Los partidos políticos que dejan el poder no mueren necesariamente, aunque en el caso del Movimiento al Socialismo (MAS) los síntomas que muestra son de un deceso acelerado.

El jefe de esa organización política, el cocalero ahora refugiado en Argentina, no ha podido reunir a sus seguidores para un encuentro que debía elegir a los candidatos del MAS para las elecciones generales.

La lista de los masistas que anunciaron que no asistirían a la cita resultó más larga que la de los que sí aceptaron concurrir a la convocatoria de Evo Morales.

La presidenta del Senado, Eva Copa Murga, fue una de las principales figuras políticas de ese partido que anunció públicamente que no asistiría a la reunión de Buenos Aires porque “la gente que está allá con Evo es gente que ha hecho daño al MAS”.

La diputada masista Concepción Ortiz fue más allá y dijo que ella no asistiría al encuentro como denuncia del mal trato que ella y otros miembros de esa organización política sufrieron de parte de los más cercanos al cocalero en el parlamento. La legisladora fue más allá y señaló que el partido del “primer indígena presidente de Bolivia” aplicaba criterios racistas contra las personas como ella. Un raro caso de un indígena racista contra sus propios “hermanos”, a juzgar por la denuncia de la diputada.

Estas denuncias que surgen del parlamento revelan que en todo el MAS, en todas las demás dependencias y en todo el país, los resentimientos son muy grandes y parecen explicar la gravedad de la crisis del partido que fue creado por Morales después de comprar la sigla al partido Falange Socialista Boliviana (FSB).

El expresidente tiene sus propios candidatos para las elecciones, pero otros masistas, aquellos que no asistieron a la cita de Buenos Aires, tienen otros nombres.

Los dirigentes aymaras de La Paz han hecho saber que ellos quieren a David Choquehuanca, excanciller, como aspirante a la presidencia, y que esa exigencia es “innegociable”.

El desbande masista es muy evidente, a tal grado que impresiona la rapidez con que se ha producido su virtual deceso, como una demostración de que se trata de una organización política que solo respira cuando está en el Gobierno. Luego, se extingue.

En la lista de quienes no asistieron al encuentro de Buenos Aires figuran los dirigentes de la COB, los de la Conalcam, de los campesinos, y de los cocaleros solo se menciona la asistencia de aquellos del Chapare, pero no de todas las tendencias.

Los propios dirigentes de las seis federaciones de cocaleros de esa región han sugerido en días recientes que el refugiado en Argentina renuncie formalmente al cargo de presidente, que él consideraba retenerlo como un cargo vitalicio.

Sobre el financiamiento del MAS, las dudas llegan muy lejos. Si su base son los cocaleros del Chapare, parece inevitable sospechar que el partido se financia con recursos pecaminosos. Una situación que ahora se complica por la determinación de la Policía de avanzar sin tregua en la destrucción de fábricas de clorhidrato de cocaína en esa zona, golpeando a la billetera del partido que gobernó el país durante casi 14 años.

Los partidos políticos que dejan el poder no mueren necesariamente, aunque en el caso del MAS los síntomas que muestran son de un deceso acelerado.