Erika J. Rivera

Entre los aspectos sociales y políticos de esta epidemia encontramos las falacias de las teorías conspirativas. ¿Qué es una teoría conspirativa? Es una explicación que atribuye a la actividad secreta de grupos poderosos acciones de larga duración destinadas a subvertir el orden social. Los sucesos importantes de la historia son atribuidos a acciones misteriosas fuera del ámbito público que realizarían grupos económicos y políticos para tumbar un gobierno o un orden social y establecer otro que sería congruente con los intereses de pequeños sectores económicos y políticos que estarían a la sombra y operarían en la oscuridad. Desde la aparición del coronavirus han circulado hipótesis no probadas de que hay grupos que actúan secretamente y que habrían inventado el virus y su forma de propagación para deteriorar un cierto orden social y favorecer al contrario. Según estas teorías, el coronavirus es un arma biológica extranjera y como tal parte de un complot para reconfigurar el orden mundial en favor de aquel país o gobierno que habrían dado la orden de crear ese virus altamente contagioso. Las teorías conspirativas tienen un mensaje común. La única protección proviene de tener acceso a las verdades secretas que los conspiradores no quieren divulgar.

Las actuales redes sociales fomentan frecuentemente la aparición de estas teorías conspirativas, además de asegurar su difusión inmediata. Estas teorías habitualmente son aceptadas porque provienen del deseo humano de descubrir un misterio oculto y así aparecer ante la opinión pública local como una persona influyente. En general son teorías que por compensación tratan de brindar un pequeño poder a personas que generalmente están lejos de las verdaderas fuentes del poder y de las informaciones pertinentes.

Una sistematización de teorías conspirativas nos muestra una difusión exitosa en torno al coronavirus provenientes de las redes sociales que son las siguientes: en primer lugar, el coronavirus habría sido planeado durante años por Bill Gates para beneficio de las empresas farmacéuticas en las cuales él tiene capital accionario. En segundo lugar la pandemia sería una amplia operación orquestada por los países occidentales para reducir la población del Tercer Mundo. En tercer lugar en Irán se sostiene que esta pandemia es un invento de los Estados Unidos para debilitar a los regímenes islámicos. En cuarto lugar en Venezuela el presidente Nicolás Maduro sugirió públicamente que el coronavirus es un arma biológica estadounidense para debilitar la economía china. En quinto lugar un importante político italiano populista, Matteo Salvini, ex primer ministro, escribió que el coronavirus es una creación china para perjudicar al resto del mundo. En sexto lugar un importante funcionario ruso con rango militar afirmó que el coronavirus no es una epidemia sino una operación estratégica global de los “poderes fácticos financieros” para reducir la población mundial a solo cien millones y abolir las libertades de los otros pueblos y para tomar el control del mundo entero. Se trataría de una enfermedad artificial creada por el sector financiero del Partido Comunista chino en connivencia con los poderes fácticos de los Estados Unidos para desorganizar las economías ascendientes de Rusia, Irán y países similares.

Se puede visibilizar que nuestra falta de formación en las distintas disciplinas del conocimiento influye a que podamos caer fácilmente en simplificaciones que coadyuven a convertirnos en ciudadanos desinformados promoviendo de este modo un malestar social que agudice la descomposición y la anomia en nuestro país. El arma que deberíamos emplear ante la falsa información es esforzarnos en comprender las fuentes y reflexionar sobre la misma de manera diferenciada y equilibrada para promover la ciudadanía activa ante los nuevos problemas del siglo XXI.