Ángel Páez

El trasiego de millones de dólares en efectivo es la marca de fábrica de la mafia. Es una vieja práctica para evitar los registros del sistema financiero, y así no dejar rastro de los fondos y dificultar la investigación de las autoridades. Pero no es un crimen perfecto. Al final casi siempre termina por descubrirse la pista del dinero.

Susana Higuchi declaró a la fiscal Gladys Echaíz que su exesposo, el exmandatario Alberto Fujimori, guardaba fajos de dólares en cajas de leche, dentro del Palacio de Gobierno.

En ese mismo lugar, según testificó Keiko Fujimori ante la Comisión Townsend, su padre le entregaba en efectivo el dinero para pagar sus estudios y los de sus hermanos en universidades de Estados Unidos. El propio Alberto Fujimori, otra vez en el Palacio de Gobierno, devolvió en maletas los 15 millones de dólares al exministro de Defensa Carlos Bergamino, que había tomado del presupuesto de dicho despacho para pagarle el soborno que le exigió Vladimiro Montesinos como condición para dejar el Gobierno y escapar a Panamá.

Fue precisamente Montesinos quien normalizó en el fujimorismo la circulación de millones de dólares para actividades ilícitas, en especial entre empresarios de los medios de comunicación, como lo corroboran los “vladivideos” que él mismo ordenó filmar pagándole a José Francisco Crousillat, Ernesto Schutz Landázuri, Julio Vera Gutiérrez, entre otros, como el abogado Vicente Silva Checa, que hasta hace poco actuó como asesor legal en la sombra de Keiko Fujimori.

Era tan normal para el gobierno de Fujimori y Montesinos circular millones de dólares en costales, mochilas y cajas de leche, que un día Sarkis Soghanalian, el vendedor de armas a quien el exasesor de Inteligencia le compró 10 mil fusiles Kalashnikov que terminaron en manos de las FARC, le preguntó sorprendido al ver que le pagaría al cash en costalillos: “¿No han descubierto en el Perú que existe la transferencia electrónica?”.

Soghanalian se revolcaría en su tumba si se enterara que concluido el régimen los fujimoristas mantuvieron la costumbre de trasladar dinero en efectivo con los mismos fines de ocultamiento, y que lo hicieron personas con pleno conocimiento de lo que hacían en la clandestinidad.

Entre ellos el director del Banco Central de Reserva, José Chlimper; el presidente del directorio de Credicorp, Dionisio Romero Paoletti; y el hombre fuerte del Grupo Gloria, Vito Rodríguez. Todos manejaron miles de dólares en efectivo de la campaña de Keiko Fujimori fuera del sistema financiero pensando que no quedaría huella. Las malas costumbres nunca se olvidan.

 

El exmandatario Alberto Fujimori  guardaba fajos de dólares en cajas de leche, dentro del Palacio de Gobierno.