El representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Bolivia, Theodor Friedrich.

Entrevista a Theodor Friedrich, representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Bolivia

Freddy Choque / Bolivia Digital

El representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) en Bolivia, Theodor Friedrich, ponderó la riqueza natural y productiva del país, lo cual es una fortaleza y ventaja para enfrentar los efectos causados por la pandemia del coronavirus (COVID-19).

En ese contexto, dijo que no se puede descuidar los medios de subsistencia y los aspectos productivos para la seguridad alimentaria, porque si se alteran los medios de vida de la población, pueden provocarse tensiones y disturbios sociales, y postergarse los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Erradicar el Hambre y la Pobreza.

El experto, que a la fecha coadyuva en generar una serie de acciones para mitigar los efectos del COVID-19 en el país, accedió a responder algunas preguntas al periódico Bolivia, en las que destaca la biodiversidad productiva, las ventajas para salir de la crisis y las acciones que la FAO desarrolla para garantizar una alimentación saludable y accesible.

¿Cómo afectará la pandemia al sector agrícola y qué sugiere para proteger la producción y empleos?

En estos momentos aún es incierto el nivel del impacto de la pandemia en el sector agrícola, no solo en Bolivia, sino en el mundo. Nuestros análisis tienen que considerar la crisis sanitaria del COVID-19, pero también otras crisis con las que ya hemos estado lidiando, como el cambio climático o la degradación de los suelos y el agua, recursos que son esenciales para la producción agrícola.

Los análisis tienen que considerar también otras crisis debidas a enfermedades, como por ejemplo lo que pasó con el brote del ébola en África Occidental en 2014, que afectó de gran manera las cadenas de suministro del mercado agrícola, porque los campesinos no pudieron cultivar o vender sus cosechas y hubo escasez de mano de obra. Hubo regiones, como Liberia, donde el 47% de los campesinos no pudo cultivar. Las restricciones y los cierres de los mercados interrumpieron los flujos alimentarios y de productos de primera necesidad. La escasez de bienes provocó un aumento de los precios de los principales productos básicos. El impacto nutricional se atribuyó sobre todo a la reducción del acceso a los alimentos, impulsado por una caída de la actividad económica que redujo el poder adquisitivo de las familias.

Estas importantes lecciones nos hacen afirmar que, si bien las necesidades sanitarias son una preocupación urgente y primordial, no podemos descuidar los medios de subsistencia y los aspectos productivos para la seguridad alimentaria. Esto sería muy grave porque si se alteran los medios de vida de la población, pueden provocarse tensiones y disturbios sociales, y postergarse los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Erradicar el Hambre y la Pobreza.

Así, la afectación es múltiple: por la legislación se puede evitar que todos los sectores relacionados a las cadenas agroalimentarias sufran desempleo o afectaciones en su operación. Pero si por descuido de la protección sanitaria en solo un eslabón de la cadena se aumentan casos de infecciones, el cierre de estos componentes puede llevar al colapso del sector entero. Esto está sucediendo actualmente con todo el mercado de carne en EEUU por el cierre de los mataderos, que resulta en un paro de toda la producción y eliminación masiva de animales que no tienen más salida al mercado. De esta forma, la pérdida de empleo en otros sectores, como hotelería y restaurantes, o la pérdida de poder adquisitivo de poblaciones vulnerables sin reservas financieras también afecta a los mercados y las cadenas productivas agrícolas y, por tanto, los medios de vida de los campesinos.

En este contexto, lo que debemos hacer es evitar a toda costa las interrupciones en las cadenas de suministro de alimentos. Por ejemplo: restricciones demasiado estrictas de movimientos, así como el rechazo o estigmatización de los trabajadores agrícolas o dificultades para que los procesadores de alimentos —que manejan la gran mayoría de los productos agrícolas— se dediquen a la elaboración.

La escasez de fertilizantes, medicamentos veterinarios y otros insumos podría afectar a la producción agrícola. El cierre de restaurantes y la menor frecuencia de compras en tiendas de comestibles reducen la demanda de productos frescos, lo que afecta a productores y proveedores. Los sectores de la agricultura, la pesca y la acuicultura se ven especialmente afectados por las restricciones al turismo, el cierre de restaurantes y cafeterías, y la suspensión de la alimentación complementaria escolar.

En este momento y para evitar mayor impacto, la cooperación internacional es clave. Hay suficientes alimentos en el mundo, y las crisis locales pueden evitarse con la cooperación y el comercio libre.

La crisis de 2008 nos enseñó que las prohibiciones de exportación son perjudiciales para todos. Afectan de manera adversa tanto a la llegada de los alimentos allí donde se necesitan como a los ingresos de quienes los producen. Estas son lecciones que no debemos olvidar en estos momentos.

¿La FAO coadyuvará a Bolivia a salir de la crisis que dejará el coronavirus?

Actualmente estamos trabajando con las organizaciones de productores, ministerios, gobiernos municipales y el sistema de Naciones Unidas para que los productos alimenticios lleguen a los mercados. Estamos promoviendo un sondeo para conocer cuáles son las necesidades más urgentes del sector agrícola y estamos coordinando con el Estado para contribuir y facilitar sus acciones en la actual situación de emergencia.

