Gustavo Petro es el nuevo presidente de Colombia. La flamante administración del economista y exguerrillero es de izquierda y progresista. El primero en 200 años de vida independiente de su país.

Ese punto de inflexión histórico está en la línea de un emotivo discurso de posesión que marca el camino de lo que será su gobierno.

Petro quiere una vida para “vivir sabroso” con igualdad y paz para su pueblo,  aquel que se congregó en Plaza de Bolívar, en Bogotá, y que recibió con esperanza el cambio que promete.

El largo viaje del político desde la insurgencia, la guerra, la paz y la presidencia implica recorrer toda una vida.

Quizá la vida inmensa —como diría el propio mandatario— que nunca se recorre sola.

En una ceremonia de posesión cargada de simbolismos, con la espada de Simón Bolívar que ordenó traer como primera instrucción en condición de Jefe de Estado, le acompañaron obreros,  campesinos, el pueblo excluido, como nunca ocurrió en tomas de mandos anteriores.

Como exmiembro de la guerrilla del M-19, para Petro la espada de Bolívar tiene un significado especial, ya que el desaparecido grupo insurgente, recordado entre otras acciones por la toma armada del Palacio de Justicia, en 1985, tuvo esa arma en su poder durante 17 años. El movimiento la robó en 1974 y la devolvió luego de su desmovilización en 1990.

Así, el mandatario, con una vicepresidenta afrocolombiana y el pueblo unido, quiere un final diferente a la gran historia de Cien años de soledad del maestro Gabriel García Márquez.

Esas estirpes de la novela no tenían una segunda oportunidad.

Los colombianos y las colombianas, lo dijo Petro, fueron a lo largo de su historia enviados a la condena de lo imposible, a la falta de oportunidades, a los NO rotundos.

Pero hoy empieza, así lo ha marcado el nuevo gobierno progresista, la segunda oportunidad, en paz, en unión.

Luego de décadas de gobiernos conservadores, la Colombia de lo posible promete que habrá mayor inclusión social, equidad de derechos entre hombres y mujeres, protección de los recursos naturales, un cambio en las políticas contra el narcotráfico y diálogo con todos los actores armados para encontrar el cese de hostilidades definitivo.

El Presidente anunció que, para terminar de una vez y para siempre con seis décadas de violencia y conflicto armado, cumplirá a cabalidad el acuerdo de paz alcanzado en 2016 entre la desmovilizada guerrilla de las FARC y el Gobierno del entonces presidente, Juan Manuel Santos.

Es la hora del cambio para una nación hermana, para la Colombia de lo posible, para un Gobierno de la vida y de la paz.