El 12 de noviembre de 2019 Bolivia sufría el primer golpe de Estado del nuevo siglo, encabezado por un grupo de políticos violentos que prepararon todo para que Jeanine Añez asuma la presidencia que duró 11 meses.

Si bien Añez tomó el poder con la imposición de la banda presidencial a cargo de un efectivo militar, la pregunta que surge es ¿quién mandaba en el gobierno? Y para conocer al personaje de la máscara, tenemos que recordar los primeros pasajes de ese domingo 12 de noviembre.

El grupo de golpistas ingresó al Palacio Quemado con el grito de democracia y se apostaron en las gradas de la planta baja para iniciar los agradecimientos a sus correligionarios, que no cambiaban su alegría por asumir el poder ejecutivo del Estado Plurinacional.

En las gradas, Arturo Murillo cogió el micrófono de un medio de comunicación y comenzó a dar consejos (órdenes) a la mandataria de facto, “Saluda y agradece al pueblo, saluda a los nueve departamentos”, y así iban los saludos y nacían las molestias de Murillo, “Saluda a El Alto”, y Jeanine saludó al Alto Mando Militar, volvió la orden, “A El Alto”, Al Alto Mando Policial”, manifestó Añez; y el futuro ministro de Gobierno replicó, a El Alto pueblo.

Así comenzó a manejar el poder y los hilos del país quien asumiría la cartera de Gobierno y que encontraría en Fernando López, de Defensa, a su aliado para gobernar e iniciar el desfalco del país.

Murillo, tras asumir la cartera de Gobierno, comenzó a gobernar junto con Añez y López, y empezaron con la firma de decretos para reprimir a un pueblo que buscaba volver a la vida democrática y que ellos tildaban de salvajes.

Bajo la mirada desviada a un lado, Añez le permitió manejar los hilos del país a su ministro de Gobierno, quien se dedicó a trabajar en el robo, el narcotráfico y la represión a quienes pensaban diferente.

En los primeros días, Añez decidió repartir el poder y dividió las fuerzas en tres, la primera a favor de Camacho, con Longaric, Justiniano, López, Lizárraga; el segundo grupo a cargo de los Demócratas con Murillo, Parada, Rojo; y el tercer grupo con sus compadres del Beni, Núñez, Coímbra y Guzmán.

Para Añez el poder estaba distribuido, pero no las riquezas, por lo que tuvo que definir poco a poco con quienes se quedaría, por lo que empezó sacando a fichas que no le parecían importantes en el tablero y fue acomodando a los que determinaban sus dos “buenos” aliados.

Los golpistas empezaron a mover sus fichas o cambiarlas para solucionar sus problemas, como fue el caso de Camacho, que antes de pasar a una falsa oposición, solucionó sus problemas impositivos, permitió que su amigo Elio Montes recaude en Entel y se vaya del país.

En el otro lado, los coterráneos de Añez se dedicaron a trabajar y desfalcar empresas públicas en el Beni, donde el amiguismo y el compadrerío hicieron que puedan detentar el control regional dejando el poder nacional a los dos grandes aliados de Añez.

Para gobernar y desfalcar, Añez se apegó a Murillo y López, quienes iniciaron su mandato con la compra de gases lacrimógenos para reprimir al pueblo, sacaron a los que estorbaban en su camino y lograron acumular millones de dólares, como indica la denuncia del FBI en su investigación por soborno y lavado de dinero contra Arturo Murillo y sus amiguitos.

Después de siete meses del gobierno de Luis Arce Catacora, se descubre que hubo un tripartido en el mando de los hilos del país, destruyendo la imagen del país a nivel nacional e internacional.