Cerco a La Paz

(Parte del libro de María Eugenia del Valle de Siles, Historia de la Rebelión de Tupac Catari 1781-1782)

Obra publicada por la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, (Centro de Investigación Social CIS, dependiente de la Vicepresidencia del Estado Plurinacional)

Las acciones guerreras de Tupac Catari se orientaron principalmente a cercar la ciudad de La Paz, objetivo primordial dentro de sus planes.
Ingresado Segurola nuevamente a La Paz se manifestó claramente la intención de los alzados de cercar la ciudad, propósito que no abandonaron sino hasta la llegada de Ignacio Flores, el 30 de junio de 1781, con las tropas de auxilio, constituyendo este largo período de 109 días lo que se ha dado en llamar el primer cerco.
Los episodios de aquellos largos meses fueron anotados día a día por los autores de diferentes diarios escritos dentro de la ciudad amurallada.
El 21 de marzo se completó el cerco de la ciudad. Los atacantes recibieron refuerzos de indios venidos de Sica Sica y de Chulumani, quienes cerraron la salida hacia los valles de Yungas y Río Abajo. Antes de que ocurriera esto se alcanzó a recibir noticias del alzamiento en Chulumani, del asalto de haciendas y del incendio de chacras y ranchos en Mallasa. Igual cosa ocurrió con los tambos y las chacarillas de El Tejar y de Munaipata, zonas agrícolas ubicadas en las laderas de los cerros que bajan a la ciudad.
Todavía el 22 de marzo (el comandante Sebastián) Segurola intentó una nueva subida a El Alto, con la intención de recuperarlo. Fue un nuevo fracaso que el comandante atribuyó al desorden, la inobediencia y la cobardía de las tropas improvisadas e inexpertas. La mayor parte de las compañías estaba compuesta por simples vecinos que podían cargar armas o por personajes con grado militar, pero sin la menor experiencia en el oficio.
El 31 de marzo de 1781 se produjo la primera bajada de Tupac Catari a San Pedro y Santa Bárbara. Los diarios, salvo el de Segurola, que no menciona el acontecimiento, describen la escena como realizada con mucha pompa, en medio de clarines, repiques, genuflexiones y aplausos. Según Diez de Medina, el ‘pseudo rey’ habría tomado posesión de la ciudad en una chacarilla de los extramuros. 
A menos de un mes de iniciado el asedio, ya se iba notando la acción del hambre, por la referencia continua a la salida de mujeres que iban de madrugada a buscar algo de comer a las chacras y eran atacadas por indios emboscados en las casas quemadas y destruidas. El 6 de abril volvió a producirse otra bajada solemne de Tupac Catari. Las descripciones de estos acontecimientos son muy gráficas y enriquecen enormemente la visión que se pueda tener de tales episodios. Venía el caudillo con una comitiva de 400 a 500 indios armados, algunos a caballo y en gran silencio, que se transformó después en tremenda gritería, salva de escopetas, hondazos y agitar de banderas. Esta vez, la indumentaria de Catari era como la que usaban los incas. Diez de Medina anota: “El Tupac Catari bajó con mascaroncillos dorados en cada rodilla que llaman mascaipachas y un sol al pecho como acostumbraban los incas”. Esta indumentaria no era la que usaba Julián Apaza corrientemente; en otras bajadas se lo describe vestido a la usanza española, con cabriolé rojo, traje peninsular que consistía en una especie de capote con mangas o aberturas en los lados, para sacar los brazos, además de un pantalón de terciopelo.
En medio de la algazara, los sitiadores, que en esta ocasión no venían en son de lucha, aprovecharon para llevarse las imágenes sagradas de la parroquia de San Pedro. Sin embargo, no era ésta una actitud de sacrilegio, como la interpretaron algunos vecinos, puesto que se sabe por anotaciones posteriores y por informes de prisioneros escapados que estas tallas fueron llevadas para las capillas que mantenían los rebeldes en El Alto. Los días seguían pasando. Los diarios registran las consabidas bajadas de los atacantes, con tiros de fusil y funcionamiento de dos pedreros capturados por los indios. Las mujeres y los hombres que salieron de los muros por cebada cayeron prisioneros. Se organizó una expedición para recuperar las campanas de las parroquias de San Pedro y de Santa Bárbara, con la intención de evitar que estas también fueran fundidas por los indios. Todos se quejaban por la falta de agua, puesto que desde la iniciación del cerco las cañerías fueron cortadas y se habían desviado las aguas hacia el río. Apenas se abastecían por algunos ojos de agua que existían dentro de la ciudad.
En la segunda mitad de abril, los diarios comienzan a reflejar la situación de hambre que sufría la ciudad. Castañeda anota: “Ya se empieza a sentir el doloroso estrago que hacía el hambre entre los nuestros, murieron muchos cada día y buscando otros su alimento en los pellejos, suelas, petacas y estiércol por carecer de otros alimentos, así de carnes de mulas, perros y gatos de que se servían los más de la plebe. Se siente una irremediable peste de evacuación e hinchazón con que perecen innumerables”. Los ataques sufridos el 25 de abril fueron bastante serios. En todo el contorno de la ciudad, aprovechando la noche, atacaron con mechones de fuego, barretas para agujerear las paredes, pedradas y fusiles. Ledo escribió en aquellos días: “En la ciudad se van acabando las mulas y caballos para la necesidad de la hambre; ya no existen petacas y menos perros y gatos; cada día hay mucha lástima de necesidad de la hambre; los muchachos están buscando lacitos y cueros para asar y comer, van por los cenizales a traficar granos que han botado con la basura y así van muriendo por la necesidad que ya no hay como ponderar”.
Los diarios registran la aparición de un nuevo mal, la disentería, que hizo estragos en el hospital San Juan de Dios. Castañeda también asevera, comentando la situación en la ciudad, que los muertos aumentaban día a día, lo que ya no permitía darles sepultura: “Ni a precio excesivo se puede lograr gente que cave suficientes fosas para sepultarlos, por lo desfallecida; era difícil que se hallasen fuerzas para mover las barretas, y se ha visto ya que el que servía en cavar la sepultura fue enterrado en ella”.