Estéfani Huiza Fernández

Deslumbramiento es un texto que reúne a destacados literatos bolivianos, quienes transmiten sus experiencias sobre su proceso de creación artística. La obra se elaboró el año 2019, en plena cuarentena, mediante entrevistas por Zoom, dirigidas por la autora de ¡Hijo de Opa! El libro se encuentra disponible en editorial Kipus.

La reseña del texto escrito por la poetisa y gestora cultural Rossemarie Caballero menciona cómo 18 mujeres y 28 varones relatan sus percepciones e inicios en las letras. Gaby Vallejo introduce y presenta el libro; Evelyn Cardozo y Rosa Irene Lara reseñan la bibliografía de los involucrados, el autor de Maldito hippie comunista, Édgar Lora Gumiel, analiza y reflexiona.

“El índice muestra una interesante equidad y variedad en la perspectiva de cada participante en este singular homenaje a la literatura boliviana”, dijo Caballero.

El consagrado escritor Homero Carvalho, en un artículo para el diario Opinión,  calificó el trabajo de Vallejo como un ejemplo de talento y persistencia.

“La escritora, que ya es un mito en Bolivia, inició un ciclo de videoconferencias que, a lo largo del año, fue reuniendo a más de cuarenta escritores nacionales. La autora se ganó a pulso, literalmente, su lugar en la literatura latinoamericana y universal, cuya obra trascendió la inmediatez de la palabra escrita, cuestionando nuestras propias convicciones, logrando una obra que merece ser leída y comentada al punto de ser una autora canónica”, comentó Carvalho.

En Deslumbramiento se reúnen las intervenciones de 46 narradores bolivianos sobre qué los motivó a escribir, el libro indaga las raíces y razones de la escritura.

 “Deslumbramiento es una exploración en las profundas cavidades del escritor que olvidó o guardó las emociones ante las propias palabras escritas en el dolor, por el amor, con la soledad, entre las lágrimas, sobre la almohada, tras de los cristales de las ventanas, ante la muerte. En fin, cada escritor ha vibrado a su manera al descubrir la escritura”, contó Vallejo.

¿Por qué escribir?

Cuando Gaby cumplió nueve años, la muerte de su padre irrumpió una infancia tranquila y feliz. Esa ausencia provocó un despertar abrupto en aquella niña, le mostró una realidad que desconocía, la atemorizó, en ese momento pudo ver la complejidad de la vida. Su madre quedó viuda, sin profesión ni un oficio, nada podía hacer por sus pequeños hijos, fueron sus familiares quienes enviaban alimentos, para que ella y sus retoños puedan sobrevivir.

Los conflictos sociales, por aquellos años, campesinos matando a patrones en el valle alto, un primo al que asesinaron con crueldad por defender a su pueblo, Tarata, de la invasión de Ucureña, impregnaron sus días de lenta y profunda pesadumbre.

Las jornadas posteriores a aquellos sucesos —uno más tormentoso que el otro— parecían no acabar, aquella niña veía con tristeza la palidez de su tía, que pedía el cadáver de su retoño en la puerta de la entonces Prefectura de Cochabamba.

Gaby guarda esa experiencia como un triste recuerdo de su infancia, sin embargo contó que el amor fue lo que marcó su vida y también su escritura. La autora de innumerables libros admitió que desde niña fue muy enamoradiza y que en la adolescencia posó sus tiernos ojos en un ‘Don Juan’ de su ciudad.

Ese sentimiento tan confuso que a veces provocaba que su corazón se convierta en una flor naciente de un jardín verdusco y otra tan parecida a la noche, a su oscuridad llena de misterios, a cantos de sirenas en un puerto que no la llevaba hacia ningún lado. Aquel sufrir tan sublime que sólo conoce quien ha amado la motivó a escribir un diario interminable que todavía no tiene final y se convirtió en sus novelas y cuentos.

Cuando se enamoró, a los trece años, descubrió la fuerza que tiene la escritura, ese amor inocente que sentía por aquel hombre que aprovechó su ingenuidad para embelesarla, sin hacerse cargo de sus sentimientos, la motivó a crear un mundo lleno de palabras cargadas de sensibilidad social.

En 1954, sólo dos años después de haberse aprobado el voto universal en el gobierno de Víctor Paz Estenssoro, todavía existía cierto recelo hacia aquellas políticas que por entonces parecían descabelladas para los más conservadores. Gaby luchó contra esas corrientes de pensamiento retrógrado, sembró el campo que antes ni les estaba considerado a las mujeres para que éstas pudieran salir a las calles y disfrutar de su libertad.