Esos han sido los primeros desafíos para evitar cuellos de botella logísticos en el traslado de alimentos, que luego deriven en escasez.

Por otro lado, también hemos impulsado la alianza de los ministros de agricultura y desarrollo rural de más de 30 países de la región para compartir estrategias que eviten una crisis alimentaria como consecuencia de la pandemia. Hay un intercambio entre los países para aprender de experiencias mutuas, ya que todos los países estamos en la misma situación.

Ahora Bolivia y todos los países tienen el reto de ir más allá de la contingencia. Consideramos que en este momento es fundamental generar estrategias para reactivar los trabajos de temporada, como la recolección de castaña y la cosecha de quinua, atender a sectores muy afectados, como el algodonero, y tratar de evitar que haya una repercusión dramática en la producción agrícola en general a mediano o largo plazo.

Pero también hay que garantizar los insumos para nuevas siembras, incluso insumos importados, que en la parálisis del comercio internacional puede crear problemas. Y en todo esto prepararnos para otras situaciones climáticas, como una muy probable sequía.

¿Existe algún fondo de cooperación económica que se destine al país?

La FAO tiene una alta inversión destinada a proyectos en todas las regiones del país; y en este momento estamos enfocando todos nuestros esfuerzos a contribuir al país para evitar una crisis alimentaria. Además, estamos buscando cómo redirigir proyectos en curso, por ejemplo de resiliencia y recuperación de emergencias, hacia esta nueva emergencia del COVID-19.

Es importante mencionar que como parte de su respuesta al COVID-19, las prioridades de la FAO son: 1) ayudar a los países en desarrollo a prever y mitigar los efectos de la pandemia en la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia de sus poblaciones; 2) contribuir al debate sobre la mitigación de los efectos de COVID-19 en el comercio y los mercados mundiales de alimentos; 3) y apoyar a los países e instituciones de investigación en los estudios en curso para identificar posibles animales huéspedes del virus y reducir los efectos indirectos para los seres humanos.

Ofrecemos asesoramiento en materia de políticas y mejores prácticas para garantizar la continuidad y la protección de las cadenas de suministro de alimentos; proteger la seguridad alimentaria y la nutrición de las poblaciones vulnerables; la inocuidad de los alimentos; y asegurar la preparación para detectar rápidamente la COVID-19 en los animales y los productos de origen animal, si es necesario.

La experiencia y los conocimientos especializados de la FAO en fortalecer las redes de seguridad y la resiliencia de las comunidades ante la inseguridad alimentaria, y sobre la inocuidad y el comercio de alimentos, pueden contribuir a los esfuerzos por salvaguardar la seguridad alimentaria, la nutrición y los medios de vida de la población.

Adicionalmente, se han movilizado varios fondos desde las Naciones Unidas, instituciones financieras internacionales y países donantes, dirigidos a esta emergencia. El enfoque principal de estas ayudas es el sector de salud y ayuda humanitaria, pero la recuperación de medios de vida y en particular la seguridad alimentaria también son sectores de atención prioritaria. Bolivia ya está beneficiándose de algunos de estos fondos y estamos, con las otras agencias presentes en el país, identificando más recursos para ayudar en todo lo que se pueda.

¿Cuál es la ventaja de Bolivia a diferencia de otros países para salir de la emergencia sanitaria y su efecto?

Esta pregunta es muy importante, Bolivia tiene el desafío, la oportunidad y los recursos para producir una gama diversa de alimentos nutritivos, culturalmente valiosos e inocuos, en cantidades adecuadas para cumplir con las necesidades de la población de manera sostenible y soberana.

Aunque ha tenido en el pasado una fuerte importación de alimentos, tiene toda la capacidad para producir suficientes alimentos en el país y producir un excedente para la exportación y contribución al desarrollo económico del país. Además, existe la voluntad política de todos los sectores involucrados para avanzar hacia este objetivo de la seguridad alimentaria con soberanía. La crisis del COVID-19 nos ha recordado una vez más de la importancia de este objetivo.

Además, Bolivia es uno de los países más biodiversos del planeta. Todavía tenemos esta riqueza que es una fortaleza para enfrentar emergencias como el COVID-19, que seguramente vendrán de nuevo en el futuro. Si no continuamos la destrucción de nuestros recursos naturales, como la biodiversidad, los suelos y el agua, estamos mejor fortalecidos para enfrentar futuras crisis, que resultarán básicamente del colapso de los ecosistemas mundiales.

Sin entrar en tantas especulaciones sobre el origen del virus, que actualmente está azotando al mundo, la destrucción de los hábitats de la fauna silvestre, la distorsión de ecosistemas marcada por la eliminación creciente de especies, es una de las causas, porque aumentan plagas y enfermedades, y porque los humanos estamos cada vez más expuestos a las mismas. Bolivia es lo suficientemente grande para crear en este mundo una isla con ecosistemas funcionales para el bien de la humanidad y de los bolivianos.