Luis Oporto Ordóñez (*) /

Los libros fueron propiedad de las élites, históricamente. En los hechos, por su naturaleza, el conocimiento fue expropiado por las clases dominantes, pues sólo las élites podían cultivar bibliotecas particulares. Como una respuesta al control del conocimiento, surgen los clubes de lectura, con el objetivo de facilitar el producto libresco en calidad de préstamo.

La clase dominante criticó esa forma moderna de acceso a la información como “lectura socialmente inútil destinada a proporcionar tan sólo entretenimiento”, pues se alejaba del concepto de “instrumento de educación para la independencia” que hace Inmanuel Kant de la Ilustración. Pero había algo más que “leer un libro sólo para matar el tiempo”, como lo comprendió Juan Jacobo Rousseau, quien dedica a ese gran público todos sus esfuerzos exigiendo “ser leído como si fuera un profeta de la verdad divina”.

De esa manera, el enciclopedista “quería entrar a través de la literatura en la vida, en la suya y en la de sus lectores”, meditada estrategia que logró que éstos se entregaran a su lectura, no “para disfrutar de la literatura, sino para superar la vida y en particular la vida familiar, a saber, aplicando estrictamente las ideas de Rousseau”.

Esos nuevos lectores transformaron dramáticamente el mercado del libro que se basó en la demanda, aplicando hábilmente nuevas formas de publicidad. En 1765, la Feria del Libro de Leipzig, una de las primeras en su género, catalogó 1.384 títulos. En 1800 la cifra subió a 3.906.

David Aruquipa, Edson Hurtado, Wiliam Tancara, Iván Castellón y LOO.

ETAPAS HISTÓRICAS

Bolivia tiene sus propios hitos. En ellos destaca la proeza cultural del Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana, quien, en medio del fragor del combate, en la guerra internacional que sostenía contra Argentina, Chile y el Perú, hizo un alto en su campaña para promulgar el célebre decreto supremo de Creación de las Bibliotecas Públicas en Bolivia, el 30 de junio de 1838. “Armas y letras”, le cantaron los vates al estadista de sangre aymara. Por un lado, blandía el sable para defender la Patria y en el otro, la pluma para impulsar el desarrollo cultural.

En 1940, el gobierno impulsó la institucionalización de la Semana del Libro en todo el territorio de la República, “con el objeto de estimular a los autores en su producción bibliográfica y procurar el abaratamiento de los libros” y se instituye las Ferias del Libro, autorizando “la realización de la Primera Feria Internacional del Libro”, para cuyo fin se instruye al Ministerio de Educación y Cultura “erogar los gastos que demande la organización de la Primera Feria Internacional del Libro”.

En nuestros hitos se encuentra la señera figura de Werner Guttentag, quien representó por decisión propia a Bolivia en la Feria Internacional de Libro de Frankfurt, Alemania (1970), Madrid, España, Israel, Buenos Aires, Argentina, y México. Participó en las Jornadas Profesionales de las Ferias de Buenos Aires, Argentina y Guadalajara, México (1988 y 1990); Feria de Liber en Madrid, España y en el Congreso de Distribuidores de Viena, Austria.

El 31 de octubre de 1995, el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada promulga la Ley 1670, del Banco Central de Bolivia. Con sensibilidad digna de mención, los legisladores insertar en esa ley el emblemático Art. 81, de creación de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia “con el objeto de mantener, proteger, promocionar y administrar los Repositorios Nacionales Casa Nacional de Moneda, Casa de la Libertad, Museo Nacional de Etnografía y Folklore y el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia”.

Vista panorámica de la Ciudadela Cultural de la FCBCB.

Era el corolario de una lucha sin cuartel de cuatro patricios bolivianos, Gunnar Mendoza, Joaquín Gantier, Wilson Mendieta Pacheco y Hugo D. Ruiz, que le doblaron el brazo al Banco Mundial que había recomendado “devolver los cuatro repositorios nacionales al Ministerio de Educación y Cultura”.

ES PATRIMONIO EN EL NUEVO ESTADO

La elección del primer presidente indígena de la República de Bolivia, el histórico 22 de enero de 2006, aceleró el reloj de la historia nacional. Nacionalizó el petróleo transformando la economía nacional. Convocó a la Asamblea Constituyente Originaria, instalada el 6 de agosto de 2006, con el encargo de redactar una nueva Constitución, promulgada en febrero de 2009, en el que destaca el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas originario campesino comunitario en el territorio nacional, cerrando un ciclo que se abrió en 1938, en el que los convencionales reconocieron la personería jurídica de las comunidades indígenas.

Los Constituyentes del 2006-2008 inscribieron el Art. 21.6, que reconoce el derecho de las bolivianas y los bolivianos de acceder a la información, analizarla, interpretarla y difundirla de forma libre, inscribiendo a Bolivia en los parámetros de los países del primer mundo y proporciona la base legal para la promulgación de la Ley 366 del libro y de fomento a la lectura “Óscar Alfaro” (2013), que regula el comercio del libro, comprendido dentro de la cadena operatoria en la que se mueven los autores, editores, imprentas, libreros y el público lector. Se suprime el IVA y se fomenta la realización de las Ferias Internacionales del Libro en La Paz, Santa Cruz y Cochabamba.

El Art. 99 declara al Patrimonio Cultural de la Nación, propiedad del pueblo boliviano y por ello es inalienable, inembargable, imprescriptible, determina la obligación del Estado para registrar, conservar, proteger, restaurar, promocionar, difundir el patrimonio cultural, con el apoyo de la sociedad en general y, finalmente, define sus componentes: “cultural, natural, paleontológico, arqueológico, documental, folklórico y de arte popular”.

Con sentido de responsabilidad histórica incorporan el Art. 100, referido al Patrimonio Cultural de los Pueblos Indígenas, conformado por las cosmovisiones, historia oral, mitos, danzas, prácticas culturales, conocimientos y tecnología tradicional. Con sabiduría, los constituyentes declaran a ese doble componente del Patrimonio Cultural como la base de la identidad del pueblo boliviano. La Ley de Patrimonio Cultural (2014), por su parte, norma su protección, enriquecimiento y proyección.

IMPACTO NOTABLE

En estos preceptos constitucionales reside la expresión y voluntad del Estado para conservar de manera científica el legado más emblemático de la sociedad boliviana: nuestro patrimonio cultural que se remonta a la época prehispánica, gloriosa para Bolivia, pues fue en los Andes bolivianos donde surgió la alta civilización Andina, que asombró y asombra al mundo entero.

Al influjo de la CPE de 2009, los municipios dieron un vuelco sobre sus concepciones de cultura, al aproximar a la ciudadanía a su quehacer, por medio de la implantación de Ferias Culturales, dinamizando los encuentros culturales, la exhibición de grupos de danza, música baile y teatro, con exposición y venta de libros, al mismo tiempo de usar esos “centros de agitación cultural”, impulsando ferias culturales en los distritos municipales.

En el caso de La Paz, el impacto de esa política es notable, pues movilizaba 200 mil personas durante siete meses de vigencia de esta actividad, con un promedio de 24 ferias, 13 espacios permanentes, cinco espacios ocasionales y la actuación de 750 elencos. Esa iniciativa se truncó por efectos de la pandemia de Covid 19, que obligó un receso forzado en las gestiones 2020 y 2021.

(*) Luis Oporto Ordóñez es historiador (UMSA) y presidente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia.