Orihuela Tapa

Exdirector y docente de la carrera de Literatura en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), especializado en Narrativa Hispanoamericana Contemporánea. Es poeta y músico, y un permanente estudioso del desarrollo de la literatura nacional, razón que nos llevó a buscarlo. Orihuela compartió sus influencias en la narrativa, poesía y música.

“Hay narradores que han influido mi creación poética, como Gabriel García Márquez y Juan Rulfo. Otros poetas como César Vallejo, por ejemplo, o Miguel Hernández, José Martí, Óscar Cerruto, en Bolivia, que han influenciado poéticamente mi escritura. En el área musical Alfredo Domínguez, Matilde Casazola, Violeta Parra, Milton Nascimento, y así una serie de cantantes como músicos, Serrat es otro ejemplo.
Actualmente, su tiempo está dedicado a la creación literaria, descansa de la docencia y tiene dos poemarios próximos para publicarse, pero aún no está seguro de hacerlo.
De espacio amplio, su casa está alejada del ruido, tiene varias entradas de luz y tejidos andinos que cubren gran parte de sus cojines, sillas y mesa central. 
“Tengo una fuerte filiación con el arte pictórico, el arte popular de los tejidos a mí me impresiona mucho y me gusta mucho. Son lecturas, textos, influencias en mi quehacer profesional y  literario. Tampoco puedo descartar mis estudios académicos”, explicó.

Los escritores que nombró formaron parte de un momento histórico diferente y similar en toda América Latina. ¿Cuál es su visión actual a partir de los cambios que se dan en nuestro contexto?
En el contexto boliviano, en lo que se refiere a narrativa por ejemplo, yo noto que hay un vacío grande en relación con la narrativa escrita hasta fines de los años 80 y a partir de los 90. Yo creo que hay un declive notorio en la narrativa en general y en la novela en particular. El cuento sigue siendo uno de los géneros fuertes de la literatura boliviana junto con la poesía, pero la novela ha sufrido un bajón. 
De modo que hasta fines de los 80 tenemos importantes autores, como Adolfo Cárdenas,  René Bascopé, el mismo Jaime Saenz, quienes nos dieron una narrativa importante, esa  llega hasta fines de los 80 y de pronto hay un vacío que hasta hoy no se puede consolidar con los nuevos narradores, no se puede cubrir. Lo que el imaginario cultural hace es llenar vacíos culturales. El vacío que se ha producido a partir de los 90 en novela no puede ser cubierto imaginariamente. En cambio en poesía y en cuento se destacan importantes poetas hombres y mujeres, Katherine López, Mónica Velázquez, poetas que dan qué hablar y dicen mucho.

Hay autores con fuerte influencia extranjera, como Edmundo Paz Soldán. ¿Cuál es su visión? 
Sin duda, Paz Soldán es uno de los autores que más suena en el exterior, pero creo yo que la narrativa de Cárdenas, incluida su novela Periférica Bulevar, está mucho más imbuida en un contexto nuestro. Presenta muchos más recursos, más interesantes que la narrativa de Paz Soldán, o estoy pensando también en autores de esos momentos que presentan recursos estilísticos tremendamente interesantes, estoy recordando American Visa, de Juan de Recacoechea, de 1994, una novela que está inmersa en lo local pero que despega hacia un contexto mayor. Ese es uno de los criterios fundamentales de largo aliento y alcance que se pretende universalizar a partir de un contexto mayor. Eso creo que no logra la narrativa de Paz Soldán. 

¿Cree que se esté desarrollando una narrativa que esté registrando los momentos actuales? 
Yo creo que sí. Pero quiero decir que no se pueden eludir las obras de Alison Spedding, que pese a su naturaleza extranjera es una escritora que ha rescatado poderosamente la raigambre boliviana y la expande con otros criterios, le da contextos mayores. Es una forma de ver lo boliviano, pero con un criterio mayor a algunas novelas de principios del siglo XX, que eran muy panfletarias. Con excepciones.  Yo creo que Raza de Bronce, de 1919, es una gran novela, pero en general, la visión  fue de escribir sobre lo indígena y no desde el indígena. Algo que valoro en Spedding es que sin ser boliviana y sin ser indígena crea desde ese universo. Adolfo Cárdenas  rescata un trabajo de lenguaje que incluso se hace inelegible por momentos, es imposible que un pandino entienda el lenguaje de Cárdenas, pero es una lingüística en la que se manifiesta el pueblo, entonces sí hay un trabajo interesante, pero  insisto en que todavía hay un vacío que no se cubre en novela. 

Durante su etapa como docente, ¿apreció el surgimiento de nuevos talentos? 
Yo vi muy de cerca estudiantes muy influenciados por las temáticas de Cárdenas o de Saenz que empezaron a escribir igual que ellos, empezaron a repetir. Y ahí percibí, como profesor de narrativa, ese apego a una forma de escritura que, repetida, no tiene ningún sentido. Hay esfuerzos interesantes como la novela de Calatayud, que fue objeto de críticas y controversia y está muy bien. Creo que esa es una novela que puede abrir nuevas vetas. 

¿Entonces se debe cultivar una      

escritura propia?
Esa debería ser la búsqueda. La obra Cuando Sara Chura despierte, de Juan Carlos Piñeiro, es interesante. No se puede negar la obra de Jesús Urzagasti, que llega hasta fines de los 80. Y ahí es como si se agotara y no hay respuesta concreta que convenza literariamente o reemplace a la narrativa anterior porque en esa anterior no se puede obviar Los Deshabitados, de Marcelo Quiroga Santa Cruz (58), o las dos novelas extraordinarias de Julio de la Vega, Matías el apóstol suplente (70), y Cantango por Dentro, que se publicó en 1986. Luego hay un vacío que no está logrando ser cubierto adecuadamente.

Tenemos escritores que publican a menudo en el exterior y que ganan premios con frecuencia. ¿Cómo explica eso?
Bueno. Nosotros como estudiosos de la literatura boliviana proponemos crear una tradición literaria. Un premio puede decir como no decir nada, a menos que ese autor esté generando nuevas perspectivas. Un premio se puede ganar teniendo con anterioridad una  importante obra hecha o sin tenerla, pero los premios hay que tomarlos con cuidado, con  mucho cuidado, no solo con los internacionales también con los nacionales. 
Orihuela habló también sobre la escritura femenina, destacó la obra de importantes escritoras durante los años 90, y dijo que hay que esperar para que las obras de Liliana Colanzi o de Magela Baudoin desarrollen y arranquen mucho más. De todas maneras redundó en el vacío existente en la creación de novelas. (JRH)

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