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Cergio Prudencio*

Blanca Wiethüchter vivió su obra. En cada verso, en cada sentencia dejó testimonio de su paso por el mundo en busca de un lugar, su lugar, aquél que —lejos de haber encontrado— construyó palabra por palabra para sobrevivir y a la vez acoger a todo el mundo; una parábola. 
Para ello apeló a los espejos y a las sombras, a la contemplación y al diálogo, a la navegación y al naufragio, al combate y al amor, al miedo y a la redención, exponiéndose rigurosamente a sí misma a la intemperie de cada circunstancia. 
Llevar y traer bagajes fue su apostolado comunal. Ida y vuelta sobre puentes siempre en procura del otro, hasta encontrarse consigo en ese otro y descubrir a ese otro en sí misma. 
Es que la presencia de Blanca, en su tiempo y lugar, fue desafiante y generosa. Nadie en el amplio universo humano, que ella congregó, se quedó sin preguntas fundamentales que atender, pero tampoco sin luces o esperanzas de donde asirse. Las preguntas del ser y del hacer; las luces del saber y del pan en comunión. 
En correspondencia con estas figuraciones fundamentales, la edición de la obra completa de Blanca Wiethüchter rinde justo tributo a una de las voces trascendentales de la literatura boliviana, poniendo a consideración de las nuevas generaciones un legado imprescindible a la hora de los desafíos interculturales, como referencia ejemplar de riesgo creativo y honestidad. 
La Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia se honra asistiendo a este emprendimiento, donde concurren compromisos de alta valoración crítica sobre una palabra en la que de muchas maneras todos los caminantes de esos y estos tiempos nos vemos reflejados.

*Presidente de la Fundación Cultural del BCB.
 

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