La Cámara Boliviana de la Construcción (Caboco) informó al Gobierno nacional que las empresas afiliadas están viviendo una “asfixia” que podría ser terminal.

Se trata del sector de la economía, que tiene la más rápida capacidad de absorber la mano de obra, pero también la mayor velocidad en despedirla debido a la naturaleza de sus actividades.

Se benefició del auge de ingresos que se dio en la economía nacional, sobre todo de parte de la economía ilegal. Sobre la economía ilegal y su capacidad de financiar la construcción no existen estadísticas, pero se calcula que son muy grandes.

El sector ha tenido la mala suerte de firmar contratos con el gobierno del cocalero Morales, pero le ha ido muy mal.

Cuando el cocalero huyó del país, a bordo de un avión mexicano, su gobierno debía a las empresas constructoras más de Bs 700 millones.

Algunos ejecutivos del sector dijeron que no habían dicho nada antes porque los pagos eran siempre muy demorados.

Todo indica que el gobierno del cocalero Morales gastaba más dinero haciendo propaganda de las obras que entregaba que pagando a las empresas que las habían construido.

La propaganda era lo primordial, la prioridad mayor. Todo lo demás podía esperar. Los medios oficiales estaban obligados a repetir esas “noticias” y los medios comprados por los amigos del régimen recibían pagos por repetirlas, mientras que los demás se dividían entre los que estaban obligados a difundirlas porque de lo contrario se les aplicaría una multa tributaria tan desproporcionada que para pagarla hubieran tenido que vender sus empresas, y los que eran tentados con contratos de publicidad.

Era el reinado de la mentira. Las obras ni siquiera se terminaban, pero la propaganda se estaba difundiendo y repitiendo en todos los medios. Un alcalde masista llegó a inventar la existencia de un pueblo para recibir dinero y despilfarrarlo, como hacían los miembros del entorno del cocalero.

Si el dinero de la propaganda se hubiera destinado a pagar a las empresas constructoras, en este momento no habría tantos desocupados en el sector. Cuando se haga una auditoría de todo esto, el país sabrá cuánto dinero fue desviado por el gobierno del cocalero a fines ajenos.

Por el momento, el sector de la construcción es el que sufre y advierte que se está muriendo de asfixia. Esto quiere decir ―dicen expertos del sector en Santa Cruz― que la crisis podría estallar en cualquier momento.

Si ese estallido ha de llegar hasta el sector financiero lo dirá la realidad. Por el momento todos miran hacia los funcionarios del FMI o del Banco Mundial, que anuncian el fin de la pesadilla para los próximos meses.

Lo que corresponde ahora a los ciudadanos bolivianos es aprender cuáles son los mejores criterios para ahuyentar al virus. Deben defender a quienes se dicen políticos servidores de la gente, pero terminan descubriéndose como corruptos, que es lo que ocurrió en los anteriores catorce años.

Lo que sí quedó claro es que nadie quiere elegir a una persona que se convierta en servidora de mafias internacionales, de bloques de países que proponen imponer el narcotráfico como mayor actividad económica del país. Eso, los bolivianos lo han descartado claramente.