Erika Ibargüen A. / Bolivia Digital

Un bombardeo de noticias a toda hora y en todos los canales, unas que suben la curva de infectados, otras que muestran el desacato de la gente en las calles sin temor a contagiarse, algunas que detallan feminicidios o violaciones, mientras que otras muestran la necesidad de quienes se ganan el pan día a día, son solo algunos de los miles de titulares que suman estrés en quienes mantienen un encierro obligatorio de más de un mes para evitar la propagación del coronavirus.

La psicóloga Mónica Soliz manifestó que todo esto muchas veces se traduce en un miedo oculto en quienes aparentan manejar la situación y en otros que no pueden controlar la incertidumbre de “no saber qué es lo que pasará”.

“El miedo no viene solo, lo acompaña la ansiedad, preocupación e inquietud. Este puede presentarse en adultos, jóvenes, niños hombres y mujeres, es una emoción totalmente natural, aunque dependiendo del grado puede volver a la persona menos racional”, explicó la psicóloga.

Soliz señaló que, por ejemplo, cuando un titular noticioso dice que “esta enfermedad afectará al 70% de la población o que todos tendrán en algún momento el COVID-19 y que hay que aprender a vivir con él”, y a los minutos se conoce la cifra de fallecidos a causa de la pandemia, la sensación de inseguridad y de pensar que en cualquier momento podría pasarle eso es algo que se debe aprender a controlar, de lo contrario podría terminar en un cuadro depresivo.

Otra posibilidad que se presenta, y aunque se muestre contradictoria pero en realidad también se traduce en miedo, es reaccionar con una respuesta de negación y refugiarse en “a mí no me va a pasar” y llevar a la familia al mercado o a un parque cercano a la casa como muestran las imágenes en la televisión.

Los programas de radio y televisión que hace más de 30 días tienen cobertura ininterrumpida sobre las últimas cifras de contagios y (dependiendo de a quién se siga) las plataformas de redes sociales están llenas de estadísticas aterradoras, consejos prácticos o humor negro, alteran a los que viven el encierro y más aún a aquellos que no salieron ni siquiera el día en el que podían hacerlo; en los menores de 18 años y los mayores de 65 es aún peor.

“Si a esto le sumamos que casualmente por un descuido de no abrigarse le da una tos seca, inmediatamente la relaciona con los síntomas del COVID-19 y ni siquiera lo menciona para no alarmar al resto, pero trata de aislarse y esto hace que su miedo crezca”, advirtió Soliz.

Sandra Albarracín, terapeuta especialista en personas de la tercera edad, manifestó que lo importante en casos de saturación de información es mantener una charla entre los que comparten la cuarentena y crear formas de comportamiento que ayuden a pasar el tiempo de la forma más tranquila que se pueda.

“Debe haber una persona que maneje esto, explicar al adulto mayor o al niño que en realidad, mientras todos se queden en casa y cumplan los protocolos de seguridad, que no son difíciles y que al contrario se los debería adoptar para siempre, como el lavado de manos continuo, el mantener distancia, lo que no significa dejar de ser cariñoso o expresar amor, y mantener el ambiente limpio y ventilado, nada pasará y la pandemia llegará a su fin”, recomendó Albarracín.

El miedo ocurre a causa de una forma de pensamiento negativo instalado como hábito y que se pone en funcionamiento automáticamente.

La forma en que cada persona responde al brote de la pandemia puede depender de sus antecedentes, de los aspectos que lo diferencian de otras personas y de la comunidad en la que vive.

Tanto Soliz como Albarracín recomiendan tomarse descansos y dejar de mirar, leer o escuchar las noticias al menos por media jornada. Esto incluye redes sociales.

Escuchar hablar de la pandemia reiteradamente puede afectarlo.