Cusi en el programa Somos Democracia. Foto: ABI

Bolivia

“Fui sometido a cinco cirugías, me redujeron cinco centímetros de mi intestino y estuve con la herida abierta porque no había funcionamiento en mi organismo, pero gracias a Dios estoy vivo y ahora lo único que pido es justicia, porque estos hechos no pueden quedar impunes”, dijo Teófilo Cusi, una de las víctimas de la masacre de Sacaba, en noviembre de 2019, en Cochabamba.

El impacto de una bala perdida, disparada presuntamente por militares o policías, llegó a su humanidad cuando marchaba pidiendo paz para Bolivia y para evitar que sus viviendas sociales, entregadas por el gobierno de Evo Morales, sean quemadas.

Cusi contó que cayó herido de bala el 11 de noviembre de 2019 a la altura de Huayna Cápac, en la zona sur de Cochabamba. Encima de eso fue golpeado sin piedad con palos por los policías en el suelo.

Relató que en el lugar donde se encontraba vio mucha gente herida y otros perdían la vida por los disparos de los policías, los gases lacrimógenos lanzados hacia los manifestantes impedían respirar y varios caían desmayados.

Herido, lo trasladaron juntamente con 30 personas hasta el hospital de Univalle, pero por falta de recursos económicos no fue atendido. Cusi, casi inconsciente por el dolor, pudo escuchar cómo los policías los insultaban y los humillaban sólo por ser humildes y haber salido a defender a sus familias. Les gritaban palabras difíciles de reproducir.

Ahora que pasaron más de dos años, Teófilo aún tiene dolencias serias en el estómago, pues la herida no cicatrizó bien y eso le genera molestias en la columna y las caderas. No puede comer bien y peor desenvolverse como antes, pues ahora su esposa genera los recursos para alimentar a su familia, vende frutas en La Cancha, en Cochabamba.

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