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Homero Carvalho Oliva*

En Bolivia la microficción, microcuento o nanohistoria es todavía un género narrativo que se está desarrollando y, si bien algunos de los narradores nacionales los han incorporado en sus libros de cuentos, pocos son los escritores que han publicado libros exclusivamente con este tipo de propuesta literaria. Uno de los precursores fue Alfredo Medrano, periodista y escritor cochabambino, con su libro Cuentos a escala. 
El minicuento contemporáneo echa mano de todo lo que puede. Aprovecha las leyendas, los mitos, los clásicos de la literatura, del teatro, del cine, la religión, todo le sirve para comprometer al lector en una lectura intertextual. Incluso el título es parte substancial del texto, llegando a redondear la historia contada. 
En el minicuento no interesa tanto lo que se escribe como lo que no se escribe, importa mucho más lo que se deja de decir, lo que se sugiere, porque allí está el verdadero universo narrativo. 
Me gusta esta pulcra definición de Luis Mateo Díez: “El microrelato es un género extremo que se resuelve en la sugerencia: lo poco, en su medida exacta, abre como una llave diminuta un mundo, conmueve, perturba, sorprende”. En mi caso siempre que escribo un microcuento intento ser fiel al consejo de Hamlet: “Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, que las soñadas por tu filosofía”.
Edmundo Valadés, escritor mexicano y fundador de la inolvidable revista El cuento, que publicó microcuentos por más de un cuarto de siglo, cita a Laurián Puerta, un escritor colombiano que en la revista Zona, de Barranquilla, Colombia, publicó un curioso Manifiesto que entre otras cosas señala que “concebido entre un híbrido, un cruce entre el relato y el poema, el minicuento ha ido formando su propia estructura. 
Apoyándose en pistas certeras se ha ido despojando de las expansiones, las catálisis, creando su propia unidad lógica, amenazada continuamente por lo insólito que lleva guardado en su seno. La economía del lenguaje es su principal recurso, que revela la sorpresa o el asombro. Su estructura se parece a la del poema. (…) Narrado en lenguaje poético siempre tiene un final de puñalada. Es como pisarle la cola a un alacrán para conocer su exacta dimensión (…) El cuento clásico ha sido domesticado, convertido en una sucesión de palabras sin encantamientos. 
El minicuento está llamado a liberar a las palabras de toda atadura. Y a devolverle su poder mágico, ese poder de escandalizarnos (…) Diariamente hay que estar inventándolo. No posee fórmulas o reglas y por eso permanece silvestre o indomable. No se deja dominar ni encasillar y por eso tiende su puente hacia la poesía cuando le intentan aplicar normas académicas”. 
Escritores de prestigio como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Eduardo Galeano y otros han renovado las opciones expresivas de la ficción breve. La investigadora española Leticia Bustamante Valbuena afirma que “en los primeros años del siglo XXI, el microrrelato se ha convertido en claro exponente de la narrativa híbrida, multiplataforma, hipermedial y transmediática. 
Estos fenómenos se manifiestan en diversos soportes y se difunden por medios de comunicación analógicos y digitales, aunque actualmente estos últimos ocupen un lugar destacado”. En muchos países se han realizado en investigaciones, tesis doctorales y existen revistas especializadas que publican periódicamente textos mínimos. En nuestro país tanto la academia se resiste a enfrentar un estudio al respecto.
Por esas razones y para hablar de este género, así como leer algunos ejemplos es que decidí organizar el Primer Encuentro de Microficción en Bolivia, que se realizará en el marco de la Décimo Octava Feria Internacional del Libro de Santa Cruz, en la que participarán reconocidos escritores bolivianos que cultivan este género, como Teresa Constanza Rodríguez, Gonzalo Llanos, Sisinia Anze y Felipe Parejas, cuyos microcuentos han sido incluidos en antologías internacionales, publicados en revistas extranjeras y traducidos a otros idiomas. 
Ahora, con las redes sociales es cada vez mayor el número de narradores que se anima a publicar o postear un microcuento en el Facebook o en Twitter. 

*Escritor y poeta