Sin que nadie lo pidiera, aparece en los medios el Fondo Monetario Internacional (FMI) sugiriendo una serie de medidas de “ajuste estructural” (una palabra maldita para los pueblos latinoamericanos) para la economía de nuestro país, olvidándose, aparentemente, que el modelo boliviano está considerado el más exitoso de los últimos tiempos, admirado por gobernantes y ciudadanos de muchos países.

El Fondo (ese engendro del capitalismo monopólico financiero internacional) propone medidas totalmente contrarias al modelo boliviano y advierte que son las únicas que pueden salvar a Bolivia de una hecatombe financiera. Podría parecer una broma, pero no lo es, responde a una política imperial destinada a confundir, desorientar y generar preocupación y ansiedad en la población boliviana.

Vamos a mencionarlas simplemente para ver lo extremadamente ridículo del mensaje fondomonetarista. Plantea la supresión del pago de aguinaldo de fin de año (algo que es más que un mero pago anual, es una tradición en la economía familiar boliviana) y ojo que no habla del doble aguinaldo que en nuestro país ha sido pagado en más de una oportunidad en años pasados, precisamente por el éxito del modelo económico.

Plantea también la supresión de la subvención a los carburantes que se otorga al consumidor final, cuando es precisamente este mecanismo el que, entre otros, garantiza que la inflación se mantenga en los niveles más bajos de todo el continente. Este subsidio asegura la estabilidad y accesibilidad del costo de los pasajes en el transporte público, en el transporte de alimentos, que también garantiza precios accesibles de éstos y evita cualquier espiral inflacionaria. Si suben los carburantes, sube todo y para que eso no suceda el Estado devuelve al ciudadano en esta forma los impuestos que recibe.

La modificación del tipo de cambio, del boliviano con relación al dólar americano, se mantiene inalterable desde hace muchos años, habiendo generado no solo confianza en los inversionistas, importadores y exportadores, sino que ha logrado fortalecer la política de bolivianización de la economía nacional.

Plantea, asimismo, modificar las leyes de inversión en rubros como hidrocarburos, litio y otros minerales, con la finalidad de abrir la puerta a las inversiones extranjeras; para decirlo en otras palabras, propone entregar a la voracidad del capitalismo extranjero nuestros recursos naturales; es decir retroceder diecisiete años en la historia de nuestro país, borrar la nacionalización y desnacionalizar el país.

En otras palabras, el FMI plantea que Bolivia debe dejar de lado un modelo exitoso propio, diseñado por bolivianos y para bolivianos, para seguir la receta de un organismo que ha demostrado su incapacidad ya en varios países del mundo.

Resulta tan paradójico que el FMI dé recetas a los países, cuando cuenta en su haber el fracaso y la actual situación económica de la Argentina y varias otras crisis en casi todos los Estados que siguen sus recomendaciones. En Bolivia, queda en la memoria su exigencia del impuesto al salario en 2003, que dio lugar a una revuelta popular en pleno gobierno neoliberal o más recientemente cómo en 11 meses, junto al gobierno golpista de Añez, devastaron nuestra economía en 2020.

El Modelo Económico Social Comunitario boliviano actual, producto indiscutible del Proceso de Cambio, ha sido calificado como exitoso en varios países y el autor de éste y actual presidente de Bolivia ha sido reconocido como uno de los economistas más importantes en este momento, más allá de cualquier consideración política partidaria, pues la estabilidad en la economía alcanzada por el país es tomada como un modelo a seguir.

Por todo ello es totalmente absurdo el planteamiento del FMI, pero hay que tener claro que el imperio nada hace por casualidad o por error, siempre lleva por detrás una pesada carga de intenciones políticas. Tenemos que decirlo con claridad y convicción: ¡FMI, nunca más!