Yuras reales

Carlos Fernando Toranzos Soria*

Las divinidades, como ya es sabido, se reunían de cuando en cuando e informaban a Cóndor de lo que acontecía con los humanos o los animales y las plantas. 
Esta vez llegó Puma con cara compungida y le dijo a Katari que urgentemente deberían enviar un mensaje a Cóndor para hablar de algo muy peligroso y preocupante. Katari levantó la cabeza muy alta y lanzó un silbido penetrante.
Cóndor lo oyó y bajó inmediatamente a reunirse con ellos. Era un día algo gris y fresco, las nubes no estaban todavía disipadas, era muy temprano por la mañana incluso, Tata Inti estaba todavía adormilado y no golpeaba con sus rayos todos los apus. 
Cóndor preguntó por el motivo de tanta premura. Katari le dijo que Puma estaba muy preocupado porque había visto algo que daba mucho que pensar y que debería informarle rápidamente a Wirakocha.
Puma miró directamente a los ojos de Cóndor y devolvió la mirada a Katari. Se sentaron y esperaron unos buenos minutos mientras recibían los rayos del dios Inti.
Habló Puma con voz preocupada, les dijo que necesitaba que Wirakocha estuviera al tanto de esta tragedia.¿Qué ha pasado Puma? Preguntaron al unísono las dos deidades.
Puma, con tristeza, relató que unos humanos —que habían llegado de lejos— estaban llevando a los yuracaré a otras tierras. Para los yuracaré no era problema, no se resistían porque sabían que el camino a la Loma Santa era largo y deberían probar todo.
Eran una tribu muy feliz, vivían en contacto con lo que Tata Wirakocha les había dado o como ellos preferían decir: eran los frutos y mieles en el camino a la Loma Santa. Recogían frutos, cazaban con sus flechas, pescaban y colectaban miel. Tenían sus vidas llenas de alegría, y cuando se acababa algo en una parte recogían sus cosas y se iban a otro lugar. 
Era así como Wirakocha les había hecho y acordó con ellos y ellas que siguieran su búsqueda hasta la Loma Santa. Allá, los yuracaré y las yuracaré sabían que no había maldad, ni penas, ni hambre, ni muerte. Que las personas en la Loma Santa eran buenas con bondades eternas. La Loma Santa era igual que lo que los dioses llamaban Hanan Pacha.
Esto Wirakocha lo sabía. Había hablado con Inti y Killa para permitir a otras culturas tener sus propias creencias y cosmovisiones. No sólo estaban los yuracaré, estaban los Moxos y otros más que tenían deidades distintas, pero eran compatibles con el universo. Wirakocha de hecho aprovechaba para convertirse, de cuando en cuando, en deidades distintas para que así lo distinto fuera querido y respetado por las gentes en la tierra y las diferencias fueran virtud y no problema.
Estos extranjeros llegaron y se llevaron a los yuracaré a un lugar que se llamaba Chapare, allá les dejaron vivir, pero no podían hacer lo que querían. Eso puso a los yuras muy tristes, querían escaparse y si se escapaban los perseguían y los mataban y ya no podían seguir su camino a la Loma Santa.
Esto es lo que vio Puma y Wirakocha debería saberlo y hacer algo. 
Cóndor voló por lo alto de los apus, llegó hasta Wirakocha y le dijo:
-Vengo con malas noticias Tata Wirakocha, están matando a los yuracaré y están haciendo que su camino a la Loma Santa no siga. Puma está muy triste y no sabe qué decirles, ni qué hacer.
Wirakocha lo miró y le dijo:
Hay momentos que lo mejor es no hacer nada, es mejor mirar y seguro que con la ayuda de Inti y Killa saldrán con una respuesta. Así fue. Una tarde cuando Inti estaba acostándose y Killa estaba reluciendo su cara llena de gracia, los yuracaré tomaron la decisión de abandonar la reserva y se fueron. Los persiguieron y quisieron sojuzgarlos, pero como ellos conocían el monte, la selva y los ríos pudieron escapar.
Puma vio todo y les ayudó a cruzar tupidas selvas, Katari les ayudó a nadar ríos y lagos, y Cóndor desde lo alto oscurecía la vista de los extranjeros. 
Los yuracaré, amigos de los moxos, los chiriguanos y los chapare, lograron huir. Ahora viven buscando la Loma Santa, pero sin que los maten, quiten sus tierras u obliguen a trabajar. 
Claro que ahora ya saben que, si algo pasa, tienen que unirse y caminar más en dirección de la Loma Santa. Esa lección dio Wirakocha a Puma, Cóndor y Katari. 

*Docente emérito de la Universidad Anglia Ruskin, en Cambridge, Reino Unido.

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