Según la tendencia que ha mostrado el virus en el mundo, ahora tendríamos el punto más alto en Bolivia, que comenzaría a bajar poco a poco, como ha ocurrido inclusive en Nueva York.

Es cierto, la precaución tiene que mantenerse firme. En Singapur, donde se había gritado victoria por el poco avance del virus, ahora se aplican medidas muy severas de precaución.

Nadie puede decir que está libre de esta pandemia. En Corea del Sur se han registrado 91 casos de dados de alta que fueron afectados nuevamente por el virus. Una recaída, como se dice en Bolivia.

Todo esto indica que los bolivianos pueden sentirse orgullosos por haber frenado un poco el avance del virus, pero nadie garantiza que podrían volver.

Todo esto justifica las medidas de prevención que ha tomado el gobierno de la presidenta Jeanine Áñez, adelantándose a otros presidentes regionales.

El Gobierno boliviano está como todos los demás gobiernos del mundo, sin saber qué hacer, pero nadie podría decir que ha tomado decisiones equivocadas a propósito.

¿A quién se le podría ocurrir hacer todo lo posible porque se produzcan muchas muertes solo porque quiere culpar de ellas a los gobernantes, aunque todos sepamos que la Presidenta actual no tiene ninguna responsabilidad? Todos sabemos que el gobierno del cocalero Morales dejó a la salud pública en estado lamentable.

El presidente de Estados Unidos se equivocó, igual que el de China y de Rusia, y de Alemania, de Francia, Brasil y Argentina. Es decir que todos se equivocaron. El Gobierno boliviano ha tomado las decisiones oportunas en el momento más indicado, lo que se refleja en la menor cantidad de víctimas de esos países.
Lo que corresponde ahora es que los bolivianos asuman la responsabilidad de haber impedido que cometan injusticias. No hay que olvidar que tan bolivianos son los que murieron que aquellos que siguen viviendo, privados de tantas cosas.

Este es un momento de heroísmos. No corresponde ni reprochar, ni reclamar, ni exigir; corresponde cumplir con el deber que cada ciudadano tiene.

Lo que corresponde ahora es que los ciudadanos del país beneficiado se propongan mantener el honor de ser el país con menores tasas de contagio del mundo.

Haberlo hecho con los medios y los equipos necesarios no hubiera justificado el mérito. Ahora todos esos profesionales se merecen todos los honores que el Gobierno nacional les conceda.

Ahora se trata de aguantar todas las restricciones que quedan, cuando la curva tendría que estar cediendo. Al hacerlo, los bolivianos no están pensando en ellos, sino en el futuro del país.

Los bolivianos que vivan dentro de medio siglo o más sabrán agradecer a los que en este momento pusieron el pecho para evitar que avance el virus. Muchas dificultades, muchas incomprensiones, pero un pueblo decidido a resistir.

Es cierto, los medios no abastecen, pero el ejemplo de los bolivianos es único en el mundo, según lo ha calificado Google Economics.

No hay que buscar culpables, hay que buscar héroes. Y en Bolivia los hay.

No están en las redes ni en los medios, están en los hospitales, en las clínicas, exponiendo sus vidas y las de sus parientes. Les ha tocado a ellos el sacrificio y están respondiendo bien.