Por: osé (Papo) Coss/

La verdadera raíz de las causas que han provocado esta situación caótica de la salud mundial no son la pandemia ni todas sus variantes. Tampoco la mayor o menor efectividad de las vacunas, que se han tenido que desarrollar en tan poco tiempo.

El responsable directo de la pandemia es el modelo económico capitalista, que destruye la madre naturaleza y provoca las enfermedades al romper el equilibrio de nuestro entorno. Todo para obtener beneficios económicos en manos de unos pocos, mientras crece vertiginosamente la pobreza y la desigualdad social a nivel planetario.

También se une a este complejo escenario la sociedad de consumo exagerado, que promueve ese sistema entre las naciones más desarrolladas. La realidad a que nos enfrentamos es esa, aunque los medios de comunicaciones comerciales y tradicionales se hagan de la vista larga.

Ese es el tema de fondo a analizar y discutir públicamente, como lo han expresado reiteradamente la ONU y el Papa Francisco, entre muchos otros. De lo contrario, estaremos enfrentando muchas otras pandemias y más desastres naturales, que conllevarán innumerables desgracias para toda la humanidad. “No hay peor sordo que el que no quiere oír.”

En verdad, el avaro e insaciable gran capital y su versión neoliberal de privatización de los servicios públicos, no tienen alma. Por eso, si no enderezamos el rumbo para proteger a la naturaleza, consumir menos y compartir la riqueza, vamos camino a la hecatombe. Así lo han asegurado las entidades científicas más prestigiosas.

Lo vienen afirmando los expertos de las ciencias naturales de mayor credibilidad con insistencia desde el 1992, en una Conferencia de la ONU sobre “El Medio Ambiente y Desarrollo”, en Río de Janeiro. La grave crisis climática planetaria, es la expresión de la propia madre naturaleza, buscando su sanación ante tanto maltrato del gran capital.

Más allá de la discusión sobre el origen del COVID, manejada hábilmente para provocar el pánico y el miedo de la población mundial, están los grandes intereses de las poderosas farmacéuticas. Atrevámonos a responder honestamente estas sencillas preguntas, para llegar a respuestas concretas, más allá de las teorías conspirativas.

¿Cuál es la razón para que Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson, se opongan a facilitar las patentes de las vacunas a los países más pobres? ¿No es este un crimen de lesa humanidad, ante la terrible realidad sanitaria sobretodo del continente Africano, Latinoamérica y Asia Meridional? ¿O es que el negocio para esas empresas, es más importante que la vida de los pueblos más pobres? Los estimados económicos conservadores catalogan al reciente caudal obtenido de la venta de vacunas contra el COVID, en más de 62 mil millones de dólares sólo durante el 2021. Estos sobrepasan la venta astronómica de medicamentos para varias enfermedades históricas como la diabetes y es sólo superado por el cáncer. (Telesur)

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