Pablo Jofré Leal

Apenas con dos meses de gobierno, el mandatario estadounidense Joe Biden ha generado un terremoto de proporciones, al calificar al presidente ruso, Vladimir Putin, de “asesino”, con toda la carga que tal concepto conlleva.

En una entrevista concedida a la cadena de noticias norteamericana ABC y su programa Good Morning America, el mandatario demócrata respondió ante las preguntas del periodista George Stephanopoulos. Una de ellas mencionó los resultados de un informe de inteligencia estadounidense, que acusó en forma directa al presidente ruso de “haber autorizado una campaña de injerencias digitales en las elecciones para perjudicar a Biden”. Frente a esta interrogante el presidente estadounidense señaló que Rusia “pagaría las consecuencias por esta acción” Pero, no contento con esta amenaza respondió lacónica, pero claramente a la pregunta ¿cree usted que Putin es un asesino? Haciendo referencia al envenenamiento del opositor ruso Alexéi Navalnyi ““Mmmm… lo creo”, respondió el mandatario demócrata quien agregó además que el mandatario ruso “no tiene alma”

El informe mencionado fue elaborado por el Consejo Nacional de Inteligencia (1) que reúne a siete agencias y ministerios destinados a procesar información de inteligencia y entregar a la presidencia documentos de análisis para la toma de decisiones definidos en el ámbito del pensamiento estratégico. Uno de esos informes es el que toma Biden, como base para acusar a Rusia pero donde también se menciona a Irán, Cuba y Venezuela. Lleva por título “Amenazas extranjeras a las elecciones federales de Estados Unidos de 2020”. Un informe que en su desarrollo niega una de las acusaciones vertidas contra el gobierno de Venezuela respecto a que habría logrado hackear los sistemas de voto en las pasadas elecciones de noviembre del 2020 en Estados Unidos, como acusaron falsamente los abogados de Trump. Lo más probable es que tras la publicación del citado informe se anuncien una nueva ronda de sanciones, no sólo contra Rusia, sino también contra China, la República Islámica de Irán y Venezuela. Ya el día 17 de marzo, se informó que Estados Unidos incluyó a Rusia, en la lista de aquellos países a los que niega licencias de exportación e importación de artículos y servicios de defensa.

En la mencionada y polémica entrevista, Joe Biden dio cuenta que a fines del pasado mes de enero, apenas con un par de semanas en el cargo, conversó en forma telefónica con Putin consignando, que le advirtió sobre las implicaciones que tendría en las relaciones entre ambos países, el que Moscú haya intervenido en las elecciones presidenciales (acusación que hasta el día de hoy no cuenta con pruebas ni fundamentos plausibles). Biden continuó su relato dando a conocer que en la conversación le dijo al presidente ruso “te conozco y me conoces. Si establezco que esto ha ocurrido (la mencionada injerencia electoral) tendrá efectos”. Con énfasis le señaló wal periodista que ante ello “pagará las consecuencias, pronto lo verás”, agregando “lo que más importa cuando tienes que enfrentarte a líderes extranjeros y he tenido que hacerlo con varios de ellos, es saber la persona que tienes al frente”. Biden, el aparente afable anciano sacó las garras y con ello nada bueno se puede esperar en el plano internacional. Ni siquiera Trump, con su inexperiencia en el plano internacional, tuvo tantos exabruptos en tan pocos minutos de entrevista.

Debo reconocer que ante esta sorpresiva y categórica afirmación traté de hilvanar algunas líneas de entendimiento. La primera fue por el lado médico neurológico y lo asocie a un tema de demencia senil, toda vez que Joe Biden, es el presidente con mayor edad elegido en el país norteamericano. La demencia senil es un trastorno neurocognitivo mayor y es el nombre que se da a un síndrome que se caracteriza por el deterioro de las capacidades psíquicas de la persona afectada, especialmente de las capacidades cognitivas. Posteriormente transite por la explicación más en el campo de los desórdenes mentales ¿será expresión de locura la de Biden con esta afirmación” Entendiendo que la definición más convenida respecto a la locura es que se trata de la privación del juicio o del uso de la razón. Cuestión cercana pues acusar al presidente de un país de asesino sin ofrecer pruebas o llamados a presentar una acusación en la Corte penal internacional resulta, al menos, poco razonable.

Finalmente y visto mi escaso conocimiento en los vericuetos de las patologías mentales, deseché ambas explicaciones y me incliné por la puesta en marcha de una calculada estrategia destinada a ejercer mayores grados de presión contra la Federación Rusa, abriendo otro flanco de confrontación que se une a aquellos que los enfrenta: en el plano de los acuerdos sobre armas nucleares, los contenciosos respecto a Ucrania y Crimea. Los peligrosos y provocadores avances militares de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hacia la frontera occidental rusa. Los roces por el apoyo que da Moscú a la sociedad y el gobierno sirio en Asia Occidental. Los roces derivados del vínculo ruso-germano por el gasoducto Nord Stream en la zona del Báltico como también el erigir un arco de relaciones, claramente en contradicción, con los intereses hegemónicos estadounidenses, conformado por la misma Rusia, China e Irán y aquellos países, que han sufrido las presiones y las políticas de fuerza de Estados Unidos. ”. (Tomado de Hispan TV)