El 1 de mayo de 2006, el entonces presidente Evo Morales tomó una de las decisiones más relevantes de su Gobierno en favor del pueblo boliviano, la recuperación de los recursos naturales y empresas estratégicas estatales.

La nacionalización de los hidrocarburos, mediante Decreto Supremo Nº 2871, denominado “Héroes del Chaco”, fue el paso fundamental asumido por el Movimiento al Socialismo (MAS) en su primer año de Gobierno.

La generación de excedentes económicos como resultado de la restitución del control de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) a manos del Estado, y en una época en que los precios de las materias primas alcanzaron los niveles históricos más altos, permitió al país encarar fuertes inversiones en la ejecución de proyectos estratégicos, además de la redistribución equitativa de los ingresos a través de los bonos sociales como la Renta Dignidad, el Bono Juancito Pinto, el Bono Juana Azurduy de Padilla, entre otros.

El Estado supo asumir el reto, en poco tiempo, de dar el salto hacia la industrialización del gas natural, un emprendimiento que por muchos años en la historia del país era apenas considerado un sueño aparentemente inalcanzable.

Con la recuperación de los hidrocarburos para el Estado, como paso inicial para la transformación económica del país, en 2017 y 2018 se logró hacer realidad la industrialización del gas con la planta petroquímica de Urea y Amoniaco, construida en Bulo Bulo, en el trópico de Cochabamba. A esto también se debe añadir la entrega y puesta en funcionamiento de la Planta Industrial de Cloruro de Potasio -fertilizante agríco, al igual que la urea- , en el salar de Uyuni, Potosí. Ambos emprendimientos marcaron un hito en la historia nacional al añadirle el valor agregado a las materias primas o recursos naturales que Bolivia posee en abundancia.

Previo a la consolidación del complejo petroquímico de Bulo Bulo, el Gobierno del MAS sentó las bases de la industrialización con la construcción y puesta en marcha de las plantas separadoras de líquidos en Río Grande, Santa Cruz, y Gran Chaco, en Yacuiba, Tarija. Ambos proyectos no solo garantizan Gas Licuado de Petróleo (GLP) para el mercado interno, sino que tienen la finalidad de convertir a Bolivia en exportador neto de este producto a los países vecinos.

Recientemente fue posesionado como nuevo presidente de YPFB, el ingeniero industrial Wilson Zelaya Prudencio, un profesional con 29 años de experiencia en el sector de los hidrocarburos, que ahora deberá llevar las riendas de la empresa estratégica más grande del país y pilar económico fundamental de Bolivia.

Zelaya tiene como principales desafíos el desarrollar la exploración y explotación para incrementar las reservas de gas natural, reactivar los proyectos de industrialización actualmente paralizados y reencaminar la producción de las plantas separadoras de líquidos, la de Urea y Amoniaco, las conexiones de redes de gas y el fortalecimiento de YPFB.