Otra vida de un uniformado policial fue cegada en la víspera por el coronavirus. En cumplimiento de su deber para cuidar la vida de los bolivianos, fue contagiado en el municipio de Montero, que se encontraba encapsulado para aislar el incremento de casos por la enfermedad.

Este nuevo fallecimiento, junto a los que se presentan de profesionales del sector de la salud, debe llamar a la reflexión a los bolivianos y analizar el por qué aún existen personas que se niegan a acatar las normas y, peor aún, quienes creen que la enfermedad es inventada.

¿Es tan difícil acaso el entender que nuestras vidas están en riesgo y que ponemos en riesgo la vida de otros? ¿Es tan difícil acaso informarse sobre lo que acontece en el mundo?

Cuesta creer que en este mundo tan abierto a la información por distintos medios, y más aún con las redes sociales, existan todavía personas que se mantengan en la ignorancia absoluta o en el no me importismo y quienes, con afanes políticos, arriesguen la salud de la mayoría de la población que realiza sus mayores esfuerzos para evitar salir de casa y resguardar su seguridad.

Sin duda y en determinado momento, esa minoría de “rebeldes” que se resisten a cumplir con lo establecido entenderá que lo que sucede en la actualidad no es un juego y mucho menos una mentira, pero esperemos que no sea demasiado tarde y que por su irresponsabilidad se sigan perdiendo valiosas vidas que lo único que hacen es cuidarnos para salir exitosos de esta pandemia.