El Censo se debe realizar en 2023, gritaban eufóricamente los Camacho y los Calvo, y aseguraban que nada ni nadie impediría que, con sus medidas de presión, denominadas por ellos mismos como movilizaciones, puedan lograr su objetivo. Anoche, tristemente, con los rostros que muestran claramente su derrota, salieron a decir, en contra de toda racionalidad, que el Censo se hará en 2024, pero que el paro continúa.

Camacho amenazaba hace un par de semanas que nadie, que no sea un traidor, podía aprobar que no haya Censo en 2023; que se acepte en 2024 sería inadmisible por la lucha del pueblo cruceño. Hoy el traidor fue él.

Más de un mes de un paro de actividades, cuatro muertes, violaciones en puntos de bloqueo, agresiones y extorsiones a ciudadanos, destrozos a la propiedad pública y privada, droga, alcohol y descontrol fueron los logros verdaderos de la movilización cívica.

Hay que sumar a esos logros el enorme daño económico ocasionado al pueblo cruceño, especialmente a las personas de menores recursos, a aquellos que tienen que salir diariamente a ganarse el pan de cada día, los atentados contra el derecho a la salud, al trabajo, a la libre circulación. ¿Qué se puede rescatar como positivo de este paro? Absolutamente nada. Perdió Santa Cruz, perdió Bolivia, y los responsables de este estrepitoso fracaso son unos cuantos dirigentes que pretendieron a nombre de su pueblo generar un clima de inestabilidad y desgobierno solo para satisfacer sus apetitos y aspiraciones personales.

Antes del inicio del paro, el 21 de octubre, justo antes de comenzar el paro, el Gobierno nacional ofreció la entrega de resultados del Censo y la distribución de recursos en octubre de 2024, no era necesario llevar a su pueblo al fracaso y a la derrota, cuando lo que hoy consideran un logro ya estaba obtenido antes del primer día de paro y bloqueo.

Siguen buscando una salida honrosa para su derrota, pero ya no es posible porque el propio pueblo cruceño ya ha identificado que quienes lo engañaron no habían sido las autoridades del Gobierno, sino sus propios dirigentes cívicos, pero están tan ensimismados y encaprichados en su burbuja de poder que se niegan a aceptarlo porque tendrían que responder por todo el daño ocasionado. Y no hay ninguna posibilidad de una salida como la que buscan, perdieron y llevaron al desastre a Santa Cruz. Ni siquiera una ley, que nadie puede garantizar que sea aprobada por el Legislativo, puesto que debe pasar no solo por un procedimiento establecido, sino por un debate donde las posiciones partidarias ya han expresado puntos de divergencia, servirá para decir que su movilización fue exitosa, para justificar el desastre ocasionado.

Pero no tienen la hidalguía ni la estatura moral para reconocer que se equivocaron, o que mintieron, porque el Censo fue un pretexto, el Censo ya estaba programado a través de un decreto para realizarse en 2024 y el resto, entrega de resultados y otros, es consecuencia de la realización del Censo. El Gobierno técnicamente había sustentado este tema, pero los mezquinos intereses dirigenciales cívicos quisieron hacer campaña con la fecha del Censo.

No levantar el paro y sus bloqueos ya nomás no es sino una muestra más de su intransigencia extrema, de su empecinamiento enfermizo, que solo ha llevado a su pueblo al borde del precipicio. Cuando esto termine, tendremos que pensar los bolivianos en cómo reconstruir Santa Cruz y habrá que pedir cuentas a los responsables de este desastre.