-Beni, Santa Cruz y Tarija. Cada uno de los libros lleva, además de las crónicas, artículos, ensayos, poemas y relatos, dibujos y fotografías alusivos a la ciudad capital o a los pueblos que conforman el departamento.
La colección de ‘el Mago’ incluye textos escritos por sacerdotes, cronistas y autoridades de la Colonia, naturalistas, historiadores, periodistas, poetas y narradores. Al leer los libros nos damos cuenta que la selección de los autores ha sido rigurosa y producto de una agotadora revisión y lectura de libros y más libros, buscados en bibliotecas públicas como en privadas.
Hace unos años, conversando con Mariano, en su estudio en la ciudad de La Paz, me comentó lo siguiente: “Mi objetivo es el de recuperar la memoria histórica para preservar la unidad de Bolivia y creo que estos libros contribuyen, en algo, a cimentar la unidad y fraternidad entre los departamentos y la autoestima de quienes por encima de todas las diferencias proclaman con orgullo su gentilicio de ser bolivianos”. 
Una tarea noble, sin duda alguna, que, sin embargo, no ha encontrado el apoyo como era de esperarse y muchas de las ediciones han salido del bolsillo de ‘el Mago’.
En el discurso de agradecimiento ‘el Mago’ Baptista se refirió al destino de los escritores que mueren en la pobreza, en un país que no posee un gran público lector, y entre otras dijo: “La distinción de la que hoy me hace la Cámara del Libro de La Paz, en el marco de la Feria de Libros, me honra y también a mi familia, en un grado que no puedo expresar. 
Agradezco profundamente tan noble gesto que me da la oportunidad de referirme brevemente a lo que pude hacer en mi breve vida pública. 
Abandoné la política militante en mi juventud al ver el desmoronamiento de las esperanzas de abril de 1952, advirtiendo, como decía Borges, que las ideas nacen tiernas pero envejecen feroces. Fui nombrado secretario de Culturas de la flamante Central Obrera Boliviana, que dirigía Juan Lechín Oquendo. Tomé pues partido, de una manera apasionada por la cultura, entendiendo que su fomento y expansión salvará a Bolivia como no pudieron hacerlo el salitre, el caucho, el estaño y el gas, y ni siquiera la coca-cocaína, que hasta ahora sólo nos han traído desgracias”.

*Escritor y poeta