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Redacción central – Edición impresa

“Sigamos los pasos de Jesús y seamos operadores de paz, justicia, libertad y amor”, dijo el  monseñor Sergio Gualberti, arzobispo de Santa Cruz, como parte de la homilía en la tradicional misa de gallo de Navidad celebrada en la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir.

Entre otros buenos deseos para el mundo entero y Bolivia, Gualberti sostuvo que la paz es el don que nos trae Jesús, el príncipe de la paz, un don que pide nuestra acogida y colaboración. No cualquier paz, sino su paz, fruto de su amor y su entrega a la humanidad: “La paz les dejo, mi paz les doy”. Agregó que esta paz es mucho más que la falta de conflicto y de guerra, paz que brota de nuevas relaciones con Dios y con los demás, y que es vida digna, armoniosa y fraterna para todos, según la página de la Arquidiócesis. 

“La Navidad nos llama a seguir los pasos de Jesús, el príncipe de la paz, y a convertirnos en “operadores de paz”, de justicia, libertad, verdad y amor. Un compromiso a llevar como testigos alegres y valientes del príncipe de la paz, del perdón, de la reconciliación y del amor”, dijo.

Ser operadores de paz, nos compromete a practicar la no violencia y a desarmar los infiernos de la violencia, las divisiones y enfrentamientos. En este sentido —dijo— hemos vivido una experiencia ilustrativa durante la crisis social y política de este año en nuestro país. Allí la gran mayoría de la población, al pedir el respeto del voto ciudadano y la democracia, optó por los medios pacíficos. Gracias a ese esfuerzo de paz, a las oraciones, sacrificios y privaciones de tantas personas se ha pacificado el país y se ha superado el serio peligro de una confrontación general con consecuencias nefastas incalculables.

 “Atesoremos esta experiencia y sigamos a trabajar con tesón y valentía para afianzar el proceso actual de pacificación y mirar con esperanza al desafío de consolidar la democracia en nuestro país”, subrayó.

Que el príncipe de paz, en esta santa Navidad, traiga paz, serenidad y dicha a ustedes aquí presentes, a las familias y a todo el pueblo de nuestra arquidiócesis de Santa Cruz. En particular, que el niño Dios haga sentir el calor de su amor y cercanía a los niños huérfanos y de la calle, a las personas solas y abandonadas, a los enfermos y ancianos, a los privados de libertad y a los migrantes que están lejos de su hogar.

Estas son mis felicitaciones para todos: “¡No tengan miedo! Les traigo una buena noticia, una gran alegría: hoy les ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor”. Amén