El sábado, muy suelto de cuerpo, el presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, Rómulo Calvo, salió a desafiar públicamente a un debate público a algún representante del Gobierno sobre el Censo de Población y Vivienda, de manera técnica, para justificar la propuesta de su Comité Interinstitucional.

Señaló que quería debatir en presencia de la prensa, a través de los medios de comunicación y de frente a la población para fundamentar la propuesta de realización del Censo que fue motivo del cabildo de la semana pasada. De manera inmediata, el periodista Junior Arias, del canal Detrás de las Noticias (DTV), le tomó la palabra y confirmó que el vocero presidencial Jorge Richter sería la contraparte gubernamental.

El guante lanzado por Calvo había sido tomado por el vocero, y la opinión pública ya se preparaba, desde uno y otro lado, a espectar un intenso debate que podía ser esclarecedor para conocer en detalle la propuesta de dos páginas que el rector de la universidad cruceña envió al Gobierno, para justificar sus movilizaciones y medidas de presión.

Mas el ciudadano boliviano no tendrá la oportunidad de escuchar, más allá de los gritos de plazoleta, de los exabruptos del dirigente en su tarima de orador, más allá de las amenazas y mentiras con las que hizo aprobar las supuestas resoluciones del cabildo, las verdaderas razones —si es que las hubiera— de la fecha propuesta para la realización del Censo, de manera detallada, sustentada y seria, porque Calvo huyó del debate acusando a un periodista de haberle tendido una trampa, como si alguien le hubiese jalado la lengua para desafiar públicamente a un debate.

Hasta ahora, más allá de las dos páginas de propuesta difundidas por el Comité Cívico y su Comité Interinstitucional del Censo, nadie conoce cuáles son la razones y fundamentos técnicos por los que se ha planteado una fecha expresa, distinta a la que consideran la más adecuada autoridades y dirigentes de ocho departamentos del país.

La huida de Calvo del debate no solo muestra su incapacidad de dialogar en un ambiente que no sea el de su entorno cívico o comparsero, sino también pone en evidencia la falta de seriedad de los dirigentes cívicos y de la llamada institucionalidad cruceña, como también pone en duda la seriedad de la propuesta del Censo.

Asimismo, pone en evidencia que el motivo de las movilizaciones de los cívicos cruceños no era ni es precisamente el Censo, sino que hay un fuerte trasfondo político que es el que está moviendo, con engaños, al pueblo cruceño, detrás de falsas banderas de reivindicación regional con el apoyo cínico de sus medios de comunicación que también juegan de lado de la desestabilización de la democracia.

Fue Calvo el que habló de debatir, no fue una idea del Gobierno. Seguramente pensó que nadie se animaría a debatir con el máximo líder del civismo cruceño, caracterizado por su soberbia, su forma de insultar, atacar y defenestrar sin temor alguno a quien se le ocurra, investido de un poder que le otorgan sus grupos parapoliciales de choque. No se imaginó que realmente tendría que vérselas frente a un vocero del Gobierno que explicaría con argumentos estrictamente técnicos por qué ocho departamentos, con sus autoridades departamentales, municipales, universidades y organizaciones sociales, apuestan por el Censo totalmente despolitizado y estrictamente técnico.

Otra cosa es con guitarra, otra cosa es esgrimir argumentos, lejos de la parafernalia con la que arman sus concentraciones donde nadie más que él es dueño de la verdad absoluta. ¿Qué más se puede pedir de alguien que provoca y luego huye, de alguien que tira la piedra y oculta la mano? Póngale usted el denominativo que desee, cobardía, incapacidad de debatir con argumentos, ignorancia y falta de conocimiento del tema censal o lo que se le ocurra. Pareciera que solo se trata de un bravucón, valiente en patota y cobarde a solas, muy suelto de lengua y limitado de neuronas.