Por: Armando Aquino Huerta /

La vida democrática que discurre nuestra Patria gobernada constitucional y legítimamente por Luis Arce Catacora, relacionada con los “paros” desestabilizadores convocados por los golpistas “autores intelectuales” del golpe de Estado de 2019 y gobierno de facto de Jeanine Añez, obliga a medir el poder de los golpistas; para lo cual es necesario recurrir a la moral que es: “distinguir el bien del mal”, conforme sabe la mayoría del pueblo boliviano, excepto la derecha fascista que financia los golpes de Estado matando al pueblo con mentiras cínicas difundidas por su “maquinaria mediática” creyéndose “El todopoderoso”, que no pasan del 10% de los bolivianos y no saben lo que hacen.

Considerando que, desde las elecciones generales de  2006 hasta el presente, ningún partido político ni agrupación ciudadana fascista ganó ninguna elección pese a sus alianzas y campañas de “guerra sucia” plagadas de menti-ras, se puede concluir sin lugar a dudas que el poder de los golpistas está por los suelos, aunque hay quienes dicen que cayó más abajo y otros que sostienen que dicho poder ha muerto recordando que el MNR, FSB, ADN, EL MIR, y otros ya no participan en las elecciones porque perdieron su poder.

Teniendo presente que los últimos “paros” convocados por el gobernador de Santa Cruz de la Sierra, Luis Fernando Camacho; el presidente del “comité cívico” de Santa Cruz, Rómulo Calvo; el “comité interinstitucional”, y los fascistas bolivianos fueron rechazados y no acataron el 95% del pueblo y solo fue acatado por el 5% restante, resulta evidente que el poder de los golpistas ha muerto; si añadimos que las organizaciones sociales, gremiales, transportistas, profesionales y los representantes de los 56 municipios de Santa Cruz de la Sierra ya no creen nada de lo que dicen dichos políticos ni apoyan sus actos desestabilizadores, discriminantes y racistas, se puede ver que la derecha fascista nunca más tendrá el poder por golpistas, mentirosos, racistas y discriminadores. Al menos no se puede decir lo contrario sin mentir.

Si a ello sumamos el rechazo de la COB (Central Obrera Boliviana), de las Bartolinas y de la Csutcb (Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia), expresado públicamente exigiendo juicio y condena por los 38 asesinatos mediante ejecuciones sumarias, centenares de lesionados hombres y mujeres que quedaron sin piernas, brazos, ojos y más de 1.000 detenidos arbitrariamente durante el golpe de Estado de 2019 y gobierno de facto de la exsenadora Jeanine Añez, delitos probados por el informe del GIEI-Bolivia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, entre otros; no hay duda de que el poder de los golpistas ha muerto y no volverán a tenerlo ni con otro golpe de Estado. Pero es necesario sancionar esos y otros delitos lo antes posible, porque todo delito tiene pena y deben resarcirse los daños ocasionados a las víctimas, peor aún si cada día de paro ocasiona aproximadamente $us 32. 000.000, que deben pagarlos los que cometen delitos, no el Estado.

Y así, queda claro que el poder de los golpistas seguirá muerto si no respetan la verdad, a las mayorías en la vida democrática y dejan de ser falsos moralistas. Al respecto conviene leer El todopoderoso, de Irvin Wallace. (Armando Aquino Huerta es abogado penalista)