Julia foto de Hector Puchu

La cineasta, fotógrafa, productora, luchadora; la boliviana que promocionó en el mundo el talento nacional; la mujer que ante todo y todos, jamás se rindió.

La huella de una mujer cochabambina que amó a Bolivia y lo expresó en su arte.

Jackeline Rojas Heredia

Julia Vargas Weise, cochabambina de nacimiento, fotógrafa, directora de cine, productora de documentales, maestra que partió de este mundo a la edad de 76 años, durante el amanecer del 2 de abril de 2018. 
Repasando, Julia fue una mujer que jamás se dejó vencer por nada ni por nadie, incansable, aguerrida, exigente, firme, aventurera. Se la conoce como la pionera en el campo de la fotografía, es decir, la primera mujer boliviana que hizo de una cámara fotográfica su compañera de vida. Fue la madre y amiga de la niñez que habita las calles, de los niños que trabajan en el cementerio, y una enamorada infatigable de Bolivia.
Iniciando mi vida estudiantil la conocí, poseedora de un magnetismo que provocaba curiosidad, amiga de escritores como Eduardo Mitre, Yves Froment, Vilma Tapia y otros. Escuchaba sus anécdotas en tertulias que vibran en aquella Cochabamba de gratos recuerdos.
Como cineasta destacó a nivel internacional y si bien son pocas las producciones de ficción que realizó, entre ellas Esito sería… La vida es un carnaval (2004); Patricia, una vez basta (2005) y su tercer y último largo Carga sellada (2015), deja un legado grande en la producción de documentales educativos que hizo junto a la Organización AVE (audiovisuales educativos), además de las enseñanzas y de los instantes que deja en quienes la conocieron y trabajaron con ella. 
“Una mujer que con sus imágenes mostró al mundo lugares mágicos de la nación boliviana, con orgullo, con sentimiento, con una mirada única. Una humanitaria… Una mujer que me enseñó sobre la vida, sobre la pasión por las imágenes. Una amiga del alma”, así la describió el actor y director de teatro Fernando Arze, quien además protagonizó a uno de los policías en Carga sellada.
“Ha confiado en mi trabajo, ella me ha guiado para ser Tania y hemos forjado una linda relación. Ella la pasó mal, fue víctima de mucho machismo en nuestro medio y sociedad, pero siguió sus sueños. Ella me decía: ‘Que no te importe lo que la gente diga porque la gente va a hablar igual, así que tú tienes que hacer lo que tú quieres’, me quedo con su ejemplo. Durante el rodaje de Carga sellada, ella se subía hasta el techo de la locomotora de la Federica para hacer las imágenes y nos quedábamos boquiabiertos por su energía”, compartió la actriz Daniela Lema.
Mela Márquez, directora de cine y de la Cinemateca boliviana, a la hora de rememorar lo primero que le llega de Julia Vargas, dice: “Creo que su disciplina, fuerza de voluntad y testarudez. Su último proyecto tardó más de 10 años e insistió y persistió hasta lograrlo, a pesar de las varias peripecias que le tocó enfrentar. Y su talento: la fotografía fija”.
Tonchy Antezana, director de cine, comentó que la conoció “cuando fundamos la ATIB (Asociación de Trabajadores de la Imagen). Ella trabajaba en la ONG AVE con Manolo Molina. Buena amiga. Los últimos años la vi muy poco. Estuvo viviendo muchos años en Buenos Aires y posteriormente en España. Era una mujer muy solidaria. Trabajó generalmente con niños de barrios periurbanos, ella no tenía necesidad de hacerlo, venía de una familia económicamente acomodada”, dijo.
Con la voz entrecortada por el llanto, la productora Pilar Valverde compartió: “Ella era muy firme y no sólo con sus sueños, sino con sus convicciones; era muy fuerte, muy creativa, se quería comer el mundo y se lo comía; su sensibilidad por la fotografía y su apego por Bolivia  los ha retratado en sus instantáneas, paisajes, personas, gente de campo, de la ciudad, por ella hablan sus fotos. La Julia era una aventurera, ella llegaba a donde quería ir (llora)… Espero que ahora esté donde quiere estar. Hemos recorrido muchos lugares del país para filmar, retratar; ella no se cansaba y si se tenía que trasnochar, lo hacía. Fue mi amiga por más de 30 años y desde 2004 hemos sido socias, junto con Milton Guzmán, de una productora; hemos andado con proyectos bajo el brazo con la Julia”.
Milton Guzmán, director de fotografía, quiso compartir las palabras que le dedicó a Julia el día de su partida, “Hoy fue un día muy doloroso, partiste sin previo aviso, pero dejaste una enseñanza maravillosa, una amistad imperecedera, cientos de minutos filmados, muchas claquetas compartidas, trasnochadas editando, cientos de horas maquinando historias, siempre sembraste ideas, que dieron productos maravillosos, casi 30 años de amistad, de compañerismo, de ser cómplices en este arduo camino, siempre te recordaré a través de las muchas aventuras en las que nos metimos, Julia, Pili y yo, así juntos viajando, creando….
Pienso que A los pies del Tatala, El fragor del silencio, Para Elisa, Patricia, una vez basta, Esito sería y Carga sellada, estarán esperando a una nueva claqueta, un hasta pronto, querida Julia, siempre serás y estarás junto a nosotros”.
Y la joven fotógrafa Wara Vargas, recordando el viaje a Machacamarca el 18 de febrero de 2016 para el estreno de Carga sellada, dijo: Julia, estaba muy feliz de llenar el antiguo cine del pueblo, una estructura que se mantuvo cerrada por muchos años. 
La gente disfrutó la película de principio a fin, porque era suya también.
Mucha emoción tenía Julia en sus ojos; yo entendí, en silencio, que para ella este estreno era su premio. Guardaré en mi memoria nuestro último encuentro, caminando en el mar, hablando de la vida, de cumplir los sueños y que ella era feliz viviendo a lado del mar y así nos despedimos. Nos vemos en el mar, Julia”.
A pedido de Julia, algunos periodistas acompañamos a la producción de Carga sellada a la tierra de las locomotoras. 
Y más allá de todo lo emocionante que fue la proyección de la película y la población feliz, se me quedó la historia de amor entre Julia Vargas Weise y su esposo Joan García Codina, de quien se enamoró pasados los 60 años y con quien compartió lo último de su vida. Mi curiosidad fue en extremo, y ella con la sonrisa en los labios y en la mirada remarcó que para el amor no existe la edad.