En todas las latitudes del mundo se debate acerca de si es conveniente o no paralizar la economía para frenar el avance del coronavirus, un enemigo implacable que avanza en todas las direcciones.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, teme que una parálisis de las actividades económicas pueda matar más gente que el virus.

Pero muchos países han optado por impedir la libre circulación de las personas para quitarle al virus sus vías de expansión, porque sus características conocidas dicen que es un virus que no vuela sino que es transportado por las personas.

Quizá algunos países tengan situaciones holgadas, pero ocurre que Bolivia necesita frenar la circulación de las personas porque de esa manera frena la expansión del virus, que viaja a bordo de las personas.

Bolivia tiene que frenar la circulación del virus porque necesita impedir que crezca y produzca una situación que ponga en evidencia el desastroso estado de la salud pública.

Los representantes del gobierno anterior dicen que Bolivia debería aceptar la ayuda que ofrecen Cuba y China, lo que es una forma de admisión de que Bolivia sólo puede resolver este problema con ayuda externa, porque los recursos con que cuenta son insuficientes. Además, esos países no tienen posibilidades reales de ayudar a nadie.

Durante catorce años, el gobierno del cocalero Morales y su ministro de Economía, Luis Arce Catacora, mezquinaron los recursos que podían recibir la salud y la educación, sólo porque quería privilegiar a la propaganda.

Las cifras son conocidas. Entre 2006 y 2018, el MAS destinó a propaganda 4.000 millones de dólares pero a salud menos d 2.000, lo que se pude observar ahora, cuando ha llegado la pandemia.

Lo que ha hecho el gobierno de la presidenta Jeanine Áñez es construir diques que obstaculicen el avance del virus, porque quiere evitar que el mal muestre que el país no cuenta ni con los medios más elementales para enfrentarla.

En las redes sociales se puede leer que el país cuenta con solamente 30 respiradores, pero que necesitaría por lo menos 20.000. Si el cocalero Morales hubiera destinado los 38 millones de dólares que gastó el comprar el avión Falcon, se podrían haber comprado 3.800 respiradores. Los 7 millones de dólares gastados en el museo de Orinoca hubieran servido para comprar 700 respiradores.

En este momento, comprar esos respiradores es un problema porque la demanda es muy grande: todos los países los requieren y hasta el precio ha subido. Si se hubieran comprado hace diez años, cuando el país tenía todos los recursos gracias al auge de las materias primas, hubieran costado muchísimo menos. Pero el gobierno de entonces tenía otras prioridades, como construir canchitas, museos para alimentar el ego de un dictador, que tenía sueños faraónicos o comprar cosas inservibles sólo para cobrar comisiones o autorizar sobreprecios. Los 340.000 millones de dólares despilfarrados por el cocalero Morales hubieran servido para dotar a Bolivia del mejor sistema de salud pública de América latina.

Todos esos recursos tendrían que ser recuperados. Los juicios ordinarios o de responsabilidades que se hagan deberán ser concebidos para buscar las formas de recuperar todo el dinero robado.

Fue un asalto, un pillaje. Ahora, cuando llega el virus, resulta más imperdonable.