Jacques-Yves-Cousteau

Aitor Arjol*

Jacques Costeau (1910-1997) no sólo fue el padre del buceo moderno, o el inventor de la escafandra autónoma que permitía al submarinista moverse con absoluta libertad bajo el océano.
También se le considera como el mejor divulgador de todos los tiempos en relación a la filosofía y la vida marina. Una suerte de inventor, explorador, investigador y sobre todo el precursor de las películas y documentales submarinos, que él rodó durante los largos años que exploró los mares con su barco Calypso.
Gracias a Jacques Cousteau, el fondo de los océanos también llegó a la pantallas de televisión de hogares de todo el mundo, con su programa ‘El mundo submarino de Jacques Costeau’. La exploración de rincones marinos hasta entonces desconocidos, así como la defensa de los océanos y las especies que habitan en ellos le convirtieron en uno de las personalidades más recordadas. Al respecto, más de 120 documentales avalan su espíritu y legado, que al parecer hemos olvidado por ingratitud o mero capricho.
El espíritu de este inmenso ‘lobo de mar’ se une a una larga lista de personalidades ampliamente conocidas por muchos de nosotros, que también intentaron contribuir al cambio de paradigma sobre la relación del ser humano con el medioambiente, así como a fomentar el respeto por las especies animales. Entre otros ejemplos, está el de Félix Rodríguez de la Fuente, un famoso naturalista y divulgador de la naturaleza, el que mejor nos familiarizó con especies tan emblemáticas como el águila real, el lobo ibérico o el buitre leonado. Su serie documental ‘El hombre y la tierra’, rodada entre 1973 y 1980, abarca sin embargo no sólo la fauna de la península ibérica, sino también de la norteamericana y sudamericana, localizándose esta última en espacios tan emblemáticos como los llanos de Venezuela, el Orinoco o el Amazonas. Sin embargo, un accidente de avión en tierras de Alaska segó su vida y la del resto del equipo un 14 de marzo de 2017. También conviene recordar a Dian Fossey, zoóloga ya fallecida y famosa por sus labores científicas y conservacionistas de los gorilas, o a Jane Goodal, que actualmente cuenta con más de ochenta años y sigue siendo la mayor experta mundial en primates.
El espíritu de estos filósofos de la naturaleza contrasta paradójicamente con algunas asignaturas pendientes que la sociedad contemporánea mantiene, como el cambio climático, el turismo insostenible, el desdén por las humanidades, la falta de concientización, la deshumanización progresiva o la triste degradación del medioambiente. 
En este contexto, Jacques Costeau, o el ‘filósofo de los mares’, vuelve a ser noticia para bien de todos porque ahora se estrena la película Jacques, dirigida por el  director Jérôme Salle, que repasa tres décadas en la vida del explorador y submarinista francés.
Tal y como señalan algunos medios, su vida transcurrió a medio camino entre las aventuras marinas y sus desventuras personales. Al hilo de sus invenciones y del recorrido de los fondos submarinos, algunas veces en condiciones de peligro, los medios también hacen eco de otros motivos personales, como cuando estuvo casi arruinado, la pérdida de uno de sus hijos en un accidente de avioneta, las amantes que tuvo o sus dos esposas. Todo ello contribuye a forjar la imagen de un hombre que, con sus luces y respectivas sombras, nos dejó una filosofía única: la posibilidad de ser mejores personas. Es como si, después de todo, él se hubiera dedicado a escribir sobre los océanos. Un escritor de fondos marinos. Un navegante al que no se olvida por la trascendencia de lo que nos dejó, como algunos escritores de alma universal.

*Escritor español radicado en Ecuador