“Fui señalada como ‘culpable mala chica’  por un amor inocente. Escribí,  por primera vez un texto que no era tarea escolar, sobre aquel sufrimiento. Y me describí como una avecita a la que le han cortado las alas y puesto en una jaula. Ese día sentí una especie de liberación por la escritura”, agregó.

Sin embargo, Gaby no cree que el amor sea la principal fuente de creación, sino más bien otros sentimientos y experiencias, como la rabia, la impotencia, el horror, “que permanentemente nos atrapan”, explicó.

La literatura, un territorio infinito

Para la escritora, la literatura es un territorio invisible, signado por las más diversas pasiones y emociones del ser humano, un lugar de palabras, de lo inasible, puede decir miles de cosas a personas distintas, otras veces hacer llorar y consolar o romper el alma de amor y de preguntas. “Un territorio inacabable, infinito, que se convierte en libro y libros, en bibliotecas”, explicó.

Gaby define a su escritura como una denuncia contestataria y social. Lo que la mueve a escribir es la rabia de ver a un país con mucha violencia, donde las mujeres siempre llevan la peor parte, “somos siempre excluidas, golpeadas, humilladas, los indígenas explotados o marginados, la mayoría no goza de sus derechos humanos ni los conoce. Podría seguir”, afirmó.

La autora contó además que los libros que escribe para niños y adolescentes tocan los mismos temas que sus novelas, sólo que son suavizados, disfrazados por el humor, las aventuras y las emociones de la edad.

Vallejo publicó su primera novela en 1973, llamada Los Vulnerables, con la editorial Los Amigos del Libro. La escritora comentó que la inspiración le llega de las situaciones, personajes, las mismas palabras, aunque a veces piensa que sus letras son tal vez producto de sus genes, de sus abuelos, los antiguos parientes, gentes de las calles o las que conoció algún día. “Tantas personas que tal vez habitan, piensan en mí”, agregó. 

Juvenal Nina

La consagrada escritora contó que a ella le motiva a escribir lo cotidiano, lo que sucede en el país, lo que siente desde el interior de sus venas, por eso quizá su primera novela para niños, Juvenal Nina, representa su preferencia por los niños indígenas bolivianos.

“Aprecio a esa novela por la enorme circulación que tuvo,  por las anécdotas alrededor del libro,  por su adaptación al ballet, por ser llevada al exterior muchas veces, porque  sé que han llorado por Juvenal muchos niños, porque recibí tantísimas  cartas de niños de varias zonas del país, porque le puse una dedicatoria al principio del  libro que dice  lo siguiente: ‘a mis hijos, Huáscar , Grissel y Américo, a quienes dejé sin mi ternura muchas horas, para que nazca este su hermano campesino Juvenal. A todos los niños humildes de mi patria, con esperanza’.

No le di mis palabras a la pandemia

Aunque Vallejo afirma que la llegada del Covid-19 le afectó bastante y la paralizó por meses,  la escritora publicó dos libros en ese periodo. La novela Los sin…Huella, voces de Tunupa y el libro Deslumbramiento. 

A la escritora la pandemia no le generó ningún texto.  “La vi cerca de mí, durmió conmigo, pero no le di mis palabras”, contó.

En Bolivia se lee poco

Vallejo tiene una radiografía cruel sobre la lectura en el país. “El 75%  de la población no lee nunca, nada, al Estado no le interesa la lectura”, aseguró. La falta de bibliotecas especializadas para niños, niñas y jóvenes, ni una editorial para ese sector, ningún plan de lectura, sumado al deterioro de la planificación educativa, representan para la escritora la delicada situación de la lectura en el país.

“Los maestros siguen en el siglo veinticinco antes de Cristo. Creen que Esopo escribe libros para los niños del siglo XXI. La familia es el resultado de todo esto”, manifestó.

Gaby Vallejo se cobija en ese mundo de palabras que parecen ser como un eterno acompañante en su vida, dedicó sus letras para que las injusticias sociales sean visualizadas y sus causas reivindicadas. Su despertar abrupto a un mundo que desconocía quizá fue el aliciente y la raíz de su escritura rebelde, contestataria y con un profundo mensaje de humanidad. El dolor es otro de los temas que aborda en sus libros, en ellos esa pesadumbre se sumerge en lo más recóndito e intenta tocar la sensibilidad de aquellos corazones heridos por la vida.

Su frase preferida nace a partir de esa premisa, el dolor. Hacer sufrir es la única manera de equivocarse, de Albert Camus.

“Un tanto permisiva, pero muy sabia. Es como decir sencillamente: Haz lo que quieras para ser feliz, con tal de que no hagas sufrir  a nadie con lo que haces”.

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