Por: Hernán Cabrera /

El paro indefinido ya está inscrito en la historia de los grandes acontecimientos y de las vergonzosas realidades y atropellos que se han cometido en la instalación de los señores de las rotondas. Quizás pocos han narrado con miles de pequeñas historias reflejadas en hombres y mujeres que tenían que cumplir sus obligaciones diarias, una emergencia de salud, desplazarse a cumplir sus funciones, trasladarse a hacer compras para encontrarse con otros ciudadanos enojados, convencidos, violentos que no les permitirán el paso, haciendo uso de “el poder” que mágicamente se les ha conferido argumentando que tenían órdenes de hacer cumplir el paro y bloqueo indefinido, la misma que provenía del Comité pro Santa Cruz. Precisamente en estas jornadas de los 34 días de la medida de protesta por el Censo, tenemos que registrar estas enormes hazañas de ciudadanos comunes, que deben trabajar día a día, luchar por su seguridad y bienestar.

El señor de las rotondas se hace llamar el representante del Comité Cívico, quien se otorgó el “derecho” de parar y bloquear con barricadas a los ciudadanos que deben circular, que deben viajar, que deben hacer que funcione la empresa pública y la empresa privada; el señor de las rotondas que seguramente tiene un sustento económico que le permite organizar en horarios, en ollas comunes y decide quién puede pasar o no, es un trabajo arduo, son jornadas de 12 horas pero está convencido de que su causa es justificada. El poder conferido lo deleita y lo reclama. Si es un amigo o conocido, pasará con una sonrisa amable, pero si es un desconocido sin importar sus condiciones, su raza, su sexo, su nacionalidad, o el porqué quiere pasar, el señor de las rotondas lo revisa, interroga e inmediatamente le ordena que regrese por donde vino, la mayoría de las veces llegan a confrontación verbal que endurece y enoja al señor de las rotondas, el cual ejerce su poder y se siente victorioso y comenta con sus compañeros de rotonda, “hemos cumplido, nadie pasa, esto en definitiva marcará la diferencia”.

El paro indefinido no solo se ha llevado millonarias pérdidas económicas, perdidas sociales y culturales, sino también a confrontarnos entre ciudadanos libres y en democracia, porque los que no queremos parar somos considerados traidores y los bloqueadores son vistos como héroes. Ya veremos el día de mañana si el Comité Cívico anuncia y conmemora a los dichosos representantes de los puntos de bloqueo. Las relaciones sociales y humanas de un ciudadano a otro que puede o no estar en las mismas condiciones para soportar un paro han quedado destrozadas y se han abierto muchas heridas, al extremo que impiden el paso incluso en situaciones de emergencia, tal como me sucedió en la carretera al norte, cuando queríamos atravesar un punto de bloqueo, con mi esposa embarazada y mi hija delicada de salud, el señor de la rotonda nos requisó, cuestionó y gritó evitando que continuemos. La situación se fue calentando, se intentó explicar la emergencia, mi esposa en su afán protector de madre eufórica resalta la necesidad urgente de pasar, pero el señor de la rotonda responde “Yo también tengo hijos que se enferman y soportan”, y cuando yo me estaba por bajar con la intención de hacer respetar mis derechos, el señor de la rotonda en gritos ordenó que pasemos. Y yo me pregunto, yo veo cómo mis derechos de ciudadano en el Estado Plurinacional de Bolivia, como cruceño, son pisoteados, mis derechos terminan cuando el señor de la rotonda decide que terminan.

Así como esta historia han sucedido miles, es solo ver las redes sociales de amigos, de conocidos o las noticias en los medios digitales, algunas son subidas de nivel, donde usan el celular para grabar y probar la injusticia de las rotondas, los enfrentamientos en situaciones que no pueden soportar un diálogo acalorado, historias como los enfermos de cáncer que deben peregrinar para llegar a sus tratamientos, o las personas en emergencia, ni en ambulancias tienen el derecho de pasar, o los viajeros al aeropuerto que tienen que soportar los interminables peajes o impedir que los que no reciben un sueldo que ganan del día a día puedan trabajar, soportar los insultos y gritos “Por aquí no pasas, date la vuelta carajo”, es prueba de la injusticia de las rotondas que en algún momento deberán rendir cuentas.

Pero al señor de las rotondas no le importa si estás en emergencia, si tenés que trabajar, si no comes, si no estás generando ingresos para subsistir, él, con orgullo, exclama que es patriota, que es cruceño de pura cepa y que el sacrificio de no trabajar, que el sacrificio de parar y hacer parar a los demás será por días mejores y no se da cuenta que los intereses de quienes lo mandan son mayores, que el paro indefinido nos agarró a todos los cruceños en desigualdad de condiciones, que el paro indefinido se ha vuelto un tsunami de la vulneración de los derechos humanos y que con seguridad la historia tendrá que aclararlo y rendirlo pronto.