ALE Y JULIO

Jackeline Rojas Heredia

Este sábado 29 de abril se rememora el nacimiento de Alejandra Pizarnik, poeta argentina con fuerte influencia francesa. A través de su escritura reveló  su permanente contacto con la ‘no existencia’, entendida como la imposibilidad de no existir, de la presencia en ausencia. 
Alejandra Pizarnik fue más que la creadora de lo profundamente absurdo. Es la poeta loca para quienes requieren de una explicación más simple, que ayude a digerir lo que es creado y en concordancia entender la esencia del creador. 
Pizarnik se suicidó a los 36 años. Las aguas enturbiaron y engordaron el río. Demasiada búsqueda de razones en su palabra ¿Y si leemos al revés? ¿Si desandamos el camino de la lógica habitual?
¿Si se comprendiera al suicidio como un acto de amor por la vida? Solo quienes prueban el sabor intenso de lo hermoso, quienes viven  a plenitud y quienes perciben belleza de cuanto ofrece la creación son capaces de inclinarse por el suicidio porque se debe comprender que no todos los poetas inventan frases y enlazan palabras para alimentar el ego.
Están aquellos en cuya sola existencia se explica la belleza. Ensoñación profunda, deseo de perpetuidad para lo puro y diáfano, para que lo bello no pase a ser como todas las cosas, mera  monotonía de la existencia cotidiana; es mejor acabar con lo último, con los ojos que aprecian, con el sentimiento que descubre,  con los dedos que crean infinitas formas para completar el ensueño. 
De ese modo la vida se eterniza en la esencia, ser, espíritu, que de manera corpórea se aprecia. Eso explica por qué Alejandra es ese bicho con ojos de niña que sin pinceles crea constelaciones a mero capricho de su voluntad.

Ana Nuño, compiladora de la Prosa Completa de Pizarnik (editorial Lumen-Argentina), afirma: “Importa menos, en este sentido, la extensión de los relatos que la intensa concentración en ellos de un trabajo de escritura que busca exaltar los poderes del lenguaje. Éste es —y  no la muerte o la locura o el suicidio— el gran motor de la obra de Pizarnik”.
El árbol de Diana, cuarto poemario de Pizarnik, genera diversidad de sentidos que unidos unifican el universo.

La pequeña viajera moría explicando su muerte.
Sabios animales nostálgicos visitaban su cuerpo caliente

Estas son las versiones que nos proponen: un agujero y una pared que tiembla. 

Y entre su prosa…

Niña en Jardín
Un claro en un jardín oscuro o un  pequeño espacio de luz entre hojas negras. Allí estoy yo, dueña de mis cuatro años, señora de los pájaros celestes y de los pájaros rojos. Al más hermoso le digo:
-Te voy a regalar a no sé quién.
-¿Cómo sabes que le gustaré? – dice.
– Voy a regalarte digo.
-Nunca tendrás a quien regalar un pájaro —dice el pájaro. (1966)
Escribió en prosa La condesa sangrienta (1971). Y si se califica de “interesante” esa historia, Alejandra se mofaría, reiría en punto ironía y escupiría la palabra “interesante”.
 

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