Por: Carlos Echazú Cortez/

Uno de los ataques que la derecha en Bolivia dirige a la política educativa del gobierno del proceso de cambio es que ésta “sería muy ideologizada”. Apuntan, fundamentalmente, al planteamiento de la descolonización de la Educación. Afirman —no creo que lo piensen en serio, pero les sirve para interpelar— que lo que pretende el gobierno es adoctrinar a sus hijos y, con mucha vehemencia, pero con poca convicción, sostienen que no lo van a permitir. Ahí está planteada la batalla y eso es lo que ellos quieren en el fondo; crear la mayor cantidad posible de campos de batalla, en el plano político, económico, social, cultural, etc.

Se equivocan de cabo a rabo en sus pretensiones de convencer al público que descolonizar la educación sería lo mismo que adoctrinar. En realidad se trata justamente de lo contrario, pues la mente colonizada no razona, sólo repite y memoriza. Por eso la descolonización implica la liberación de esas cadenas, de tal modo que nuestros estudiantes comiencen a pensar con sus propias cabezas, dejando de repetir y memorizar lo que siempre se les ha inculcado.

Ahora bien, por otro lado, llama muchísimo la atención cuando hablan de una Educación ideologizada. Veamos el concepto favorito que tienen para caracterizar una educación de calidad, según sus criterios. Entonces inmediatamente les viene a la cabeza el concepto de Educación Competitiva.

De ahí surge la pregunta, ¿en serio creen que el concepto no tiene una ideología por detrás? ¿No lo creen o pretenden que no se dan cuenta? Esa es una verdadera interrogante. Pues bien, habrá que recordarles entonces la teoría del Darwinismo Social, en la que el ser humano ha evolucionado, según la lógica de la supervivencia del más fuerte y la extinción de los más débiles. Según está lógica, la vida es una competencia en la que el ser humano se juega, justamente, la vida. Pongamos a la Educación competitiva en ese contexto ideológico y cabe como anillo al dedo.

Pensemos, por otro lado, en Adam Smith, cuya teoría económica es una exaltación a la libre competencia. Según su lógica, la economía sólo puede desarrollarse si existe una libre competencia y la autoridad (léase, el Estado) no pone límites a esa competencia. Entonces, los poderosos destruyen a los débiles y se jactan de ello; nuevamente, la competencia de la vida. Detrás de Adam Smith, todos los liberales, Jeremías Bentham, Milton Friedman, Fredric Hayek han dado loas a la competencia “libre”.

Así pues, en el “paraíso” del mundo liberal, Estados Unidos, la vida es toda una competencia, y está compuesta por ganadores y perdedores. Todos quieren ser “ganadores” y consideran un insulto ser llamado “perdedor”.

Después de considerar todo esto, ¿todavía tiene cara, la derecha, para acusar a la política educativa del gobierno del proceso de cambio de promover una Educación ideologizada?

Ni siquiera son consecuentes con sus adagios a la libre competencia, puesto que siempre han promovido las competencias más desiguales que pueda imaginar la mente humana. ¿Han pensado los liberales si su competencia es justa? ¿Han meditado si todos los competidores tienen el mismo punto de arranque? ¿Han pensado los liberales si todos los competidores tienen los mismos recursos? Nada de eso les importa, pues su competencia es una competencia sin valores. Al ser sin valores, su competencia educativa cae por sí misma, pues una educación que no provee valores, no es educación.

¿Han pensado los liberales y neoliberales en fundamentos pedagógicos de su Educación competitiva? ¿Qué dicen respecto a los postulados de educadores en relación a que cada quien tiene su propio ritmo de aprendizaje? ¿Cómo podría caber una Educación Competitiva en esos marcos? Pues, no. Ninguna educación de calidad puede caber en esos postulados ideológicos.