jUSTINE-JAC

Claudio Sánchez (*)

El realizador Jac Ávila ha vuelto a estrenar otro largometraje en la valoración cuantitativa que puede hacerse de la última década del cine nacional, el director quizás figure en el puesto uno de quién ha estrenado y realizado la mayor cantidad de largometrajes en los últimos años. En realidad, la casa productora de Ávila, Pachamama Films, ha estrenado desde 2010 a razón de un título por año. Fue con Sirwiñakuy (Amy Hesketh, 2010) que se abrió esta sorprendente capacidad de producir y estrenar largometrajes que permiten repensar las formas de producción en nuestro medio.
El de Pachamama Films es un cine de nicho que se ubica entre la violencia y el erotismo, aunque con los años ha ido ganando en su construcción cinematográfica dejando de ser solo un ejercicio audiovisual para dejarse seducir por los códigos de los géneros en los que se puede inscribir cada una de las películas defendiéndose con argumentos propios frente a la ola de cuestionantes que siembra sobre el trato que hace de la violencia en un país que sufre continuamente el atropello contra los seres humanos en diferentes niveles. 
Otra de las particularidades de Pachamama Films, a lo largo de estos años, ha sido la adaptación literaria. En este caso particular se trata de llevar a la pantalla Justine o los infortunios de la virtud, la obra del Marqués de Sade que ahora se titula solamente Justine. 
El antecedente mayor de esta adaptación es Marqués de Sade: Justine (1969), del director español Jesús (Jess) Franco, que cuenta con el mismísimo Klaus Kinski en el papel del Marqués. La versión boliviana le devuelve a la pantalla una obra erótica de un alto valor recurriendo al lenguaje cinematográfico, hay un pensar el cine traducido en la puesta en escena que no se limita a mostrar la violencia, sino que construye narrativas sencillas para contar este complejo drama.

((*) Crítico de cine