Por: Antonio Gómez Mallea/ 

Vuelve la Feria Internacional del Libro de La Paz y con varias razones para celebrarlo, incluso desde el lema que la identifica: “Fiesta de la literatura, fiesta de la cultura”. Al respecto, se me ocurre pensar en Miguel de Cervantes, cuando decía “la pluma es la lengua del alma”.

Es decir, en la literatura se sintetizan el alma humana, la imaginación y la memoria. La literatura es la narrativa del país que concebimos y contamos al mundo.

Así, hace 63 años, Marcelo Quiroga Santa Cruz publicó la novela “Los deshabitados”, que marcó el punto de partida de una nueva etapa para la literatura boliviana, porque, como dijo Augusto Guzmán: “No es una novela boliviana. Es una novela universal elaborada por un ingenio boliviano”, donde el autor formuló la urgencia de una nueva narrativa boliviana, que dejará atrás el costumbrismo, para llegar a plantear la realidad misma, desnuda, descarnada, y que nos hiciera mirarnos como lo que somos y no somos, pero con límites insospechados en el espacio, tiempo y lenguaje.

Respecto de la “Fiesta de la cultura”, no puedo sino pensar en la siguiente definición de la Unesco: “La cultura es todo lo que constituye nuestro ser y configura nuestra identidad. Por ello, hacer de la cultura un elemento central de las políticas de desarrollo es el único medio de garantizar que éste se centre en el ser humano y sea inclusivo y equitativo”.

Lo anterior nos lleva a pensar a la cultura no solo con las artes más elevadas del espíritu humano, sino con todo lo que constituye nuestro ser y configura nuestra identidad.

Y, dentro de ello, tiene un rol fundamental el papel de la mujer; porque no puede haber democracia sin igualdad de derechos para las mujeres, y no puede haber sociedad si la mujer no la está construyendo en igualdad de condiciones que el hombre.

Por ello hay que celebrar también que la FIL, este año 2022 de la despatriarcalización, haya dedicado su principal eje a la participación de las mujeres en la literatura. Ello es un reconocimiento a que la lucha de la mujer contra la opresión colonial, capitalista y neoliberal siempre ha estado presente en la historia boliviana.

La investigadora española Lola González Guardiola dice al respecto: “Las figuras de Bartolina Sisa y Gregoria Apaza son parte fundamental de un discurso ideológico reivindicativo, que contrapone los valores aimaras de opuestos complementarios, a los valores occidentales del patriarcado, como parte de una lucha de liberación de un pueblo oprimido”.

O, en la República de Bolivia, podemos ver que el surgimiento de la lucha por los derechos de la mujer nació de la mano de los sindicatos populares de mujeres, especialmente de las artesanas anarquistas a partir de 1900, la Federación Obrera Femenina en 1927 y el Sindicato de Culinarias en 1935.

En paralelo, entre las clases medias y alta, germinaron agrupaciones de mujeres que reclamaban sus derechos civiles y políticos, entre ellos el derecho al sufragio, como el Centro Artístico e Intelectual de Señoritas de Oruro, que publicaba la revista Feminiflor, publicación a la cual esta Feria dedica una sala.

En este mismo camino está Domitila Barrios, secretaria general del Comité de Amas de Casa del Distrito Minero Siglo XX, quien, desde la tribuna de la ONU, en el Año Internacional de la Mujer en 1975, puso en claro frente a la comunidad global que la opresión de la mujer no era solo cuestión de género, sino de sistema político y económico capitalista. Y la FIL también dedica una sala a Domitila. Vayamos, pues, a la Feria y disfrutemos de todo lo bueno que tiene para darnos.