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Reynaldo J. González

E n la inauguración de su más reciente exposición individual en el Salón Cecilio Guzmán de Rojas el pasado mes de noviembre, el maestro Fernando Montes Colque (Cochabamba, 1965) realizó un (casi clamoroso) llamado a los artistas jóvenes asistentes para que investiguen y experimenten de manera formal. 

Estos procesos, para el artista, consisten en la búsqueda permanente y personal de nuevas posibilidades en la utilización de materiales y lenguajes, un ejercicio muy común en el arte abstracto y en el Informalismo que practica con solvencia, pero extremadamente raro en el arte figurativo (especialmente en nuestro medio, curiosamente tradicionalista).   

El llamado realizado por Montes a investigar y experimentar desafiaba a los artistas —como lo hace con sus alumnos en las clases que imparte en la Carrera de Artes de la UMSA y en la Academia Nacional de Bellas Artes— a probar distintos soportes y pigmentos, a utilizar técnicas mixtas, a aprovechar de un modo más arriesgado las posibilidades de las texturas, del color, de la mancha, del accidente, y a abandonar la pulcritud como valor artístico.  

Esta concepción del ejercicio plástico queda plenamente refrendada en la producción artística que Montes desarrolla en las técnicas del dibujo, la pintura, el grabado, la cerámica y los medios del arte contemporáneo. En sus dos últimas exposiciones individuales en la ciudad de La Paz mostró esta veta en pinturas abstractas, en las que la relación establecida entre fondo y forma desapareció en favor de una pintura unidimensional en la que la textura y las variaciones en los tonos cromáticos cobran protagonismo. 

En la técnica del dibujo, que el maestro practica con disciplina y constancia, esta vocación por la experimentación se manifiesta en  obras en las que la figura humana  es contorneada sucesiva y violentamente en reivindicación de un gesto claramente expresionista.  Estas figuras son complementadas usualmente con manchas de tinta aplicadas en la técnica del dripping y con algunas manchas de color apenas controladas. (Está de más decir que en este caso la labor artística no tiene que ver con las nociones de mimesis ni belleza, por lo que es intencionalmente antiacademicista).  

Precisamente, los dibujos seleccionados para ilustrar este número de La Esquina son una muestra de este arte que en su trazo libre evoca el lenguaje despreocupado del boceto, pero que en su expresividad y regularidad estilística denota un dominio técnico envidiable. Estas obras tienen como motivo la figura humana representada generalmente de frente, con enigmáticos rasgos comunes, como los ojos oscurecidos y la presencia de pájaros o insectos. Algunas de las obras de esta “serie” también incluyen la presencia de una caligrafía ilegible, acaso como un sello personal del autor.   

Como los grandes iniciadores y maestros del arte abstracto y de la experimentación (Kandinsky y Picasso como ejemplos paradigmáticos), Montes tiene una rigurosa formación academicista y es completamente capaz de desarrollar con solvencia un arte académico dotado de todas las virtudes de una técnica tradicional. Así lo demuestran su formación en artes en la Universidad Nacional de Tucumán y en la Universidad Mayor de San Andrés, y los importantes premios que ha cosechado a lo largo de su carrera. Entre ellos, los más importantes son el Gran Premio Pedro Domingo Murillo, el Primer Premio Internacional en pintura Mercosur (Buenos Aires), el Premio de la Bienal Internacional de Arte de Cuenca (Ecuador), el Premio de la Trienal Mundial de la Pequeña Estampa de París y su inclusión en la selección Maestros del milenio del  Museo de las Américas Washington DC (EEUU).

Contacto del artista: fernandomontesc@gmail.com

 

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