• Estéfani Huiza Fernández/

El escritor Daniel Averanga, junto con otros jóvenes alteños comprometidos con su ciudad, trabaja en una red de Bibliotecas Populares y Comunitarias al servicio de obreros, amas de casa, estudiantes e investigadores. La segunda de ese tipo abre hoy sus puertas en la zona 6 de Junio de El Alto.

El Centro Cultural y Gastronómico Sisa Katari inauguró su Biblioteca Popular Eduardo Leandro Nina Qhispi, el segundo centro bibliográfico en la urbe alteña que está abierto a todo público, es de ingreso gratuito y pretende llegar a lectores de todas las edades. El primer recinto de estas características es la Biblioteca Popular Cripín Portugal y está ubicado en el Centro Cultural Amta, en la avenida Juan Pablo II.

Eduardo Leandro Nina Qhispi fue un destacado intelectual indígena que luchó por la educación del sector campesino. Nina sostenía que la educación del indígena debiera ser orientada hacia la justicia y la verdad, dada las situaciones de abuso que enfrentaba.

La biblioteca que lleva su nombre será atendida por Brissa Nina Quispe y Samaki Jesús Humérez Oscori, quienes contaron que el proyecto inició gracias a las gestiones y el impulso del escritor Averanga.

“Muchas veces nuestros abuelos fueron engañados porque no sabían leer, Nina Qhispi fue uno de los impulsores de la cultura y la educación de los aymaras, inculcó que el libro es un arma que sirve para liberarse de la opresión”, agregó Humérez.

La gestora Brissa Nina recalcó que el lugar además será un espacio de debate y reflexión intelectual.

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El gestor cultural aseguró que en El Alto no existen bibliotecas para consulta y menos para investigar, por ello el centro cultural pretende contribuir a la difusión y producción de conocimiento.

Averanga contó que la iniciativa de crear esta red de bibliotecas es un proyecto a largo plazo y surgió para desmitificar a la urbe alteña.

“Desde antes de 1980 El Alto fue pilar de la revolución económica de Bolivia, ahora estamos haciendo una revolución cultural. A las alcaldías nunca les interesó la difusión cultural, las bibliotecas son lugares donde se puede transmitir cultura, por ello nosotros necesitamos abrirnos estos espacios”, agregó Averanga, y aseguró que en Bolivia la gente lee, pero no existen espacios para que se practique ese hábito.

Donaciones

La biblioteca contó con la colaboración de Álvaro Vásquez, Julián Vargas Talavera, Carlos Moreira Fuentes y Jeanethe Mamani, entre otros.

La Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (FC-BCB) también se sumó a la donación de libros, la importante colección bibliográfica fue entregada por su presidente Luis Oporto Ordóñez, quien destacó la iniciativa de jóvenes alteños y su compromiso con la difusión cultural de su ciudad.

“Hemos traído libros que recopilan las últimas investigaciones referidas a la cultura, artes, ciencias sociales e historia. Además tenemos libros clásicos como el escrito por el más grande cronista que generó Potosí, Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela”, sostuvo Oporto.

La Editorial del Estado también donó una cantidad considerable de textos y manifestó que como Gobierno se tiene la obligación de aportar a la democratización del conocimiento.

“Uno de nuestros preceptos es promover la lectura y fortalecer el acceso al conocimiento, seguiremos apoyando a estas causas que aportan a la cultura”, agregó.

Sobre Nina Qhispi

Eduardo Leandro Nina Qhispi, oriundo de Taraqu, de la región lacustre del Titicaca, había migrado a la ciudad de La Paz en 1922, puesto que su comunidad conjuntamente con otras de Taraqu habían sido enajenadas en 1905 en favor de Ismael Montes.  Además estaba bastante informado de los cambios políticos y los movimientos indígenas que se habían desarrollado entre 1921 y 1927 así como la caída de los liberales del poder y el manifiesto de Taraqu en 1920; también la sublevaciones de Jesús de Machaqa en 1921 y de Chayanta en 1927. No solo eso, también conocía a personajes importantes de la época, a Arturo Posnanski por su trabajo sobre la cultura Tiwanaku y a Hernando Siles y Daniel Salamanca como políticos y presidentes de la República. 

Según relata: “Desde pequeño me llamaba la atención cuando veía a los caballeros comprar diarios y darse cuenta por ellos qué sucedía; entonces pensé en aprender a leer y mediante un abecedario que me obsequiaron noche tras noche comencé a conocer las primeras letras”.  Nina Quispe no se quedó con saber leer los periódicos, sino que se preocupó en enseñar a otros, llegó con esfuerzo y sacrificio a establecer una escuela indigenal en la ciudad de La Paz. (Información extraída del blog Pueblos Originarios)