Roberto García

El multilateralismo nacido en San Francisco al finalizar la segunda posguerra es cada día más disfuncional. La caída del muro de Berlín como punto de partida de un mundo más estable e inclusivo quedó en un espejismo. Las expectativas de contar con un mecanismo multilateral más cooperativo han quedado sofocadas por políticas de poder. Naciones Unidas y la amplia mayoría de las instituciones del sistema muestran una afectación crónica.

Los esfuerzos en temas prioritarios para la supervivencia del planeta, el bienestar de la humanidad y la seguridad colectiva prevista en la Carta de las Naciones Unidas, han quedado postergados por la pugna entre potencias tradicionales y emergentes. La beligerancia arancelaria que transgrede las normativas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), es un ejemplo. La Cumbre del G20 en Osaka muestra también la falta de voluntad suficiente para administrar los problemas y desafíos globales.

La forma que adopte el multilateralismo será esencial para encarar y eventualmente resolver los graves problemas que enfrenta el planeta. Es hora de que los defensores del multilateralismo convoquen a una coalición de países a favor de una diplomacia multilateral del siglo XXI para estimular resultados concretos. Argentina, junto con América Latina y el Caribe, debería estar con pragmatismo a la vanguardia de recrear un sistema multilateral más acorde con las nuevas exigencias de la realidad internacional. También sería un paso en la defensa conjunta de los intereses regionales.