bolillo_fusilamiento jáuregui

Jackeline Rojas Heredia

La comunicación en el tiempo actual, a través de Internet y redes sociales, nos permite contar con una inmediatez que hace décadas y siglos era imposible imaginar. El intermediario, entre el remitente y destinatario, que fue el papel escrito, se diluye en millonésimas de partículas en una nube, un espectro invisible que impide el disfrute de ese algo sólido que además de traernos palabras escritas llegaba con aromas, con textura, con un algo que permitía soñar que una parte de su remitente había quedado impresa en ese papel.
De algún modo, la epístola renace en la obra de compilación realizada por el periodista, escritor e historiador Mariano Baptista Gumucio, Cartas para Comprender la Historia de Bolivia, una edición de misivas que inicia con una de Cristóbal Colón dirigida al rey Fernando el católico, en la que le cuenta, cuatro meses después de pisar tierra americana, sobre el comportamiento de las poblaciones indígenas, sus modos de ser ‘naturales’, la ingenuidad ante los visitantes, sus creencias en divinidades de la naturaleza y las riquezas poseídas, cuyo valor, según Colón, no era algo claro entre los habitantes de las tierras visitadas.
Colón manifiesta respeto por esas poblaciones y comenta con el rey sobre los ‘engaños’ de los que eran objeto de parte de los españoles, los intercambios ridículos que hacían, como el trozo de vidrio intercambiado por objetos de oro. La escritura revela también el uso de ese ‘castellano preciosista’, con abundantes palabras en 10 líneas para expresar una idea que hoy puede resumirse a una línea. Pese a eso, la carta nos introduce a la época, al contacto antes de que se hiciese inminente la conquista y la esclavitud.
Una de 44 misivas que toma en cuenta la obra, algunas incluyen respuestas. Se trata de una interesante propuesta que a modo de radiografía nos da la oportunidad de conocer la intimidad de personajes históricos, de imaginar voces, gestos, sentir el estado de ánimo, temer sus miedos, anhelar los anhelos de quienes  aportaron a la historia del continente y más a la historia nacional. 
Al ser el espacio reducido no queda otra que discriminar algunas misivas y resaltar otras de acuerdo con el gusto y disfrute de quien escribe. Existe la constancia, por ejemplo, de la solicitud de Trabajo en las Indias que realizó Miguel de Cervantes Saavedra en una misiva dirigida al presidente del Consejo de Indias, el 21 de mayo de 1590.
Con frecuencia se escucha decir en Potosí que la emblemática frase ¡Vale un Potosí! fue dicha originalmente por el autor del Quijote de la Mancha en mérito a la inmensa riqueza de plata y moneda acuñada en la Villa Imperial.
Las epístolas dan a conocer también el orden y la supervisión constante a la extracción de la plata que se realizó tanto del Cerro Rico de Potosí como de las minas de plata de la población de Porco, los trabajos de auditoría y otros detalles en esa entramada labor a favor de España. Más adelante se menciona la amenaza, vía epistolar, realizada por el caudillo Tupac Katari al superior de San Francisco (abril de 1781); el informe que realizó Fray Matías  de la Borda dirigido al comandante militar Sebastián Segurola con el rótulo ‘¿Quién es y qué se propone Túpac Katari?’.
Entre otras, ‘El valor de la ciencia’ es una carta de Tadeo Haenke al gobernador intendente de Cochabamba, don  Joseph Manuel González de Prada (1810).
Durante las batallas por la independencia tenemos a los principales protagonistas: los libertadores, dirigiendo, además de ejércitos, epístolas.
Una que convoca atención es la de Juana Azurduy de Padilla a las juntas provinciales de Salta: “Mi deplorable y lastimera suerte…” (Formosa 1825).
Ya en la época de la República y luego de un proceso y cambio notorio en el uso de la escritura, entre misivas ‘favoritas’ están súplicas de una monja desde su celda (de Inés, monja de claustro, al presidente Antonio José de Sucre, 1827), letras escritas con lágrimas y angustia que develan la última esperanza de una condenada y que toca el ser del vencedor de Ayacucho, quien inmediatamente gestionó su libertad.
Aquellas que encienden luces nuevas sobre períodos complejos y conflictivos de varios presidentes son ‘La Muerte del expresidente José Ballivián’, de Francisco Cires, a la señora Mercedes Coll, viuda de Ballivián (Río de janeiro, octubre de 1852).
‘¡La barbarie amnistiando a la Civilización!’, de Casimiro Olañeta al presidente Belzu, 1857.
‘La muerte de Linares’, de Mariano Baptista Caserta a Tomás Frías 1861; ‘Los Indios se nos echaron encima…’, de Mariano Melgarejo al empresario chileno José Santos Ossa (Puno, enero de 1871); ‘Asalto y quema del Palacio de Gobierno’, del ministro Mariano Baptista Caserta al presidente Tomás frías, La Paz, marzo de 1875.
Entre las personalidades del mundo de las letras se halla una misiva escrita por la cochabambina Adela Zamudio a Alcides Arguedas (1916), en ella refiere: “Mi biografía  puede reducirse a tres renglones…”, letras de una mujer que jamás se resignó a las diferencias acostumbradas por los hombres, al ‘respeto a los modales discretos’ en la sociedad hipócrita y menos a la soberbia machista existente aún, entre hombres considerados ‘cultos’ y se manifiesta “sorprendida” al saber que un “editor” puede cambiar el nombre si le place a uno de sus escritos. Sutiles, elegantes son las palabras de la mestiza Zamudio, no por ello enmudece su orgullo y rebeldía a través de esa carta sencilla e inmensamente compleja.
Sobre el dolor de la ‘Vida en la Literatura’ es una carta escrita por Franz Tamayo a Jaime Mendoza, al estilo tamayano. En un impecable uso del lenguaje le refiere que su libro es bueno, pero que no lo volverá a leer, y critica en Mendoza la pluma lastimera con la que hace eco de la tragedia humana aburrida para un lector como Tamayo.
Con mucha educación, sin caer en la condescendencia, Mendoza responde y habla de la realidad minera y la necesidad de revelarla, ya que las obras no pueden simplemente ajustarse a criterios estéticos u obras de arte placenteras, también son vehículos para la denuncia y la revelación del desequilibrio que, en ese entonces, representaban los gamonales en relación con las clases marginadas, las de los indígenas obreros y la de los mineros.
Una que estremece por la necesidad de perdón y sosiego es la carta de un grupo de abogados que solicita al presidente Hernando Siles (1927) la suspensión de la pena de muerte a Jáuregui. Alfredo Jáuregui y su hermano Juan fueron acusados del supuesto asesinato del general José Manuel Pando en 1917. Alfredo Jáuregui, con solo 16 años, estuvo preso durante 10 años, hasta el momento de su ejecución. Una muerte calificada de “inútil, innecesaria e injusta” por muchos.
La compilación epistolar concluye con una carta de Víctor Paz Estenssoro a Carlos  Serrate Reich, ‘¿Cómo Volver al Poder?’.
La obra  será presentada en acto especial en el marco de la XXII Feria Internacional del Libro de La Paz por la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB) El 13 de agosto a las 20.00. Mariano Baptista Gumucio fue elegido este año como premio FIL a la trayectoria.